martes, 23 de junio de 2009

Mi nueva amante

No me gusta pensar en ti porque me torturo
Mi tranquilidad se rompe cual frágil cenicero
y solo me quedo con las cenizas que tú
vertiste en él. Cenizas que por más que
les soplo, sacudo y limpio, siguen aferradas
en su fondo. ¡Maldito recuerdo!

Me dan ganas de dejar de fumar para no
evocarte, en cada voluta que se me escapa
me imagino tu hermoso cuerpo bailando desnuda
para darme tentaciones poniéndome a temblar

Odiaba que me echaras el humo sobre la cara
en señal de disgusto y te deseaba abofetear
mas mi mano detenía para no ponerme a tu nivel
por que eso de golpear a una mujer es de gañanes
de hombres sin pantalones. ¡Nunca lo iba hacer!
más que tragarme tu humo.

Me dejaste con dos vicios el cigarro y tus caricias
tus besos y la forma de entregárteme enardeciendo
mis nervios.
El primero me causó tremenda tos, el segundo ésa
maldita adicción que no me puedo quitar por más
que beso la almohada y busco en que entretenerme

¡Ya sé! me meteré en un bar donde haya muchas
Señoras, guiñaré el ojo derecho es el que mejor manejo,
levantando la ceja izquierda; es así como la atraeré
invitándola a que dejen su ceniza en mi cenicero para
que cubran las tuyas y no me acuerde de ti

Lo malo será que al besarme, arrojarán más nicotina
a mis pobres pulmones y va a acrecentar mi mal que
se llama Enfisema, que es mi amante ahora sí que
hasta la tumba. Pero mal rayo me parta, no hace el
amor igual que aquella de las cenizas, en las que
tristemente, yo me convertiré

lunes, 1 de junio de 2009

Las tentaciones del hombre

La mayoría de nosotros vivimos tranquilos en santa paz, cuando de repente se nos aparece el demonio en forma de mujer y nos olvidamos de todo. Será que no estamos lo suficientemente maduros para serle fiel a la que le prometimos fidelidad durante toda una vida. O será que no conocemos en el fondo lo que significa la palabra fidelidad y requerimos escucharla muchas veces como quien reza el rosario.

El hombre por naturaleza es inquieto, no se acostumbra a llevar una vida sosegada y dedicada enteramente al hogar. De cuantas biografías no esta llena la historia en que el hombre engaña a su mujer, hasta los grandes personajes de esas páginas han caído seducidos por los encantos de Afrodita. (Aquí hago una pausa para comentar que no todos son así, tanto ellas como ellos, no vaya ha ser el causante de protestas y levantamