martes, 15 de septiembre de 2009

Que es la muerte, ¿es el final de la vida? ¿Y quien nos ha dicho que esto es vida? Quien ha llegado hasta nosotros para demostrarnos lo contrario. ¿No será al revés que la muerte es la verdadera vida? Porque cabe la pregunta del porque la buscó tanto el Señor encontrándola en la cruz bendita al tamaño de su cuerpo.

La vida es un transporte en el que vamos llegando a diferentes terminales, somos turistas del mundo sin necesidades de pasaportes o identificaciónes ni de huellas dactilares. Y aún sabiendo que vamos a llegar al final del camino, nos aterra y paraliza el saber que moriremos como todo ser humano, hasta ellos los que valían tanto, nuestros padres y parientes que nos dejaron dolientes.

¿No deberíamos estar feliz de desprendernos de esta coraza que nos cubre y convertirnos en espíritus de luz, volar por los amplios firmamentos en donde no hay miserias ni llantos, en donde solo paraíso para todos por igual? El temor nuestra propia conciencia nos lo ha infundado, otras gentes hablan de las muertes como si ya no hubiera más allá del arcoiris. Tanto sufrimiento, tanta penalidad, tanta sangre derramada, tanta lágrima vertida, ¿de que sirvio? ¿Acaso para hacernos tontos? Pero de que sirve que discutamos, de qué armémos tantos misterios si la muerte es una y simple, ya no te puedes quedar en este mundo de vivos nos vamos a trasladar a otro mundo mejor. Ten la seguridad que pronto allá nos veremos.

lunes, 27 de julio de 2009

Mea culpa

Hay veces que siento deseos de volar
dejar de pisar la tierra, desprenderme
del mundano cuerpo transformándome
en cuervo para aprender a guiñar
hurtando los objetos que más amas
para levantar con ellos un obelisco
a la amistad que perdure muchos años
por los siempre jamás

Volar y observarte desde las altas ramas
atrás del espeso follaje para que tú no me
veas atisbar por la ventana cuando te colocas
frente al espejo cepillando tu blonda cabellera
que brilla bajo la luna de luz
Marco precioso de tu rostro joya codiciada
para tenerla a mi lado guardándola bajo el ala
en mitad del corazón

Ya no se diga tu cuerpo sería una reverenda
locura me extasiaría solo viéndote como quitas
el vestido de tu muy hermosa y delicada piel
mostrando todos los encantos que tienes de
mujer

Es cuando gritaría maldiciendo mi destino
Lágrimas me brotarían plumas me arrancaría
el pico me cortaría por pedir convertirme
en un miserable cuervo

lunes, 20 de julio de 2009

La hermandad de los cuervos (Primera Parte)

Me encontraba leyendo un libro de misterio que son los que más me agradan, cuando me entró una sed inusitada, levantándome a servirme mi whisky acostumbrado. No sé las causas o la influencia que ejerce en mí esta legendaria bebida escocesa, que no puedo leer sin mi vaso con bastante hielo, agua natural y el delicioso sabor a madera de los añejos alambiques de esa tierra tan llena de leyendas. Sencillamente la lectura sin él no me sabe y ni tampoco sin mi querida pipa, regalo de mi padre cuando cumplí los veintiún años.

Recuerdo que me dijo: Si te empeñas en fumar más vale que lo hagas en una señora pipa, no de esas que venden hoy en día que son una verdadera porquería. Te voy a obsequiar esta de mi colección para que vayas formando la tuya. de la misma pipa, la dura madera con que está fabricada es de raíz de brezo, un arbusto de flores pequeñas y rojizas que solo se encuentra en cinco países, España, Italia, Francia, Marruecos y Yugoeslavia, y ha pasado de generación en generación en la familia, ha llegado el momento de que sea tuya. –Oye padre, -le dije- y como ha durado tanto tiempo sin echarse a perder, si es como dices ya estaría toda chamuscada amén de mordisqueada. –Examínala bien y veras que casi esta nueva, no vayas a pensar que era la única pipa que mis ancestros poseían, no, tenían verdaderas colecciones de ellas y todas muy finas.

A ésta por ejemplo le pones el mejor tabaco que encuentres en el mercado y lista, a fumar, ya no tendrás que curarla como suelen hacerlo y además ya ni se curan igual, antes sí se sabía curarlas era todo un secreto, nunca las debes quemar ni con alcohol, ni con coñac, eso es un grave error. Cuando compres una nueva te diré como curarla.
-¿Padre no estarás exagerando? -Desde cuando le faltas al respeto a tu querido padre, apenas ya se sientes hombrecitos y ya lo quieren a uno ningunear. Yo nunca exagero en lo que digo, así que más respeto. –Esta bien padre no pensé que te ofendieras. ¿Cuántos años tendrá mi querida pipa? No quiero ni deseo contarlos, basta y sobra con lo que me dijo mi señor padre, además el fuego todo purifica y no creo que en mi familia alguien haya estado tuberculoso o con alguna enfermedad crónica de los pulmones, entonces lo más seguro es que no hayan fumado ni cigarrillos. A mí me gusta la pipa por el aroma de su tabaco, que es tabaco puro. A la muerte de mi señor padre me heredó varias, así que nunca tuve necesidad de comprar. Claro que he estrenado dos o tres pipas pero han sido obsequios de mis amigos que saben mi afición. Esta que me estoy fumando es de mis favoritas, cada vez que la enciendo me acuerdo mucho del y de su palabra “exagerar” aún resuena en mis oídos como tras muchas, como aquella otra “Siempre obra con rectitud”

Era lindo mi señor padre, un hombre cabal en toda la extensión de la palabra, siempre impecablemente vestido, con su imprescindible chaleco y su leontina, que aún conservo entre otras cosas, entre ellas esta casa que me heredó, ya no se diga mi señora madre todo un encanto que siempre me trató con mimos y con amor, yo era su rey. Sería porque no tuve más hermanos. En cuanto papá falleció a los dos meses mi madre no aguanto el dolor y lo siguió. Recién fallecidos a pedimento de mi tía Luvi deje esta casa y me fui a vivir con ella; se llama Luviana pero le digo Luvi de cariño. a pedimento de ella. Luvi había quedado viuda tiempo atrás. Serviría vivir en su compañía no estaríamos solos, además no aguantaba estar en la casa solo, extrañaba horriblemente a mis padres y de continuo escuchaba sus voces. Oía que me llamaban por mi nombre y en las noches me despertaba sudando copiosamente; para calmarme le estaba entrando duro al whisky y eso no era nada bueno.

–Mira sobrino que flaco estás, eres los puros huesos, hasta tu ropa te queda grande, eso no es correcto, te me vienes a vivir conmigo. – Encantado de venirme contigo tía, ¿pero que hago con la casa? -La puedes rentar o vender. –Eso sí que no tía, no voy a permitir que nadie la desmantele o que la destruya, ahí nacieron mis tatarabuelos, es una casa que tiene más del siglo y mira como se ha mantenido en pie, ya no hacen las casas como antes, fuertes, vigorosas. En donde voy a conseguir otra igual cuando, cuando… –Dilo no te de pena, cuando me muera, dilo que es muy natural que a mis años me vaya de este mundo como se fue mi hermana y tu padre, ya estoy vieja y no creo durarte mucho y ni que decir que esta vieja casa también será tuya, ya que no tuve hijos, el Señor no me dio ese don. Lastima que tú no hiciste a tus padres abuelos, les hubiera encantado conocer a tus niños. -Tía querida el casarme va para largo, además estoy joven ¿para que quieres que me ate a una mujer que después me corte las alas de mi preciosa libertad. Y eso de que tú te vas a morir pronto, va para largo, estás fuerte, esa sangre escocesa que te corre por las venas lo hace aún con mucho ímpetu, tu corazón camina mejor que mi reloj de bolsillo.

–Mira. Mira, te agradezco los alientos que me das, pero eso sí, para atenderte y cuidarte me pinto sola y cuidadito que empieces a llegarme a deshoras de la madrugada como acostumbras; ya sé que te encanta andar con los amigotes de bar en bar. -¿Quién te ha dicho semejante mentira Luvi, rara vez salgo, me la paso leyendo en casa o reparando muebles o esculturas dañadas, ya sabes que me encanta la restauración, para eso estudié. Y a propósito déjame meterle mano a tus cuadros que se encuentran un poco maltratados por el tiempo, te prometo que te quedaran nuevos.
Ni loca que estuviera, el tiempo es el que le da valor, si le metes mano, como tú dices, no valdrían ni un céntimo. Déjalos, déjalos, así como están los quiero. –Tía querida se me hace que no me tienen confianza soy muy buen restaurador; ¿te acuerdas de las enormes lunas que están en la sala de la casa? Pues sus marcos todos marchitos por el paso del tiempo ahora brillan como nuevos. –¿Y porqué dices marchitos si no son plantas? – Por sus hojas, por las hojas de oro con que estaban recubiertos, le puse nuevas y quedaron increíbles. Acuérdate hasta tú un día me dijiste que si eran nuevas las lunas. –No sé porque te encanta decirles lunas, para mí son espejos y ni creas que los quiero ver ya que vería lo acabada que estoy. Volviendo a la invitación de vivir juntos ¿que me contestas?

-Para serte sincero sí me gustaría para que no estés sola, así nos cuidaríamos mutuamente, pero déjame pensarlo unos días. Creo que con esta estupenda cocinera que tienes me vendré mucho antes de lo que te imaginas, esta comida que hizo fue de reyes, sobre todo el postre de moras, delicioso. ¿Me puedo llevar un trozo a casa?
Ya han pasado quince días y no me animaba a cambiarme a su casa, pensaba que me iba a tratar como niño chiquito, bien vigilado, sin poder dar un paso sin preguntarme ¿que hiciste, en donde andabas? parecería detective interrogando a un pillo. Le di otro trago a mi vaso cuando en eso escuche un ruido en la ventana del estudio, no le hice caso y continué leyendo a este estupendo autor que me mantenía en suspenso. No habían pasado ni cinco minutos cuando otra vez el golpe en el vidrio de la ventana pero ahora más fuerte. Pensé que si no me levantaba alguien lo iba a romper, me acerqué con cautela, caía nieve y el viento arreciaba, recorrí las cortinas y que veo a un enorme pajarraco que con su largo pico volvía golpear el vidrio con tanta fuerza que casi lo fractura. Disgustado por tal osadía muy a pesar de que estaba nevando, abrí la ventana y un viento frío por poco me congela orejas y nariz, cogí el libro que sostenía en mis manos y con él lo trate de espantar; pájaro loco este cuervo, quien con desfachatez me retaba queriéndome picar una mano; yo mantenía el libro como escudo, pero en una de esas se me escapó y fue a caer del segundo piso sobre la nieve del jardín. Aprovechando un descuido del pajarraco cerré las ventanas, corrí las cortinas, fui a secarme el rostro, eché más leños en la chimenea ya que la estancia se había enfriado. Pensé, si el cuervo vuelve a dar guerra voy por la escopeta y lo lleno de postas. Por fortuna no continuó escandalizando ni picando los vidrios.

En eso que me acuerdo de mi pobre libro, ya hasta había olvidado en la página que iba, me puse mi saco de lana para ir por é,l cuando en eso veo que el desgraciado cuervo revoloteaba por todo el estudio emitiendo unos tremendos graznidos. –Me la vas a pagar condenado esta vez te saco aunque sea muerto. –No me explicaba por donde se había introducido. Abrí el armario y saque una de las escopetas, por fortuna el pajarraco se había ido a parar a un sillón de cuero y lo tenía en el blanco, ya le iba a disparar cuando pensé el boquete que iba yo hacer en la pared, dispararle hubiera sido una locura. Bajé el arma colocándola de nuevo en su lugar mientras ideaba un nuevo plan para capturarlo. Se me ocurrió ir por una frazada para echársela encima, o echarle sal en las alas, dicen que así ya no pueden volar, pero el desgraciado ya no estaba, me acerque al sillón y vi como con sus poderosas garras le había hecho varios tajos, me puse furioso buscándolo por todas partes pero nada. De pronto vi moverse una sombra tras la lámpara de pie, me armé de valor y de un cojín del sofá y fui a buscarle, cuando en eso escuche una voz tenebrosa y grave que me dijo. –Yo soy el que buscas, aquí estoy. –Volteé rápidamente y ante mí apareció un anciano de luengas barbas blancas con una larga túnica negra que lo cubría de pies a cabeza, me quedé de una pieza sin creer lo que estaba frente a mis azorados ojos, y volvío a repetirme-

–Yo soy el que estaba fuera buscando que me abrieras, soy Sumo Sacerdote de la Hermandad del Cuervo y he venido a que nos salves de nuestros enemigos nombrándote nuestro representante aquí en Inglaterra tu país. Tú eres el único que lo puede hacer, te hemos estado estudiando y eres el hombre ideal, tienes las cualidades que requerimos.
-¿Cualidades yo? Si tiemblo ante una insignificante mariposa negra, creo que se equivocó de persona, además como es que entró en mí casa. –Para mí no hay imposibles Paul, puedo aparecer y desaparecer a mi antojo, tú podrás hacer lo mismo y muchísimas cosas más si aceptas nuestra proposición, defender nuestra causa en este país. –Pero ni siquiera sé cual es su causa, ni contra quienes los defenderé. –Nuestra causa es la justicia, el honor, la lucha contra el mal, para ello te dotaremos de armas muy poderosas. -¿Armas? Ni siquiera se usar una escopeta, ni matar a un cuervo. –De hoy en adelante respetarás a esas aves que son nuestra insignia, son parte de nosotros mismos, somos la Hermandad del Cuervo. -El anciano abrió su ropaje diciéndole a Paul- ¿Este libro es tuyo? -Sí se me cayó cuando el maldi… digo, el bendito Cuervo picaba la ventana. Creo que me rompió el vidrio. –Porqué no lo vas a ver, sí es así te lo repondré. –Paul se acerca a la ventana y no nota ningún vidrio roto- Juraría que había quebrado uno de los vidrios. –Le dice al viejo- Y además con sus garras cortó como si fuera queso el lomo de mi sillón de piel. –¿Por que no vasa examinarlo? -No se lo dijo dos veces y acercándose al sillón vio que las cortadas habían desaparecido como por encanto.

-Esto es brujería no lo puedo creer. –Yo le llamaría poderes, nosotros los de la hermandad no congeniamos con los brujos, ellos son completamente aparte, desde luego los respetamos. –Como curiosidad que es lo que pretenden que haga, cual sería mi primera tarea dentro de esa hermandad ¿me sometería a algunas pruebas? –No a ninguna, ya que como te dije reúnes las cualidades que requerimos, no hace falta ninguna prueba. –Paul se pasea de un lado a otro del estudio, prende su pipa, se sirve un trago y volteando le dice al sacerdote- ¿Gusta un trago? Yo estoy demasiado nervioso con todo esto que me está sucediendo. –Pero el anciano ya no está, en su lugar ha quedado una intensa y brillante luz que paulatinamente fue desapareciendo. De pronto comencé a sudar frío y a temblar, y tomando el vaso le serví más whisky y puro me lo empiné, eso me tranquilizo un poco, prendí la pipa, me fui al sillón, y me puse a pensar en lo ocurrido.

¿No estaría soñando? ¿Acaso la casa estaría embrujada? Recuerdo que papá llegó a pensarlo en varias ocasiones, decía que a él se le había aparecido un niño vestido de marinero en la escalera y que en otra ocasión mamá escuchó mucho ruido en la cocina y fue a investigar encontrando todo revuelto y que el pastel de carne que había preparado para la cena tenía una buena mordida. Fue cuando llevó al padre Smith a que fuera a orar por las almas de los difuntos; papá pensó que eran sus propios ancestros quienes más., o sea que los sustos quedaban en familia, que gran alivio. Pero este Sacerdote de larga y blanca barba no parecía ser mí pariente, me hubiera dicho., además está demasiado narigón para serlo. Ya un poco más tranquilo y examinando de nueva cuenta mi libro recuperado, que volteo hacia mí escritorio y que veo encima del otro libro pero ahora bastante grueso, voluminoso, me quedé intrigado y fui a verlo de cerca, vaya que pesaba y mucho, notando que su cubierta era de piel color negro teniendo incrustada la efigie de un cuervo que brillaba extrañamente; lo examine y me di cuenta que era de oro puro, ya que lo comparé con mi anillo de mayoría de edad, el cual desde luego tenía el escudo de la familia. ¡El escudo de la familia!

Sí, el blasón de la familia tenía en sus extremos dos cuervos, uno arriba y otro abajo separados por una flor de lis. ¡Que torpe! hasta ahora voy ligando eso de los cuervos, sí yo siempre los he llevado. ¿No sería esa la causa de que el anciano sacerdote me haya seleccionado a mí para defender sus ideales? Comencé a hojear el pesado libro cuyas páginas trate de leer pero estaban llenas de muchas letras desconocidas para mí y de jeroglíficos, yo que iba a saber de esos signos, solo los había visto en revistas y en otros lados, revistas, fotografías de Egipto, o de sus tesoros, ya que siempre me ha llamado la atención el arte de esa civilización milenaria. Así que lo cerré y me puse a acariciar el bajo relieve del cuervo y comencé a girar mi mano en su entorno, de pronto comencé a sentir una fuerza interior extraña, se me quitó la pesadez que traía del whisky sintiéndome de maravilla, hasta podía respirar mejor. Como sentía la camisa toda sucia y llena de sudor opté por ponerme una limpia, ya lo iba hacer cuando de pronto la casa comenzó a llenarse de un denso humo blanco y yo desde luego a toser, rápidamente abrí las ventanas para no ahogarme, por fortuna la tormenta de nieve ya había pasado y fui a investigar de donde provenía el molesto humo, pensé que se estaba quemando la casa y subía y bajaba con una agilidad inaudita sin ningún cansancio; y miren que mi escalera contiene muchos escalones, mi pobre madre con mucho esfuerzo la podía subir, hasta que se pensó en que mis padres habitaran en la parte baja de la casa. Continué tratando de descubrir de donde provenía la humareda; era la maldita chimenea que se había tapado, algo le impedía al humo salir con libertad. Tenía que mandarla destapar de inmediato y yo salirme sino perecería ahumado como los jamones.

Busque a Elmer mí auxiliar por todas partes para que se encargara del asunto y nada de él, lo más seguro es que se haya ido a las cuadras a cuidar los caballos, a taparlos y mantenerlos calientes, bastante caro me han costado, tengo cuatro y son los que jalan mi coche, no vayan a creer que son de pura sangre, son fuertes y a la vez ágiles para el trabajo a que los tengo destinados. Así que de aquí a que lo fuera a buscar podría hasta incendiarse la casa; unas chispas y adiós todo mi patrimonio. Me arme de valor subiendo al tejado con un enorme escobillón de esos que usan los limpia chimeneas llegando hasta la boca del tiro en donde descubrí que unas ramas derribadas por la tormenta la había tapado, menos mal que no la derribaron, así que las comencé a jalar, una de ellas se había atorado y por más que la jalaba no se desenganchaba, así que trate de cargarla y ¡oh maravilla! lo hice sin ningún esfuerzo y eso que estaban llenas de sus hojas, hasta pensé que estaba podrida por dentro. De dos en dos o de tres en tres las fui arrojando por una de las laderas del tejado, rodando y cayendo al otrora bello jardín lleno de flores y plantas y ahora cubierto de este maldito manto blanco que me hace trabajar doble cuando quiero sacar el coche y enganchar los caballos. Sabía que ellos estaban muy a gusto y calientitos en su caballeriza, bajo el esmerado cuidado de Elmer.

Total que di por terminada la faena y el humo comenzó a salir con libertad, pero en eso pise mal una de las tejas y dando una voltereta en el aire me precipite al vacío, me dije “de esta no me salvo” y me encomendé a Dios. Ya iba a pegar en el suelo cuando sentí que me elevaba por los aires, vi que delante de mí aparecía un enorme pico, mire a los lados y vi unas plumas; no lo podía creer me había convertido en un cuervo.

domingo, 19 de julio de 2009

El Barquero

Deje a mis ayudantes a cargo de la panga para ir a estirar las piernas por las viejas calles del pueblo de altas banquetas por aquello de las crecidas del río Lerma, y como otras muchas recubiertas de piedra bola. Me encamine a la plaza de armas muy cerca del embarcadero y del mercado rumbo a la cantina del Quemado, ahí me echaría unos tragos. Pase por una de las casas del Burro de Oro, el famoso general imperialista Francisco Velarde, que como siempre estaba cerrada a piedra y lodo. Por aquellos ayeres corrían rumores de que las tropas leales al partido Liberal, se habían llevado al general a Zamora para fusilarlo en el jardín llamado El Teco, por ser adepto a la causa del emperador Maximiliano.

Toda la gente de Santa Mónica de La Barca, sabía que el famoso burro organizaba unos saraos muy buenos, invitando a los rancheros pudientes, así como a sus jóvenes hijas, para ver cual pescaba, deslumbrándolas con sus banquetes y opulencias, mostrándoles los murales que le había ordenado a Gerardo Suárez, famoso pintor de aquella época, prometiéndoles que si ganaba sus favores, ellas aparecerían en sus pinturas. Los rostros de las mujeres ahí plasmadas eran sustituidos de continuo según las damas en turno, aunque la vestimenta continuaban siendo la misma.

Desde luego él era el personaje central apareciendo con sus mejores galas y hermosos caballos. También mandó pintar en su residencia de Buenavista otros murales con el mismo tema que no era otro más que él y sus concubinas. El general a pesar de su inmensa fortuna era un nombre analfabeta; teniendo extensas tierras y ranchos tanto en Jalisco como en Michoacán. Yo no llegue a conocerlo, ni había nacido, ya que todo esto sucedió por los años de 1867, ahora está corriendo 1918, ocho años después de la Revolución.

Por fortuna por acá en occidente no nos fue tan mal como en el norte, con aquellas matazones y gavillas de bandoleros, en donde los hacendados enviaban a sus hijas al extranjero o las escondían. Después de recordar estos pasajes de nuestra historia salpicadas de leyendas, llegue con el “Quemado” a su piquera, me tomé dos que tres tequilitas, platique un rato con él de varios chismes, me encamine a mi casa por la calle de Nicolás Bravo pasando por la de mi amigo Chito Gómez, varios años más joven que yo, cuyo portón tenía un moño negro en señal de luto. Alarmado toque la aldaba saliendo una de las sirvientas de doña Mariquita su mamá, ha quien pregunté alarmado el porqué del moño.

Con palabras y mirada triste me dijo que a Alfonso lo habían matado. ¿Cómo es posible? -Le contesté, si apenas hacía unos días lo había visto como siempre tan quitado de la pena, gozando sus años mozos. No lo puedo creer tan joven, tan lleno de vida. Le dije a Tránsito la sirvienta- ¿Quién fue el desgraciado que se atrevió hacer semejante pendejada? no tuvo madre, me dan ganas de matarlo.
-No se preocupe que ya se le adelantaron, quien hizo semejante canallada a las pocas horas lo balacearon. –Pero Tránsito dime como pasó. –A según dicen que el joven Chito murió por defender a uno de sus amigos, fue un pleito de cantina. La pobre señora esta desecha, es un mar de lágrimas al igual que sus hermanos y el resto de la familia, ya se ha de imaginar.

-Para mí era una terrible sorpresa, no salgo de mi asombro. ¿Está alguien en la casa? me gustaría darles el pésame.
-Nadie, la señora Mariquita junto con el resto de sus hijos fueron a la iglesia.
-Le dice que vine a darles el pésame; Dios la ayude en su congoja, voy a encontrarlos a la iglesia, ¿en cual están? –En la parroquia, ahí son las misas.

De la rabia que me dio conocer la funesta noticia ya ni fui al templo, regresé con El Quemado ha echarme otros farolazos y a reclamarle al desgraciado el porqué no me había comentado de la tragedia.
-Mira Ruperto yo no sé dar malas noticias y conociéndote como te conozco te hubieras emborrachado y aquí estarías todavía libando; yo sé que lo estimabas mucho, al igual que otros amigos en el pueblo y alrededores; era muy conocido y estimado por todos, era buena leña. Lo bueno que no la mataron en este negocio, aunque claro no sirve de consuelo, pero me lo hubieran clausurado, fue en el del Chino. Te compadezco mi cuate, pero así es la vida, que le vamos hacer.

-Pues sí, así es la pinche vida; así que a ti solo te importó que no haya sido aquí, ¡eres un cabrón! –Oye, oye, mide tus palabras, desde cuando nos llevamos. –Pues si no te gusta jamás me volveré a parar en tu pinche negocio, aunque no te lo hayan clausurado, es lo único que te preocupa cabrón.
–No lo tomes así Ruperto, yo solo cuido mi negocio. –Sí ya sé que solo te interesa la lana y que muy poco te importan los cuates. Haber dame una pinche botella de tequila pa’ que se me quite la pena y ahora de puro coraje me la fías, ¿Oh qué? –Al ver tan disgustado a Ruperto, El Quemado accedió y le puso la botella sobre el mostrador.

-Ya ves Ruperto, apenas te lo dije y ya te quieres empedar y luego te da por el pleito, mejor llévatela piampianito; además no lo uses como pretexto él no era nada tuyo, pa’ que te haces que la virgen te habla si ni siquiera te parpadea. Me imagino como te pondrías tú con un familiar muerto.

-Óyeme cabrón tú que sabes la estimación que le tenía a Chito, conmigo era muy jalador, un día hasta me presto una lana que necesitaba. Muchas veces lo llevaba en mi panga navegando de ribera en ribera. Además para que te explico, si tú ni amigos llegas; cuando te mueras por méndigo nadie va a ir a tu entierro.
-Tú siempre muestras el cobre por delante Ruperto, para ti solo son amigos aquellos que te prestan y se emborrachan contigo, los que se van de farra, los demás valemos madre.

-Pinche Quemado si no te estimara no vendría a echarme los tragos contigo, nos conocemos desde chiquillos. A ti te dio por manejar el negocio de tu padre para emborrachar y a mí por ser marinero y a mucho orgullo. –Suelta la carcajada la cual al instante se convierte en un rictus de dolor al recordar al amigo asesinado, y volteando a ver al Quemado le dice
-Dile al pinche mariachi que comiencen a tocar las canciones que le gustaban al Chito.
-Adalberto (El Quemado) les hace una seña y el del violín se acerca comentándole- -Escuche que el barquero quiere unas canciones de las que le gustaban al Chito, también a nosotros nos duele el que lo hayan matado, así que van por nuestra cuenta, no faltaba más. Dios lo tenga en su gloria, no así al hijo de la chingada que lo asesino. –Ruperto deja la barra yéndose a sentar a una de las mesas del rincón más apartado llevándose la botella y su copa, los mariachis lo siguen rodeándolo y cantándole; sus lágrimas se confunden con los tragos del tequila-

-El barquero no se puede quitar de la mente la ausencia de Chito y se dice para sus adentros- Así que en su familia nomás quedan dos mujeres Carmen y Eloísa y dos hombres, Alfredo y Toño; esa casa se va a quedar muy triste sin las risas del buen Chito era el alma de la casa, era el único que tenía buen humor, los demás serios, serios. - Aunque de vez en cuando con sus hermanos tomamos la copa y sacaban a flote su buen humor. Tan bonita casa la de doña Mariquita a la cual también le mataron al marido, o sea al papá de Chito. Yo llegue a conocer a don Antonio todo un señorón, joven por cierto, los muchachos sus hijos apenas eran unos escuincles. No me explico como a una familia tan linda y tan apegada a Dios les pasen estas terribles tragedias. –El barquero lleva la copa a sus labios se la toma de un jalón y enciende un cigarrillo quedándose con la vista fija en el techo. En eso se acerca compasivo El Quemado y se sienta a su lado-

-Por sí no sabes Adalberto todos nacemos con nuestro destino marcado, nadie cruza la raya a todos nos toca tarde o temprano, a ricos, o jodidos, a todos; máxime cuando le buscas ruido al chicharrón. Estamos apuntados en la lista negra de la pinche calaca. –Tienes razón Ruperto nadie sabe cuando nos va a tomar por sorpresa. ¡Que chingaos! Ya le dije a los muchachos que se encarguen de la barra, tengo ganas de brindar a la salud del Chito, ¡qué carajos! Al fin y al cabo yo soy el dueño y puedo hacer lo que me de mi chingada gana. –Gracias Adalberto después de todo eres buena leña, no me dejas tomar solo.

¿Te he contado Adalberto que siempre me gustó la casa del Chito? Siempre soñé con una así de bonita, de las mejores del pueblo. Su fachada con seis balcones con barrotes de hierro forjado, con un pretil muy ancho en su interior para sentarse y saludar a los que pasaban. Sus ventanales de madera con pistillos y cristales tallados con figuras de flores, enmarcados por elegantes cortinas, le daban un toque francés. –¿Y tú? desde cuando acá te la das de conocedor si nunca has salido de tu pinche barca, de tu pinche río. –Pero he leído mi cabrón, entre viaje y viaje me agarro mis libros no soy tan burro como tú. Chito en una ocasión me invitó a pasar a su casa, dándome cuenta de lo bonita y grande. –A mí nuca se me hizo conocerla, no son mis rumbos. –El barquero continúa con la plática- -Un elegante y pesado portón de madera siempre abierto de par en par, da la bienvenida; a escasos tres metros se alza el cancel de hierro forjado color plata, y a los lados del recibidor hay una pintura con un lago y cisnes.
Alrededor del patio de ingreso están los cuartos, y en medio un pozo rodeado de un chingo de macetas y plantas de las más diversas. Entre esos cuartos esta la sala; muebles tapizados en terciopelo color tinto, una media alfombra, y uno que otro cuadro adornando sus paredes. Me llamó la atención un cocodrilo que tienen disecado, dizque lo cazó Toño el hermano.

Techo muy altos lucen su consabida manta encalada tapando las pesadas vigas, con orificios abiertos en cada una de sus esquinas con anillos latonados, para que respiren y la humedad no les afecte. –El Quemado se exprime en la boca una mitad de limón dándole un trago a su tequila y otro a su cerveza, Ruperto El Barquero hace lo mismo, mientras el mariachi continúa tocando. El Quemado se limpia la boca con la manga de la camisa, hablando- Sí, así es una casa que conozco de un cliente que vive exactamente en la plaza principal, son unas señoras casonas. –Bueno déjame seguir contándote Quemado; el corredor desemboca en donde esta el comedor y junto la espaciosa cocina que luce su enorme pretil y anafre y la indispensable campana por donde escapan los más deliciosos aromas que se mezclan con los que despiden las flores de los limoneros y naranjos, dispuestos en medio del patio. –¿Ah poco te invito a comer? –No, pero si a almorzar unas ricas corundas.

–Así que te metiste hasta la cocina mi buen. –¡Oh no interrumpas que se me va la onda! De los muros cuelgan jaulas con chingos de aves trinadoras. Al fondo se encuentra la huerta y el baño que tiene una banquetota de medio metro de alto, con una tabla ancha con tres aberturas para que te sientes y arrojes la mierda, en mi casa solo tengo un solo agujero. –El Quemado suelta la risa y le dice- -¡Si tuvieras más hoyos serías fenómeno! –Pendejo hablo de la tabla del baño, del hoyo que va a la fosa séptica. –¡Uh no aguantas una broma! Presumido, a mí se me hace que te cagas en el corral.
–Ganas tienes Quemado. -¿De cagar? No gracias lo hago por las mañanas. –Buey, de tener un baño como el mío. Ah pues te decía, la huerta da hasta el río, tiene hasta troje; así como un chingo de árboles frutales, entre los que hay, naranjas, limones, granados, guamúchiles, guayabas y otras variedades de árboles. En la puerta de entrada a la huerta hay una regadera al aire libre que en tiempos de calor, Chito me contaba, ahí se bañaba. (El Quemado bosteza pero Ruperto no se da por aludido y continúa)

Te diré aquí entre nos a mí nunca me ha echo falta regadera, ya que cuando el calor sube, me echo un clavado desde la panga al río, refrescándome de lo lindo sin necesidá de la presumida regadera, así que no la envidio. En la casa me baño a jicarazos, que chingaos con agua fresca del pozo.
-Oye mi buen Ruper, me he quedado apantallado con la detallada de la casa, nunca te imaginé tan metiche y curioso, bueno me lo imaginaba, por eso nunca te voy a invitar a la mía, eres muy fijado, debieras dedicarte a escritor.

-Pos es lo que quiero hacer, una novela de la vida de Chito, se la merece. Fíjate, hasta he notado que la calle de Chito hace cerrada con la iglesia de San Nicolás que construyeron por el 1660 y es exactamente del ancho de la propia calle, que chistoso. De seguro para que los fieles se metan derechito al templo, pa’ que no anden con rodeos. Pos exactamente a tres cuadras tienes tu humilde casa, no es tan grande como la de Chito, pero pa’ mis dos viejas y yo con eso tengo. Yo en lugar de huerta tengo corral con mis animalitos. –¡Ujule! Ahora hasta padrote me saliste con dos viejas. –Sí buey, mi suegra y mi mujer, la Chole. Imagínate tener dos viejas viviendo juntas, me traen por la calle de la amargura, por eso hay veces que duermo en la panga ahí nadie me friega. Duermo muy agusto ya que el vaivén de las olas me arrulla, en cambio en la casa estoy a dos fuegos, las dos viejas roncan de lo lindo. –Ambos hacen una pausa y luego dicen, ¡Salud pues! –Oye Luis, -Le dice Ruperto al del violín- Échate aquella que dice rayando el sol.

-Ya había caído la tarde cuando El Barquero salió de la cantina bien alumbrado, dirigía sus pasos a su casa cuando de pronto hasta la borrachera se le quitó cuando se topa con el padre Prado- -Y ahora tú Ruperto, ¡mira nada más como bienes! Háblame de lado por que me vas a emborrachar. –Es que estoy muy triste porque se murió un amigo. -¿De que amigo hablas? –Pues de Chito, aquel simpático muchacho, al que lo vi crecer, que muchas veces hizo viajes en mi panga rumbo a Bellavista llevando costales de semillas para su tío Nacho Gómez, en donde conoció a su esposa Mercedes en uno de esos viajes, una muy linda joven que ha quedado viuda casi siendo una niña.

-Que me vas a contar a mí si yo oficié la misa por su descanso eterno, fue una gran pérdida, sobre todo que deja a la pobre chica con un hijo de brazos, casi recién nacido. Que le vamos hacer son los designios de nuestro Señor. Y tú que mal haces en rendirle tributo a su memoria emborrachándote, usándolo de disculpa, eso no está nada bien. Deberías, si tanto lo estimabas como dices, guardarle respeto no tomando y menos usándolo como pretexto.

-De verdad me dolió mucho su muerte padre. –Lo comprendo como a todos, pero no por eso ves a todo el pueblo tomado. Ven vamos platicando, sirve que me encaminas a mi casa para no irme solo y se te baje con el sereno el cohete que traes.
-Disculpe padre el estado en que me encuentro, la borrachera que traigo atravesada es de sentimiento. Me hacía la ilusión de un día llegar a tener un hijo como Chito, tan jovial y alegre, nos llevábamos bien a pesar de que podía ser su padre. ¡Me hubiera gustado serlo, si viera! ¿Eso es pecado?
-Querer a alguien como a un hijo no es nada de pecado, no lo es porque no existen las malas intenciones. Pero dime, habiendo tantos muchachos por que te gustaba para ser tu hijo.

-Ya le dije padre que me atraía su forma de ser conmigo, de vez en cuando me pedía consejos, sobre todo desde que mataron a su padre. Lloraba su recuerdo en mi hombro y yo me sentía muy importante, siendo un barquero insignificante. También me conto que andaba apurado por que se había llevado a la Meche, que qué le aconsejaba. Pos le dije lo que todo hombre debe hacer, casarse con ella, y mire que le cumplió cabalmente y ahora por desgracia esto.
–Ya a las puertas de la casa del padre invita a pasar al Barquero quien después de hacerse del rogar acepta-
-Déjame invitarte un café te va a caer de maravilla. –Se lo agradezco padre, sirve que me sereno. –Ruperto se enjuga las lágrimas, mientras ambos toman su tasa de café.

-Déjeme contarle padre, mí mujer nunca me pudo dar un hijo, el día en que me lo dio fue el día más doloroso para mi mujer y yo, ya que nos nació muerto: así que lo idealice en la persona de Chito, más o menos mi hijo tendría la edad de este muchacho.

-No pensaba que lo estimaras tanto, fue una verdadera tragedia, a mi también me dolió. He estado todos estos días con su familia a quien quiero; doña María siempre se ha portado muy linda conmigo desde que me vine al pueblo, y es lo menos que podría yo hacer. Admiro la entereza de esta mujer y lo apegada que siempre ha sido a Dios, es una verdadera santa, todos los días a misa de siete de la mañana. Tú, te lo repito Ruperto, por más cariño que le hayas tenido a Chito, no es motivo para que te metas a la cantina; además puedes adoptar un hijo, aún estas fuerte.
-Es lo que le digo a mi vieja, pero ella dice que esta tranquila así como vive, que yo ya no piense en hijos, que porque la hiero, le remuevo los recuerdos.

-Le voy a pedir a Dios que los ayude sobre todo a ti por haber perdido a tu amigo y porque el Señor les envíe un hijo. ¿Ya te sientes mejor con el café? –Si padre muchas gracias y también por sus consejos. Hora lo verá, insistiré con mi mujer en adoptar a un bebe, eso nos cambiará la vida estoy seguro, ya tendremos para quien vivir, porque al paso que vamos la suegra se nos va, ya esta anciana y sería bueno que mi vieja se entretuviera con un chavito pa’ no llorarle mucho a su madre.

-Sí Ruperto un hijo llena toda la vida, lo amargo lo convierte en dulce, se olvidan las penas y endereza caminos. Yo sé que ustedes serían buenos padres, así que adelante que la vida continúa. Hablando de hijos, el de Chito, parece ser que su mamá se lo quiere llevar a la capital en donde radican sus padres y hermanos y tiene mucha razón quiere estar junto a ellos. Es tan niña que apenas hará bien. Doña Mariquita le ha suplicado que se quede a vivir con ella pero es muy natural que ella busque refugio en sus padres, la sangre llama. Por otra parte a que se queda aquí, hasta le haría daño estar recordando a Chito y ya ves como son en el pueblo la señalarían constantemente: ¡Mira hay va la viuda, a la que le mataron al marido! mejor que se vaya hacer una vida nueva.

-Ora lo verá, le voy a pedir mucho a nuestro señor y la virgencita que se apiaden de ellos, de esta joven madre y su pequeño hijo. Si yo siento dolor, ella lo siente más que yo.
Iré con mi mujer a darle el pésame sirve que conozco al hijo de Chito, lo haré antes de que se vayan, no me quedaré con las ganas. –Tú eres muy buen hombre Ruperto continúa por la senda del bien, deja el vicio, a las malas amistades y dedícate a trabajar con ahincó. –Ah carajos –Le dice rascándose la cabeza- ¿Qué es ahínco padre? -El padre ríe-
-Ahínco es meterle ganas a las cosas que haces, meterle cariño, amor, y no gastarte tu dinero en las cantinas. –Tiene razón padre ya estoy harto de esta vida que llevo. Sabe, le voy a dedicar a mi amigo Chito dejar el vicio, lo voy hacer por él, en su honor.

–Me da mucho gusto escucharte decir esto Ruperto, él desde el cielo te lo agradecerá, vas a ver. Así que sácate al demonio de dentro y vuelve a lo tuyo, no compres penas ajenas, se feliz con los tuyos. Lleva a tu mujer con un doctor para que la cure del trauma que le aqueja y pronto vuelvan a tener no uno, sino muchos hijos. Veras que al rato vas a tener que comprar más pangas, una para cada hijo que Dios te de, y todos a cruzar el río a lo largo y a lo ancho. Ese río que fluye como la vida misma, en donde unos se embarcan para el viaje eterno y otros nos quedamos remando mientras llega nuestro momento, ya que cada uno tiene su propia orilla, su propio desembarcadero.


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Calma

Calma corazón, ¿Cuál es la prisa?
¿Por qué de repente te ha entrado el desazón?
¿Esa inquietud, esa zozobra?
Si en el fondo bien sabes que nunca será tuya
que solo fue un pequeño juego, que tu tiempo
ya paso.

Acaso tu ego salio lastimado por haberte creído
¿Todo un don Juan?
No me hagas reír, por favor yo te lo pido
Pensaste que en pocos días la flor ibas a cortar?
Pobre iluso ya no eres la sombra de lo que fuiste,
Toda la fogosidad se te invirtió
Solo hay espejos opacos, luciérnagas sin luz
Caminos muy oscuros por los que tienes que
pasar.

Los huesos se han vuelto viejos, el cerebro se ha
oprimido, las ideas ya han volado a confines muy
lejanos, difíciles de encontrar.
Ya no estas para soñar, viejo corazón de miel,
Ya no estas para atraer a las doncellas al panal
Es hora de que sientes cabeza, que no te hagan
Divagar, Tú ya tienes lo tuyo, ¿para qué más
Anhelar?
¿Acaso solo para lastimar y sentirte contento de
tu falsedad?

Ya no voltees para atrás, viejo corazón de miel
Las puertas se van cerrando, los caminos se van
Llenando de nostalgias y altivez.
El miedo recorre por tu cuerpo sin que nada puedas
Ya hacer. Más que apoyar tu cabeza y dejar ya de soñar

lunes, 6 de julio de 2009

Monotonía

¿Sabes tú con que romper la monotonía
acabarla, aniquilarla pisotearla?

Cerrarle la puerta sin miramientos ni menos
arrepentimientos de esos que a veces nos dan
o compramos por ahí en algún lugar con que
topamos

Voy a probar, quizás se deshaga en agua o en
Alcohol; más pregunto, ¿tomado, disuelto o untado?
Alguien tiene que decirme ya que me llega hasta
el cuello y no me deja resollar

Estoy harto si me duermo, si despierto y no te veo
Si te veo y no me duermo, ni despierto ¡Que caray!
Los días todos se me hacen lunes, largos, largos
como rayas amarillas pintadas en las carreteras

Siempre el mismo sonsonete que repica en mis
oídos, siempre la cantaleta que no me deja en paz
Parece disco rayado todo negro y empastado como
aquellos del ayer que se pasaron volando

Monotonía es como una enfermedad, todo, todo se
ve igual, parece casa de espejos sin principio ni final
parece juego de locos con un cucurucho atrás

Algo, algo tendré que hacer, meterla a la guillotina
cortarle la cabeza y deje de fastidiar antes que me lo
haga a mí

martes, 23 de junio de 2009

Mi nueva amante

No me gusta pensar en ti porque me torturo
Mi tranquilidad se rompe cual frágil cenicero
y solo me quedo con las cenizas que tú
vertiste en él. Cenizas que por más que
les soplo, sacudo y limpio, siguen aferradas
en su fondo. ¡Maldito recuerdo!

Me dan ganas de dejar de fumar para no
evocarte, en cada voluta que se me escapa
me imagino tu hermoso cuerpo bailando desnuda
para darme tentaciones poniéndome a temblar

Odiaba que me echaras el humo sobre la cara
en señal de disgusto y te deseaba abofetear
mas mi mano detenía para no ponerme a tu nivel
por que eso de golpear a una mujer es de gañanes
de hombres sin pantalones. ¡Nunca lo iba hacer!
más que tragarme tu humo.

Me dejaste con dos vicios el cigarro y tus caricias
tus besos y la forma de entregárteme enardeciendo
mis nervios.
El primero me causó tremenda tos, el segundo ésa
maldita adicción que no me puedo quitar por más
que beso la almohada y busco en que entretenerme

¡Ya sé! me meteré en un bar donde haya muchas
Señoras, guiñaré el ojo derecho es el que mejor manejo,
levantando la ceja izquierda; es así como la atraeré
invitándola a que dejen su ceniza en mi cenicero para
que cubran las tuyas y no me acuerde de ti

Lo malo será que al besarme, arrojarán más nicotina
a mis pobres pulmones y va a acrecentar mi mal que
se llama Enfisema, que es mi amante ahora sí que
hasta la tumba. Pero mal rayo me parta, no hace el
amor igual que aquella de las cenizas, en las que
tristemente, yo me convertiré

lunes, 1 de junio de 2009

Las tentaciones del hombre

La mayoría de nosotros vivimos tranquilos en santa paz, cuando de repente se nos aparece el demonio en forma de mujer y nos olvidamos de todo. Será que no estamos lo suficientemente maduros para serle fiel a la que le prometimos fidelidad durante toda una vida. O será que no conocemos en el fondo lo que significa la palabra fidelidad y requerimos escucharla muchas veces como quien reza el rosario.

El hombre por naturaleza es inquieto, no se acostumbra a llevar una vida sosegada y dedicada enteramente al hogar. De cuantas biografías no esta llena la historia en que el hombre engaña a su mujer, hasta los grandes personajes de esas páginas han caído seducidos por los encantos de Afrodita. (Aquí hago una pausa para comentar que no todos son así, tanto ellas como ellos, no vaya ha ser el causante de protestas y levantamientos de puños y brazos para hacer una señal ofensiva a quien esto escribe y opina Y lo hago por que en el transcurso de mí vida ha visto muchos ejemplos y también los he leído y vivido, para que hacerme el inocente, soy tan pecador como el que más)

Y con eso de que el hombre nunca aprende en cabeza ajena ahí va también a meter su cucharón, según dicen para haber que se siente; ah eso sí, el hombre “digno y honrado” nunca se mete con casadas, solo con solteras, procurando que no sean señoritas y si son divorciadas mejor. Jamás obligarlas por que entonces sería violación. Al enamorado le gustan los retos y el terreno llano y plano para no entrar en detalles de duelos a muerte. El que sí exagero la nota en cuestiones de amoríos fue Don Juan; y que me dicen de Casanova y de otros más que no les importaban los peligros ya que les gustaba que la adrenalina corriera fuerte por sus venas aparte de otras cosas.

Dicen también las malas lenguas que el que también era una cosita muy especial era el gran poeta y escritor de “Las flores del mal” Charles Baudelaire, el que quizás no tuvo madre porque nunca se puso su segundo apellido. ¡Ah como fue criticado en su época! En aquel romántico, recatado y soñador Paris de los mil ochocientos y tantos, antes del sesenta y siete, ya que él fallece en ese año, en 1867. Sus poemas no me parecen tan escandalosos como los pintaban, tiene hermosas frases como esta en donde hace homenaje a la juventud:

¡A la santa juventud, al aire simple, a la dulce frente
A la mirada límpida y clara como agua corriente
Y que va derramando sobre todo, indiferente
Como el azul de cielo, los pájaros y las flores,
Sus perfumes, sus cánticos y sus dulces colores!

Se me hacen hasta infantiles, escritos por una jovencita primaveral. Que los tiempos cambian, ¡claro que sí! Ahora su obra es caramelo comparado con otras verdaderamente fuertes que no viene al caso mencionar. Pero el pobre de Charly se gano el mote del “Poeta Maldito” y nunca pudo quitárselo. Dios lo tenga a fuego lento.

Y ya que escribo sobre todo esto, han de perdonar mi osadía, voy a contarles algunos hechos de la vida real que les han sucedido a algunos varones por andar de “picos pardos” no se escandalicen que son parte de este cuento. Resulta que
nuestro héroe en turno se la pasaba muy tranquilo en el seno del hogar mientras su linda mujercita trabajaba y trabajaba. Dizque él hacía sus negocios por teléfono y hasta eso le iba bien, no gastaba en gasolina, no se asoleaba, ni se mojaba cuando llovía, ni hacía berrinches con los demás automovilistas, eso sí cumplía fielmente con la mesada.

Ella le había prometido que en cuanto tuvieran un hijo dejaba el trabajo para dedicarse íntegramente a las labores del hogar. Y así pasaron dos años en plena luna de miel. Pero un buen día para la mala fortuna de este joven, jugando tenis se rompe una pierna y fue a dar al hospital.

Desde luego le aviso de su accidente a su querida esposa a su trabajo y ella apurada y pensando que le había pasado algo más serio se dirigió a verlo. Llegó hasta la recepción preguntando por el señor X y una de las encargadas se le ocurre preguntarle que quien lo buscaba, ella dijo que su esposa. -Pues que raro –le contesto la fulana- porque su esposa se acaba de ir con su pequeño hijo en brazos. Nuestra heroína sintió que las piernas le flaqueaban y se iba a desmayar, más tomando de nuevo aliento le dijo- ¿De casualidad no estará confundiendo a mi esposo con otra persona? No señora, esta en el cuarto 22, usted lo puede checar. –La señora muy prudente no hizo ninguna escena en el hospital y se fue derechita a la habitación a visitar al infiel marido para que le diera una explicación ya que aún pensaba que era una equivocación y así se lo hizo saber él-

–Mi amor debe ser un error, ¡como crees que te voy a engañar si a ti te adoro con toda el alma, nunca te sería infiel!

La señora le creyó, pero cuando llegó a su departamento, -El marido se quedó hospitalizado, se encontró con la vecina una jovencita muy atractiva, más joven que ella, y le dijo que quería hablarle que era urgente. –¿De que se trata Marichuy sucede algo en tu casa, tus padres están enfermos, o tú? ¡Te noto pálida! -Es que no aguanto más y tengo que decirte la verdad. ¿-Pero que verdad? ¿De que tengo yo que enterarme?

-Que tu marido me enjaretó un hijo, -Rosalinda no daba crédito a lo que escuchaba- hoy lo fui a ver al hospital por que temí por él y para que arreglara esta situación, pero por lo visto no te dijo nada, a mí me dijo que se iba a divorciar de ti que porque tú no le podías dar un hijo. –Así que el infeliz mientras yo me iba a trabajar se entretenía contigo, y tú te prestaste a este juego sucio sabiendo que era casado ¿y hasta tus padres te solaparon? No puedo creer en tan semejante vulgaridad.

¿Sabes qué? Ambos me dan pena, a él lo creía un hombre de bien y a ti una persona decente pero veo que eres una mujerzuela. Confiaba en ti en que eras buena vecina y mira lo que resultaste. –Es que lo amo Rosalinda, lo amo con toda el alma y él también a mí y más ahora que tengo un hijo del. –Quítate, quítate de mi vista me das asco y no te golpeo por que no merezco mancharme las manos. No tiene objeto hablar con tus padres puesto que están en tu mismo nivel y sería rebajar mi dignidad.

-Al poco tiempo las amistades de Rosalinda supimos que se había divorciado, todos nos extrañamos de su actitud, puesto que es una mujer de hogar, enamorado de su marido, y aparte con mucha dignidad. Ella no deseo ser una burla para la amante y menos para él. El infiel la procuraba pidiéndole perdón, ella lo perdonó pero jamás lo volvió a ver en su vida.

Rosalinda jamás se volvió a casar, más sin embargo vive su vida como si nada hubiera pasado, sigue siendo la gentil y amable con todos, siempre con la sonrisa a flor de labios, en su trabajo todo mundo la adora al igual que sus hermanos con los cuales vive en armonía y siempre velando por ellos como si fuera su segunda madre a pesar de que no es la mayor.

Rosalinda, todo un ejemplo de mujer de gran entereza que aceptó con valentía y coraje su destino pero sin vivir amargada ni con la sombra del rencor. El hombre, aquel que no supo nunca lo que ella valía, murió años atrás. Jamás lo menciona y ni le gusta hablar del tema.

miércoles, 27 de mayo de 2009

De la serie El Barquero

Deje a mis ayudantes a cargo de la panga para ir a estirar las piernas un rato por las viejas calles del pueblo de altas banquetas, por aquello de la de las crecidas del río Lerma, y como otros muchos recubiertas de piedra bola. Me encamine a la plaza de armas, muy cerca del embarcadero y del mercado rumbo a la cantina del Quemado, ahí me echaría unos tragos. Pase por una de las casas del Burro de Oro, el famoso general Velarde, que como siempre estaba cerrada a piedra y lodo, no sabía si la habita alguien. Por aquellos ayeres corrían rumores de que las tropas leales al partido Liberal, se habían llevado al general imperialista a Zamora para fusilarlo en el jardín llamado El Teco, por ser adepto a la causa del emperador Maximiliano.

Toda la gente de Santa Mónica de La Barca, sabía que el famoso burro organizaba unos pachangones muy buenos, a los cuales invitaba a los rancheros pudientes de los pueblos vecinos así como a sus jóvenes hijas, para ver cual pescaba, deslumbrándolas con sus banquetes y opulencias y los murales que le había mandado hacer al famoso pintor Gerardo Suárez, en donde él aparecía con sus mejores galas y sus más hermosos caballos, así como con varias de sus concubinas. A pesar de su inmensa fortuna era un nombre analfabeta, tenía extensas tierras y ranchos tanto en Jalisco como en Michoacán. Yo no llegue a conocerlo, ni había nacido, ya que todo esto sucedió por los años de 1867, ahora está corriendo 1918, ocho años después de la Revolución.

Por fortuna por acá en occidente no nos fue tan mal como en el norte con aquellas matazones y gavillas de bandoleros, los hacendados tenían que enviar a sus hijas al extranjero o bien esconderlas hasta en bóvedas especiales. Esa tarde como en muchas otras, llegue con el Quemado, su cantina estaba sola, así que me tomé dos que tres tequilitas, platique un rato con él de varios chismes y me encamine a mi casa, por la calle de Nicolás Bravo pasando por la de mi amigo Chito, varios años más joven que yo, cuyo portón tenía un moño negro en señal de luto. Extrañado toque la aldaba saliendo una de las sirvientas de doña Mariquita, su mamá, a quien pregunté el porqué del luto. Con palabras y mirada triste me dijo que a Alfonso lo habían matado. ¿Cómo es posible? le contesté, si apenas hacía una semana que yo me había ido a Guadalajara a arreglar unos negocios y lo había visto como siempre tan quitado de la pena, gozando sus años mozos.

-No lo puedo creer tan joven, tan lleno de vida. ¿Quién fue el desgraciado que se atrevió hacer semejante cosa? no tiene madre.
-No lo sabemos, fue un pleito de cantina.
-Pero Transito ¿como de que no lo saben? si aquí en el pueblo todo se sabe enseguidita. ¡Dígamelo!
-Pa que quiere saberlo que se ganaría, ya lo hecho, hecho está. La pobre señora esta desecha, es un mar de lágrimas al igual que sus hermanos y el resto de la familia, ya se ha de imaginar usted.
-Pues me lo imagino, para mí todo esto es una sorpresa muy grande y desagradable, no salgo de mi asombro. Dios castigue a ese infeliz que le quitó la vida. ¿Está doña Mariquita? me gustaría darle el pésame.
-Ella junto con el resto de sus hijos fueron a la iglesia.
-Le dice que vine a darles el pésame; Dios la ayude en su penar, después vendré ya que esté más calmada.


De la rabia que me dio conocer la funesta noticia regresé con el Quemado ha echarme otros farolazos y a reclamarle al desgraciado el porqué no me había dicho nada.
-Mira Ruperto yo no sé dar malas noticias y conociéndote como te conozco te hubieras emborrachado y aquí estarías todavía bebiendo; yo sé que lo estimabas mucho, al igual que otros en el pueblo, era muy buena leña. Lo bueno que no la mataron en este negocio ya me lo hubieran clausurado, fue en el del Chino. Te compadezco mi cuate, pero así es la vida, que le vamos hacer.
-Pues sí, así es la pinche vida, a unos nos carga la chingada más pronto que a otros, haber dame una pinche botella pa’ que se me quite la pena.
-Ya ves Ruperto, apenas te lo dije y ya te quieres empedar y luego te da por el escándalo, mejor llévatela pianpianito; además no lo uses como pretexto, sino era nada tuyo, pa’ que te haces. Me imagino como te pondrías con un familiar muerto.

-Óyeme cabrón tú que sabes la estimación que le tenía, conmigo era muy jalador, un día hasta me presto una lana que necesitaba. Muchas veces lo traía y lo llevaba navegando de ribera en ribera. Además para que te explico, si tú ni amigos llegas; cuando te mueras por méndigo nadie va a ir a tu entierro. Ya ves, nunca
me has querido ni fiar.
-Tú siempre muestras el interés por delante Ruperto, para ti solo son amigos aquellos que te prestan y se emborrachan contigo, los que se van de farra, los demás valemos madre.
-Pinche Quemado si no te estimara no vendría a echarme los tragos contigo, nos conocemos desde chiquillos, a ti te dio abrir un negocio para emborrachar a las gentes y a mí por ser marinero. –Suelta la carcajada- Oye Quemado, dile al pinche cilindrero que toque unas piezas en honor de Chito. -Adalberto (El Quemado) le hace una seña al cilindrero, quien se acerca y comienza a darle vueltas a la manivela del viejo aparato-

-Así que en su familia –prosigue Ruperto- nomás quedan dos mujeres Carmen y Eloisa y dos hombres, Alfredo y Toño, esa casa se va a quedar muy triste sin las risas del buen Chito era el alma de la casa, era el único que tenía buen humor, los demás serios, serios. - Aunque te diré que de vez en cuando vienen a tomar la copa que también les gusta, solamente que se las dan de muy, muy. -Tan bonita casa que tienen Quemado, pero con mala suerte, ya ves que a doña Mariquita también le mataron al marido, yo lo llegue a conocer, no me explico como una familia tan linda y tan cristiana acabe en tragedia.
-Por sí no sabes Ruperto, todos nacemos con nuestro destino marcado, nadie cruza la raya a todos nos toca, a los ricos y pobres. Todos estamos apuntados en la lista de la calaca.
-Bonita casa de las mejores del pueblo, siempre me gustó, su fachada con seis balcones con barrotes de hierro forjado, con un pretil muy ancho en su interior para sentarse y saludar a los que pasaban por enfrente. Sus ventanales de madera con pistillos y cristales tallados con figuras de flores, enmarcados por elegantes cortinas, le daban un toque francés. Bueno según dicen, ya que yo no sé nada de eso, solo lo repito de oídas. Chito en una ocasión me invitó a pasar, ya no recuerdo ni a qué, dándome cuenta de lo bonito y amplio de la casa.

Un elegante y pesado portón de madera, siempre abierto de par en par, daba la bienvenida; a escasos tres metros se alzaba el cancel color plata con la enorme chapa y la llave pegada por dentro; pinches llaves no sé por qué las hacen tan grandotas no caben en la bolsa del pantalón. ¿Tú no llegaste a conocer la casa?
-No nunca fui requerido, tú porque hay andabas de metiche, con eso de que te sientes joven andas con la palomilla de muchachos.
-Estas pendejo, ellos son los que me buscan, hasta van a la barca para decirme que cuando nos vamos a echar un pegue. Pero déjame seguirte contando de la casa ya que no la conoces. Alrededor del corredor están los cuartos, y en medio un pozo rodeado de un chingo de macetas y plantas de las más diversas. Entre esos cuartos esta la sala; muebles tapizados en terciopelo color tinto, una media alfombra, y uno que otro cuadro adornando sus paredes. –El cantinero lo escucha mientras limpia varios vasos-

Techo muy altos lucen su consabida manta encalada cubriendo las pesadas vigas, con orificios abiertos en cada una de sus esquinas con anillos latonados, para que respiren y la humedad no les afecte. –Sí así esta una casa que conozco de un cliente bien tomador. Por cierto se andaba cogiendo a una de las gatas. –Cabrón Quemado como te enteras de tantas pinches cosas. –Mi cabrón las paredes oyen y más aquí. –Bueno dejame seguir contándote; sobre el corredor se ubica el comedor y junto la espaciosa cocina que luce su enorme pretil y anafre y la indispensable campana por donde escapan los más deliciosos aromas que se mezclan con los que despiden las flores de los limoneros y naranjos, dispuestos en medio del patio. –Así que te metiste hasta la cocina mi buen. –¡Oh no interrumpas que se me va la onda! De los muros cuelgan jaulas con diversidad de aves canoras. Al fondo se encuentra la huerta y los baños; ese tiene una banquetota de medio metro de alto, con una tabla ancha encima, con tres aberturas para que te sientes y arrojes la mierda, la de mi casa solo tiene una.

-Presumido a mí se me hace que te cagas en el corral. –Ganas tienes Quemado. -¿De cagar? No gracias lo hago por las mañanas. –Buey, de tener un baño como el mío. Ah pues te decía, la huerta, que da hasta el río tiene hasta troje; así como un chingo de árboles frutales, entre los que hay, naranjas, limones, toronjas, guamúchiles, guayabas y otras variedades. En la puerta de entrada a la huerta hay una regadera al aire libre que en tiempos de calor, Chito me contaba, era una delicia. (El Quemado bosteza pero Ruperto no se da por aludido y continúa)

Te diré aquí entre nos que a mí nunca me hizo falta esa dichosa regadera, ya que cuando el calor sube, me echo un clavado desde la panga al río, refrescándome de lo lindo sin necesidá de la presumida regadera, así que no lo envidio. En la casa me baño a jicarazos, que chingaos con agua fresca que saco del pozo.
-Oye mi buen Ruper, me he quedado apantallado con la detallada de la casa,
nunca te imaginé tan metiche y curioso, bueno me lo imaginaba, por eso nunca te voy a invitar a la mía, eres muy fijado, debieras dedicarte a escritor.

-Pos es lo que quiero hacer, una novela de la vida de Chito, se la merece. Fíjate, hasta he notado que la calle de Chito hace cerrada con la iglesia de San Nicolás; iglesia, que construyeron por el 1660 y exactamente del ancho de la propia calle, que chistoso. De seguro para que los fieles se metan derechito al templo, pa’ que no anden con rodeos. Pos exactamente a un lado del templo tienes tu humilde casa, no es tan grande como la de Chito, pero pa’ mis dos viejas y yo con eso tengo. Yo en lugar de huerta tengo corral con mis animalitos. –Ujule, ahora hasta me saliste historiador, después de todo no eres tan pendejo para ser barquero.

-Que te sucede si los barqueros estamos graduados en la marina, no somos cualquier buey, sabemos lo de las mareas, lo de las tormentas, aguas turbulentas, las brújulas. –Sí como no, ahora a cualquier pinche remero le dice hombre de mar, en tu vida has visto una playa más que en fotografía. Mejor Ruperto ya no tomes que estás delirando, las veces que me he subido a tu barca eres tan mal marinero que me mareo. –Tú te mareas hasta con los caballitos de la feria, y cuando te tomas tus changirongos y cuando ves a una mujer guapa, pero eres re mariquita ya que le sacateas. –Pónteme mi cabrón y vas haber como te va. ¿Ya en serio porque no te has casado Adalberto? –Es que no he encontrado a la vieja de mis sueños, siempre tengo pesadillas; ya ves tú como te quejas de tu pobre suegra, siempre estas renegando de ella. Por hay supe que tienes otra vieja… -No seas mal pensado, una es mi mujer y la otra la metiche de mi suegra. ¡Ya no aguanto a la cabrona! Entre ella y su hijita no me dejan en paz, no me puedo tomar mis tequilitas en casa porque ya me empiezan a joder de que soy un borracho, eso sí, cuando llevo la lana, hasta me quieren besar las patas.

-Te digo que andas mal de la cabeza, te da por platicar cosas que ya me has contado como ochenta mil veces, he estado en tu casa varias veces, Tienes que ir al doctor para que te revise esa cabezota. Mira que contarme de la iglesia, ni que fuera yo un turista, hasta risa me da. Y sabes porqué no te acuerdas de cosas, porque el alcohol se está chupando tu celebro, poco a poco te lo va quemando. En fin tú sabes lo que haces, te digo todo esto porque te estimo. Yo si fuera tu vieja haría igual, ¿quien aguanta a un pinche borracho?
-Mira mira, tú dándotelas de santo si eres más pedo que yo.
-Cabrón cuando me has visto tomar en el negocio.
-Pero que tal afuera del, eso sí aquí muy seco y allá muy mojado de alcohol.
-Siquiera que respeto mi trabajo no que tú andas siempre pedo en la barca, no me explico porque no te has hundido.
-Critican mi desempeño, dicen que eso no es trabajar, que eso de pasear de una orilla a otra a la gente es de huevones. ¡A poco quieren que los carguen mis cabrones! –Le grita a los presentes que van llegando- Sí como no, sobre todo cuando llevan sus bultos. ¿Así que como la ves? No les gusto como capitán, les gustaría verme de mondrigo cargando costales y sudando como burro. ¡Pues no!

Bueno amigo Quemado, ya ves hasta así te dicen por lo quemado que estás, eres un cartucho muy quemado.- El barquero suelta otra carcajada misma que hace enojar a Adalberto diciéndole-
-Por que no te largas de una buena vez, así será menos la chinga que te meta tu suegra.
-Creo que tienes razón, los tequilas que me tomé me han hecho acordarme del Chito, así que entraré al templo a rezar por él, antes de llegar con las brujas.
–Pos haber si te dejan entrar ya que con tu pinche aliento vas a emborrachar a todos. –Ahora el que ríe es él- Ruperto antes de entrar a la iglesia se quita el sombrero, se persigna y se va a arrodillar cerca del altar en donde se pone a orar como todo buen cristiano. Varias lágrimas corren sus mejillas y sacando su paliacate se las limpia y se suena tan fuerte que una pareja de señoras ratonas de Iglesia se le quedan viendo feo. Las mira y les sonríe apenado y de una buena vez se limpia el sudor que le corre por el cuello. Después de varios minutos se levanta, se santigua y se dirige a la salida cuando en eso se topa con el señor cura quien le dice-

-Hola Ruperto, que milagro que se te ve en la casa de Dios. ¡Ni por ser su vecino!
-Vengo seguido padre, lo que sucede es que usted nunca se deja ver.
-Que se me hace que me estas diciendo mentiras, ¿tú te estas creyendo que no doy misas? ¿A propósito, hace cuanto tiempo que no te confiesas?
-Uh padre, ya ni me acuerdo, pero hace poco creo.
-A mi se me hace que desde que hiciste tu primera comunión no lo haces. –En eso el señor cura se lleva las manos a la nariz diciéndole- Este tufo que me llega no es vino de consagrar, ¡como te atreves venir a ver a nuestro señor Jesús con aliento alcohólico!
-Padre pero si no vengo borracho, si apenas me tome tres caballitos, apenitas para no sentirme tan triste.
-¿Qué es lo que te sucede, se puede saber?
-Vengase padre le invito unas pa’ platicarle lo que traigo dentro.
-Mira Ruperto mejor otro día nos las echamos, por ahora yo soy el que te va a invitar a que me platiques lo que traes, se te ve abatido. Acompáñame a que te tomes un café en mi casa, te tranquilices, para que no llegues así a la tuya, sígueme.

-Ay señor Cura pero si he llegado pior y no pasa nada. –La iglesia se comunicaba a la casa del señor cura, por medio de una pequeña puerta, una vez en la sala invita a Ruperto a tomar asiento, mientras le dice a su sirvienta que prepare dos cafés-
-Se nota que vive muy a gusto, sobre todo no tiene que correr para dar misas. –Le dice Ruperto observando todos los rincones-
-Así es hijo mío, me gusta la comodidad, pero también la austeridad, el lujo no va conmigo.
-Pos está raro padre porque la mayoría de sacerdotes que yo conozco les encanta presumir lo que tienen.
-Existe de todo hijo, de todo, hay unos que no hacen votos de pobreza. Pero dejemos eso a un lado y dime, ¿que es lo que te aflige? Platícame como se lo platicarías a un amigo.

-¡Ejele! Lo que quiere usted es que me confiese.
-Nada de eso, ni siquiera traigo mi hábito, además no puedo obligar a nadie en contra de su voluntad, yo sería el que estaría pecando. Anda dale un trago al café y platícame lo que te sucede.
-¿Pero de qué padre Prado? Si ni siquiera nos vemos seguido. Usted va más seguido a la panga que yo a la iglesia.
-Por desgracia nos vemos rara vez, tienes razón. Tú eres el que me debes muchas visitas, se las debes al Señor, quien es quien te cuida en tus travesías y travesuras.
-Ni que fuera tan difícil padre, rara vez vienen corrientes fuertes, el río siempre esta en calma chicha y no tengo tiempo como antes de hacer travesuras. Ya no estoy pa’ esos trotes.
-Yo no te considero ningún viejo, te veo como de cuarenta y tantos. Recuerda hijo que hagamos lo que hagamos el Señor siempre nos acompaña. Para él no hay tareas difíciles ni fáciles. No hay pecadores chicos y pecadores grandes, todos somos iguales. ¿Ahora dime, que te hizo venir a la iglesia si nunca te paras por aquí? Disculpa que peque de curioso.

-Se murió un amigo, del sentimiento me dan ganas de tomar y de no hacer nada.
-¿Lo querías mucho?
-Pos sí padre, pa’ que decirle que no, pero en buena lid no piense mal, a mí no me da por comer lentejas con popotes.
-¿Hijo que dichos son esos?
-Me hacía la ilusión de un día llegar a tener un hijo como él. Era muy jovial y alegre, nos llevábamos bien a pesar de que podía ser su padre. ¡Me hubiera gustado serlo, si viera! ¿Eso es pecado?
-Querer a alguien como a un hijo no es nada de pecado, no lo es porque no existen las malas intenciones. Pero dime habiendo tantos muchachos por que él te gustaba para ser tu hijo.
-Ya le dije padre que me atraía su forma de ser conmigo, de vez en cuando me pedía consejos, sobre todo desde que mataron a su padre. Lloraba su recuerdo en mi hombro y yo me sentía muy importante, siendo un barquero insignificante.
–Ruperto se enjuga las lágrimas, mientras el padre se lleva a la boca su tasa de café- Mí mujer nunca me pudo dar un hijo, así que lo idealice en su persona. El día que me lo dio, nació muerto, más o menos tendría la edad de este muchacho.
-¿Y dices que lo mataron?
-Si padre en plena juventud, por una cosa sin importancia, pleito de muchachos, afigúrece… ¡Pleitos de cantina!
-Que barbaridad es una cosa muy lamentable el que los muchachos no teniendo en que entretenerse se metan a las cantinas solo a envilecerse con el alcohol, y también la gente grande, ¿verdad? Pero dime cuando aconteció el crimen, por que lo que sé es que al que mataron fue a Chito el hijo de doña Mariquita.

-Ese mismo es del que le estoy hablando padre, del mismo.-Una verdadera tragedia, a mi también me dolió mucho, el día de ayer estuve con su familia están sumamente abatidos, lo bueno que la señora Mariquita es muy fervorosa, ella siempre esta junto a Dios y toma las cosas con más calma que los hijos.
Por más cariño que le hayas tenido a Chito, no es motivo para que te metas a la cantina, ya ves, yo también lo estimaba y mucho. Además puedes adoptar un hijo, aún estas fuerte.
-Es lo que le digo a mi vieja, pero ella dice que esta tranquila así como vive, que ya no piense en hijos, que porque la hiero, le remuevo viejos recuerdos.
-Le voy a pedir a Dios que los ayude sobre todo a ti por haber perdido a tu amigo, más no te desesperes y cuéntame lo que aconteció. Es bueno echar las penas para afuera y no quedarte con ellas martirizándote el alma.
-Ruperto suspira sacando sus cigarros del bolsillo de la camisa- ¿Puedo fumar padre?

-Claro si lo deseas, a mí no me molesta el humo para nada. –Ruperto lo enciende y comienza a contarle al padre sobre la pena que le embarga- Pos mire padre Prado, desde luego lo primero es por lo de mi hijo de mis entrañas, lo segundo que ya no aguanto a mi suegra viviendo en la casa solo siembra la cizaña entre mi vieja y yo, la tercera pos la muerte de este muchacho Chito. –Creo que estas tomando muy apecho todo lo que te sucede, no vcreo que tu señora suegra no te quiera a ti, solo que le ha de disgustar como a muchos, como a tu esposa por ejemplo, que te estén emborrachando muy seguido eso te va a llevar a la muerte.
Lo de tu amigo a mi también me duele pero no es para agarrar la jarra y olvidarme de todo lo demás. Chito ya esta en mejor vida, Dios lo tiene ensu gloria, de eso estoy seguro, era muy buen muchacho a pesar también que le gustaba el alcohol.
Lo siento mucho por su esposa toda una niña y su pequeño hijo. Por ahí he escuchado que se quiere ir a la capital en donde están sus padres que también son de por aquí, solo que se fueron como muchos otros a buscar fortunas. Es natural que la muchacha desee estar con ellos, es una desgracian haberse quedado viuda tan joven.

¿Me imagino que la conoces verdad? –De lejos padre, de lejos, no me le he querido ni acercar. –Deberías ir a darle el pésame si es que dices que eras tan amigo de Chito. –Es que me da no se que padre, siento muy feo. -Yo que tú llevaría a mi esposa y suegra a que me acompañaran a dar el pésame, pero eso sí, sobrio. ¿Qué te cuesta dejar el vino? Ese vino que por momentos te hace ser el mejor hombre de la tierra y al rato el más infeliz; eso no esta nada bien. Acuérdate que el negocio de la barca, de tu panga, se puede ir a pique, nadie te lo cuida mejor que tú, al ojo del amo engorda el caballo. Ahora no no te digo que te quites el vino de sopetón, llévatela tranquilo, comienza por tomar menos y poco apoco lo irás dejando, pero tienes que tener voluntad, mucha fuerza de voluntad. También servirá para que te vayas quitando la fama de borracho que tienes. –Ruperto saca su paliacate y se suena- Tiene usted la razón padre, le agradezco mucho sus palabras, quizás el maldito vicio es el que me hace infeliz y malo ante los ojos de los demás.

Hora lo verá, le voy a pedir mucho a nuestro señor y la virgencita que se apiaden de mí, también usted ruegue por esta alma tan corrupta padre. –Tú eres muy buen hombre Ruperto continúa por la senda del bien, deja el vicio, a las malas amistades y dedícate a trabajar con ahincó. –Ah carajos ¿Qué es ahínco padre?
-El padre ríe- Ahínco es meterle ganas a las cosas que haces, meterle cariño, amor, y no gastarte tu dinero en las cantinas. –Tiene razón padre ya estoy harto de esta vida que llevo; sabe le voy a dedicar a mi amigo Chito dejar el vicio, lo voy hacer por él, en su honor. –Me da mucho gusto escucharte decir esto Ruperto, él desde el cielo te lo agradecerá, vas a ver. Así que sácate al demonio de dentro y vuelve a la vida y se feliz con los tuyos. Lleva a tu mujer con un doctor, con un siquiatra, para que la cure del trauma que le aqueja y pronto vuelvan a tener no uno, sino más hijos. Y al rato vas a contar con más pangas, una para cada hijo que Dios te de, y todos a cruzar el río a lo largo y a lo ancho.

-Ruperto poco a poco fue cambiando, se retiro del vicio, tuvo hijos y siempre caminaba con la frente en alto. Iba muy seguido con su familia a visitar al panteón a Chito, a aquel joven de nombre Alfonso que fue tan buen amigo con él. Supo que Mercedes su viuda se había ido a la capital con todo y su hijo, ya que la abuela Mariquita deseaba que se lo dejara, y que con el tiempo ella se había casado con un buen hombre y que tuvo varios hijos más-










Calma corazón

Calma corazón, ¿Cuál es la prisa?
¿Por qué de repente te ha entrado el desazón?
¿Esa inquietud, esa zozobra?
Si en el fondo bien sabes que nunca será tuya
que solo fue un pequeño juego, que tu tiempo
ya paso.

Acaso tu ego salio lastimado por haberte creído
todo un don Juan
no me hagas reír, por favor yo te lo pido
Pensaste que en pocos días la flor ibas a cortar
Pobre iluso ya no eres la sombra de lo que fuiste,

Toda la fogosidad se te invirtió
solo hay espejos opacos, luciérnagas sin luz
caminos oscuros por los que tienes que
pasar.

Los huesos se han vuelto viejos, el cerebro se ha
oprimido, las ideas ya han volado a confines muy
lejanos, difíciles de encontrar.

Ya no estas para soñar, viejo corazón de miel,
Ya no estas para atraer a las doncellas al panal
Es hora de que sientes cabeza, que no te hagan
divagar, Tú ya tienes lo tuyo, ¿para qué más
anhelar?

¿Acaso solo para lastimar y sentirte contento de
tu falsedad?

Ya no voltees para atrás, viejo corazón de miel
Las puertas se van cerrando, los caminos se van
llenando de nostalgias y altivez.
El miedo recorre por tu cuerpo sin que nada puedas
ya hacer

Más que apoyar la cabeza en la almohada y dejar
ya de soñar

sábado, 23 de mayo de 2009

La fama

La fama

La fama te llega cuando no la esperas y no
resulta un milagro sino más bien suerte que te
dan tus relaciones y la proyección que ya tienes
cobijada entre el talento y tus brazos

La fama que te espera con sus ramas de laurel
para tañer el laúd, para tocar las fanfarrias para
que te sientas héroe no solo de una batalla sino
de miles de ellas

En ocasiones resultas efímera, tu nombre se borra
pronto de las páginas de la historia, es cuando
toda la estructura de tu obra resulta hueca sin
cimientos, ni alma y tu comportamiento no ha sido
ejemplo que digamos para el resto de la humanidad

¡Oh triste y alegre fama a donde nos llevarás!
Quizás nunca te conozcamos, nunca pisemos el dintel de
su gloria porque no te merecemos como otros grandes
granujas que sin saber el como ni el qué, se han quedado
contigo, con todo y tu talismán

¡Que envidia, que envidia nos dan, quizás sí te merecieron!

miércoles, 20 de mayo de 2009

Influencias e influenzas

Era jueves lo recuerdo muy bien, ya que es el día en que unos amigos y yo, nos reunimos en un bar a jugar domino y tomarnos la copa o las cervezas, además nos agrada el lugar desde hace años atrás porque hay un pianista muy bueno que nos ameniza y calma los momentos de desesperación o de enojo cuando se equivoca el compañero. Dan buenas botanas, “tapas” dirían los españoles, o entremeses los ingleses, el caso es que la pasábamos de maravilla y por si fuera poco quien atiende las mesas, bueno no precisamente a las mesas, sino a los clientes que están sentados en sillas junto a ellas, las mesas; soy así de específico porque sino me comienzan a criticar. Eso de decir: Nos sentamos a la mesa, como que no suena lógico, ya que no se sienta uno sobre de ellas. Hay que llamar al pan, pan y al vino, vino, sobre todo cuando la profesión es periodista, me refiero a mí persona, por que los otros compañeros y cuates, tienen diversas actividades; Toño es publicista, Andrés, licenciado, y Elías, arquitecto.
Cuando falta alguno de ellos, sobra quien nos haga el “cuarto” ya que hay bastantes parroquianos que se sientan en la barra a tomar sus tragos y están atentos para hacer el quite. Por fortuna las apuestas son bajas, que si no acabaríamos a moquetes, ya que nos encanta discutir echándonos la culpa los unos a los otros. Para evitar esas situaciones incomodas, optamos de común acuerdo jugar en rondas, o sea que nos vamos cambiando de lugar y de compañero. Me dirigí a la cita un poco antes de tiempo para estar puntual; en cuanto salí del periódico se me vino encima un señor aguacero de esos de rompe y rasga, una señora tormenta que hasta quería perforar los techos de los autos, cuando menos el mío suena como si lo estuvieran taladrando y peor que estaba cayendo granizo del de bola grande, del que deja los techos aboyados. Lo sentía por el coche de Elías, el tiene un Mercedes del año, deportivo.
Me fui manejando con precaución ya que mis llantas no son de esas de “agarre al piso” sino que las condenadas son fabricadas en China, así que se han de imaginar; en cada bache que caía le rogaba a Diosito que no se me fuera a reventar alguna. ¿Qué por que compré chinas sabiendo que son malas? Por la sencilla razón de que eran las que me fiaban, además nunca salgo a carretera y nunca corro a más cuarenta sería un milagro, ya que en la ciudad la máxima velocidad a la que puedes correr es a cuarenta y no por las leyes de tránsito, sencillamente por el tráfico tan infernal que hay. Han de disculpar, menciono primero a Dios y luego al diablo, como si no tuviera más vocabulario para expresarme como un verdadero cristiano, apostólico y rumano, perdón, Romano.
Que casualidad tengo otro amigo que se llama Romano y no es gladiador, es laminero, es el que me arregla los golpes de mi auto, sobre todo las defensas que son las que más se me amuelan de mi bocho modelo 85. No lo he cambiado por la sencilla razón de que me ha salido muy bueno, pero para que les explico, más de uno de ustedes queridos lectores, han tenido bocho o me van a decir que puro Jaguar y Cadillac. Yo antes tenía una calcomanía que decía: Mi otro coche es un Porche, pero se la quité se me hacía medio sangrón; bueno a mí no a la que andaba conmigo unas semanas atrás, la muy ingrata ahora sí que me cambio por un mejor automóvil, como si el automóvil hiciera a la persona y no al contrario. Que pena me tocó una interesada de las muchas que por desgracia existen, pero ya viéndolo fríamente, es muy natural que ellas busquen su seguridad. Hay un dicho que dice que cuesta el mismo trabajo enamorarse de un pobre que de un rico. Ya ven ahora como se estila que la mujer trabaje y muchas llegan a ganar más que el marido, lo que con el tiempo viene ocasionando problemas conyugales, y decirle a una niña de esas que tenga hijos, es pedirle que renuncie a una vida cómoda y holgada y a los pesos que le deja su empleo. Habrá mucho amor pero no se arriesgará mientras al pobre esposo no le vaya bien, para este tipo de féminas el ganar bien es arriba de los cuarenta mil billetes al mes, está cañón.
Estoy un poco disgustado ya que cuando llegué al bar no estaba ninguno de mis cuates, pensé que también se les había hecho tarde por la lluvia, o pensarían que ninguno de nosotros iba a presentarse por la tormenta que se abatía y todo batía de fango y mugre, alcantarillas abiertas, postes caídos, lo mismo que árboles, anuncios y muchos negocios sin luz, como sucedió con éste que se iluminaba a base de lámparas de gas, que mucho le favorecía porque se veía muy romántico, sobre todo por la música en vivo del pianista, pero cosa rara el lugar estaba medio vacío, se escuchaban zumbar las moscas cuando el maestro no tocaba, hasta se me hizo raro ya que siempre los jueves esta a reventar.
También culpé de la situación a la tormenta. Pensé esperarlos media hora, era lo único que podía hacer, de perdida tener esa cortesía; en caso de no completarnos, echar mano de algún substituto, dije “substituto” para que no hayan malos entendidos. La barra estaba también solitaria, así que me fui a platicar con Federico, el barman cuate mío. Lo malo que en la barra no atendían nuestras amigas las meseras, que eran tan jaladoras, en el buen sentido de la palabra; que muchas de las veces no nos cobraban varias rondas, motivo de que les diéramos sus buenas propinas.
-Oye Federico debido a la lluvia no llegan los clientes y tampoco mis amigos, creo que ya me dejaron planchado, esto esta más solo que el panteón. –Se me quedó viendo riéndose y me contesto- Que yo sepa los panteones están siempre llenos, ya no cabe ni un alma. –Tienes razón, tan es así que ya los ponen en gavetas en diferentes pisos como si fueran archiveros. -Ambos soltamos la carcajada- Federico pues ni hablar mis cuates no vinieron tampoco, son una bola de semillones. –Creo que hacen bien, -Me dijo Federico- con esta agua y luego la famosa influenza esta para no salir, todo mundo le teme a la gripe porcina, yo estaría en casa pero tengo necesidad de talachar. –Voy hacer sincero contigo Frederic, ni por aquí me pasó la pinche peste, he andado tan ocupado entrevistando a los políticos con motivo de sus próximas campañas que lo único que quería era llegar y echarme una dominada y unas copas con los amigos. Además no soy de esos culerillos que le tienen miedo a todo, hasta dicen que el gobierno instrumentó esta movida para desviar la atención de cosas más importantes. Qué casualidad que apenas se fue el presidente negrito y nos llegó la influenza. –A lo mejor Arturo, ya no sabe uno en que creer, como que el pueblo ya perdió la fe en sus políticos, son puros ladrones con unos sueldazos como si de verdad trabajaran. Ganan más que un industrial bajita la mano, con la ventaja que no tienen que pagar obreros y otras cosas. Para colmo de males nos llegó una orden de las autoridades de que desde mañana ya no vamos a abrir hasta nuevo aviso, que chinga nos van a poner. ¿De donde voy a para el chivo? Mi mujer tendrá que apoquinar, ahora le toca a ella de sus guardaditos.
En cambio estos sinvergüenzas que les apura, viven mejor que reyes rodeados de guaruras y de casas y departamentos de lujo. Ese que se dice “presidente” ¿de donde saca tanta lana para sus viajes por toda la república? Todos son iguales, además para que te lo digo si tú bien sabes como se manejan, es gente sin valores y si los tienen, los tienen en las casas de bolsa.
¿Haber porque ustedes los periodistas no nos dicen la verdad? –Por la sencilla razón que también a nosotros nos la ocultan. A poco van hacer tan pendejos de decirnos como sacan su lana y les tienen casas a sus queridas. Pero dime Federico que le vamos hacer, somos un pueblo sumiso y amante de la paz. -Sí paz, paz, acostumbrados a que nos den de palos, somos unos agachados.
–¿Y que propones Federico que armemos una revolución? Que nos ganamos con la que hubo, nada, hacemos de los bandoleros héroes. Voltea los ojos a otros países socialistas, ve a sus presidentes como son los dueños de donde viven; cómo son de poderosos y los bienes que poseen. Para no ir tan lejos, aquellos isleños que cuando tienen para sopa se les llena de barbas. Sus gentes son sus esclavos, ellos rigen sus destinos. Volviendo a nuestro país con todo lo que gastan en sus cochinas campañas a cuanta gente no vestirían y les darían de comer, cuidarían de su salud, y no hubiera peste que se introdujera por nuestras fronteras. Pero así semos Federico, échame otro trago para el coraje. -¿Por la política? –No hombre esos cabrones ni me interesan, por mis pinches amigos que me dejaron plantado y ni siquiera una pinche llamadita. –En eso se acerca Tanya una de las meseras, la más joven y guapa y le dice a Arturo-
-No este triste mi rey que yo lo voy a consolar. -¿Se puede saber como? –La mujer se acerca a Arturo diciéndole al oído varias palabras a lo que Arturo le contesta- -¿Y ahora ese cambio tan repentino? Siempre te roge a que salieras conmigo y ni siquiera me pelabas; ¿será que ahora no hay moscas alrededor del pastel? – No, no era eso, lo que sucedía que tenía novio y ya termine con él, me apenaba ponerle los cuernos, pero ahora ya no me importa, además siempre me has gustado y mucho. –Pues en mal momento me lo sueltas preciosa, ahora que dicen las autoridades sanitarias que no hay ni que saludar de beso, ni abrazos, ni mucho menos encamarse, por que te lo lleva patas de cabra. Creo que por ahorita nadie se acerca a la mujer amada ni al hombre.
Ve como anda la cochina influenza por todos lados. –Va, dicen que el alcohol cura todo, hay tu veras si saliendo de aquí nos llevamos una botellita de las buenas. -¿Querrás una de coñac? Me sales muy cara. -No hombre de esas no, de esas más baratas y también de las otras, las que tanto anuncian para lavarnos las manos y otras cosas, dizque desinfectan todo.
–Discúlpame amiga pero ya me siento medio resfriado y no vaya hacer la de malas y te la pegue.
–Arturo estornuda y tanto Federico y la muchacha se apartan de él como de rayo, saca su pañuelo y se suena y le dice a Federico- ¿Cuánto te debo mi cuais? -No te preocupes Arturo, ahora que pase la influenza me pagas y vámonos rápido por que aquí espantan. -¿Y el pianista? -Le pregunta Arturo, volteando hacia el piano- Creo que fue el primero que corrió al escuchar que estornudaste.
-Bueno pues me iré, ¿cuando vas a abrir? –En cuanto pase el pánico me tendrás otra vez por acá, haber que dice el patrón. –Arturo le extiende la mano para despedirse y Federico no se la da-
-Disculpa amigo pero acuérdate que no hay que dar la mano, más vale prevenir que lamentar.- Tiene razón –Le dice Arturo y volteando a ver a Tanya le dice- Mira mi amor lo menos que puedo hacer por ti es llevarte a tu casa, así brindaremos, claro si me invitas una copa por que pase todo este desmadre. –¿Qué, las compañas políticas? -No preciosa, la influenza esta que nos esta jodiendo y encima de todo esto, la pinche economía y todo lo que trae aparejado. –Mira mi amor, -le dice Tanya- ya mejor ni platiquemos de cosas tristes, mejor vámonos haber que cosas se nos ocurre untarnos.

Tú y yo

Tú y yo

Tú eres la luna
Yo una nube
Tú eres el sol
Yo un planeta
Tú la mar
Yo la cascada

Tú la laguna
Yo el estanque
Tú la luz
Yo en crepúsculo

Tú la tormenta
Yo la tempestad
Tú la flor
Yo los cardos

Tú eres mi todo
Yo la mitad

viernes, 17 de abril de 2009

A cada quien lo suyo

La muerte de un ser humano es siempre lamentable, máxime si se trata de un hombre famoso como es el caso de Franco Volpi, que impartía su cátedra de la Historia de la Filosofía en la famosa universidad de Padua, Italia. Recuerdo su visita a esta ciudad en la Feria del Libro de Guadalajara, un año atrás.

El auditorio en donde se presentó se lleno de estudiantes universitarios, principalmente de la UdeG. (Universidad de Guadalajara) Quien organiza este evento año con año por conducto del Lic. Raúl Padilla, patrono de la cultura y las artes en esta ciudad.

Como siempre la parca se presenta de manera imprevista, muchas veces por enfermedad, asesinato, o un fatal accidente. En el caso del filósofo fue esto último; salía de su casa siendo arrollado por un vehículo el lunes 13 de este mes de abril, pero hasta el martes 14, cuando fue dado a conocer ya que no traía tarjetas de identificación.

¡Oh paradoja! Un hombre mundialmente conocido especialista en el nihilismo alemán, en particular de la obra de Martin Heidegger y fue identificado veinticuatro horas después. Sufrió un fuerte trauma craneal del cual no se pudo recuperar por más esfuerzos que hicieron los médicos del Hospital San Bartolo de Vicenza, capital de la región del Veneto. Contaba con 57 años de edad, era vigoroso, gran deportista y amante de la naturaleza.

Se han traducido y publicado en español varias de sus más conocidas y polémicas obras: “Los titanes venideros” “Enciclopedias de Obras de Filosofía” “El solitario de Dios” “El Hedonismo” “El Dios de los ácidos” y dos o tres más.

Volpi nace en Vicenza en 1952. En mí opinión no era un hombre viejo, desde luego la gente joven no piensa así, ya a los de cuarenta les dicen “viejos”
Estarán de acuerdo conmigo que hay de ancianos a venerables, en varios países de oriente la vejez es símbolo de respeto, en occidente ya es de estorbo, de indiferencia.

Para los hombres que destacan en cualquier rama de la literatura, historia, filosofía, pintura, no cabe esa designación. Quizás su cuerpo ya no tiene la misma tersura y elasticidad de antes, pero tienen un cerebro curtido en el saber, en la experiencia y eso los eleva a alturas insospechadas. Nunca he escuchado que a un sabio se le diga “Ese anciano” No vayamos tan lejos, nunca he escuchado que a Carlos Fuentes se le diga en tono despectivo “ese viejo”

En todas las etapas de la humanidad han existido brillantes filósofos, grandes pensadores que han dejado admirados a sus auditorios, sobre todo cuando también son buenos oradores. Hay personas que están de acuerdo con ellos, otras no, como es natural las opiniones se dividen y no exactamente por la mitad. Karl Marx, Sigmund Freud y Friedrich Nietzsche, se encuentran entre los más discutidos. Marx hablaba del materialismo económico, Nietzsche de la voluntad, del poder, y Freud, sobre el inconsciente, el sexo, la frustración, la agresividad. Los tres ilustres personajes fueron nombrados “Los maestros de la sospecha”

Que viene siendo la famosa filosofía de la que mucho se escucha hablar. Viene siendo el estudio de ciertos problemas fundamentales relacionados con la existencia, con el vivir, con la belleza, la verdad, la mente y el lenguaje.

La filosofía se caracteriza por la forma de abordar estos problemas (misticismo y mitología) por su método crítico y sistemático, así como el énfasis en los argumentos racionales.

La palabra filosofía viene del griego antiguo “filos” que significa “amor” “amante” y Sofía que significa sabiduría; por lo tanto es: Amor por la sabiduría”
Afirma Ricoeur que Descartes puso en duda que las cosas fueran tal y como aparecen, pero no dudó de que la conciencia fuese tal y como se aparece así misma.
“Los maestros de la sospecha” consideraron que la conciencia en su conjunto es una conciencia falsa o se enmascara por intereses económicos, esas fueron palabras de Marx; Freud se inclina por la represión del inconsciente, y Nietzsche, por el resentimiento del débil. Y luego llega nuestro amigo Volpi pensador moderno, puntualizando en el nihilismo, que no es nada nuevo como se cree, que significa no creer en nada, y ya hasta le llaman a su corriente el “Drama del Siglo XXI”

¿De donde proviene Nihilismo? ¿Cuál es su significado? Ya Volpi al analizarlo se da cuenta de que Turgeniev en su novela “Padres e Hijos” calificaba de “nihilista al protagonista; una persona hueca, vacía, no creyente. Pero la realidad es que el término se utilizó por primera vez para designar a los herejes durante la edad media. En Rusia se aplicó entre 1850 y 1860 a los jóvenes intelectuales que, bajo la influencia de las ideas occidentales, repudiaron al cristianismo. Consideraron a Rusia como una sociedad atrasada y opresiva, abogando por el cambio revolucionario.

Volpi analiza las fuentes de las que bebió el filósofo alemán Nietzsche (quien le llamó “La enfermedad de Occidente) para empaparse en el nihilismo. Volpi se empeño en ser el profeta de esta “nueva” religión: El advenimiento del nihilismo. Repito, término aplicado a diversas filosofías radicales con el propósito de denotar a quienes se adhieren a estas filosofías.

No pudo faltar la opinión de Thomas Mann, declararía “Quien toma en serio a Nietzsche y le cree al pie de la letra, está perdido”
Estoy de acuerdo con el modo de penar de Mann, todo un señor novelista, un extraordinario narrador. El “nihilismo” es una pizarra en blanco, un hoyo negro, es la nada, es quitarle los valores al ser humano, despojarlo de sus creencias ancestrales, de sus religiones. Es convertirlo en animalito sin fe ni esperanzas. ¿Qué sentido tiene la vida sin creer en nada?

Bien dicen: Crea un escándalo y todo el mundo se fijará en ti. Ya lo ensayó en su tiempo Diego Rivera, Frida, y otros añejos comunistas gritando a voz en cuello ¡Dios no existe! O sea que sus ideas muy personales las lanzan a los cuatro vientos. ¿Qué aconteció? nada, absolutamente nada, lo único que se ganaron ante el pueblo fue quitarle brillo a su persona, su obra fue otra cosa. Muchos detractores le decían pintor de monigotes, al igual que Clemente Orozco y a otros muralistas. Cabe aquí decir la frase tan conocida: “Quieres saber que tan famoso eres, ¡muérete!” (Ya para qué te servirá el saberlo)

Nuestra sociedad tiene como costumbre homenajear a los hombres ilustres el día de su defunción, es raro que les rindan homenajes en vida. Hay un poeta cuyo nombre no recuerdo que escribió un poema refiriéndose a ello, diciendo: ¡En vida hermano, en vida! Es cuando los sentimientos salen a flor de piel, cuando el corazón palpita más de prisa al escuchar su nombre al pasar al estrado, cuando sus manos tiemblan de emoción al recibir el pergamino, el trofeo, o la medalla al merito, cuando los ojos se nublan para darle el paso a las lágrimas. Después, ya para qué.

Existen todo tipo de filósofos, prudentes, recatados, educados, centrados, locos, estos últimos quieren cambiar al mundo y el mundo continúa su marcha sin inmutarse, no por ellos se detiene, ni siquiera se altera ni se entera.

Quien no ha leído a Frédéric Lenoir en su “La metamorfosis de Dios” (el de los dos acentos en el nombre) filósofo y sociólogo de las religiones. Sus obras han sido traducidas en casi todas las lenguas.
Dios no ha muerto, dice, contra todos los pronósticos que auguraban la secularización completa de las sociedades desarrolladas. Vivimos en occidente una nueva evolución de la espiritualidad. Frédéric, estudia el devenir de la religión desde los últimos siglos a la modernidad hasta el período actual de la globalización, caracterizado por la libertad de elección.

No existe religión nefasta, todas buscan al Dios supremo, al único y verdadero. Todas buscan el buen camino, hacer el bien, amarse los unos a los otros.
En el siglo XIII destacaron dos grandes filósofos que se convirtieron en santos: Santo Tomás de Aquino y San Agustín, sus palabras prevalecen hasta nuestros días.

No debe sorprendernos que un pensador de la talla de Santo Tomás de Aquino, sostenga una línea filosófica comprometida con las formas comunes de expresarnos verbalmente. “Ningún filósofo ha llegado a desentrañar la esencia de una mosca” A diferencia de Dios que expresa todo en un único verbo, nosotros debemos manifestar de una manera fragmentaria nuestro conocimiento mediante el uso de muchas palabras.

Esto que nos queda como anillo al dedo a los que nos gusta escribir, transmitir la palabra escrita ligada a la limitación de nuestro conocimiento y de nuestro lenguaje, que podríamos calificar como el “efecto girasol” explicado por Santo Tomás:

“En razón de que los principios esenciales de las cosas nos son desconocidos, muchas veces para describir lo esencial, (que no alcanzamos) nuestras definiciones caen en un aspecto accidental”

Y también hablando del lenguaje, parte importante de la filosofía, las hermosas palabras de San Agustín, he aquí unas de tantas: “El que no tiene celos no está enamorado” ”Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita hacer lo que puedas y pedir lo que puedas y te ayuda para que puedas” “Da lo que tienes para que merezcas recibir lo que te falta”

Y volviendo a Volpi a quien le gustaban las ideas de Pascal, habló por él diciendo:
“Se señala el desarraigo metafísico del hombre. El ya no puede habitar ni sentirse como en su casa como en el cosmos antiguo y medieval. El universo es ahora como una angosta celda en la cual el alma se siente cautiva. El hombre está solo, sin patria. (De cual hombre estará hablando, de seguro del que no tiene fe ni en si mismo) Y remata: Pronto también Dios se eclipsará. (Quien sabe a cual se refería)

Hace muchos siglos que el ser humano dejó de ser politeísta, fue cuando buscaba en vano a sus dioses y estos les volteaban la cara. Y se convirtieron en monoteístas cuando un profeta se acerco a ellos y les dijo: El hijo de Dios, el verdadero Dios vendrá, no tendrán que hacer sacrificios ni de animales ni humanos, él se inmolará para la salvación de todos. Se acercará a ustedes humildemente diciéndoles: Permítanme ser su hermano, su padre, su Dios, tengan fe en mí, les ofrezco que coman de mi carne y beban de mi sangre. (Muchos acusaban a los cristianos de antropófagos)

La filosofía no tiene religión, acepta todo tipo de corrientes, desde el pagano, al ateo, al creyente, a los sectarios, a todos en general. Les da la libertad de expresar sus ideas, no los reprime, no los obliga a esconderse como en los tiempos de la inquisición. El hombre, el ser humano se ha ganado esa libertad a cambio de mucha sangre derramada, el precio que se a pagado por ella ha sido muy alto, por eso hay que respetar las ideas y filosofías de cada persona aunque no se comulgue con ellas.

Ya lo dijo un masón, “El respeto al derecho ajeno es la paz”
Vivamos con plenitud esos aires de libertad, de creencias, de cultos, de costumbres, de hábitos. Que soplen vientos que esparzan las semillas de las buenas filosofías, de las buenas doctrinas y que cada uno seleccione a su gusto la mejor. Que en lugar de quitarnos nos den a manos llenas colmando nuestras mentes de sabiduría y de sanas intenciones.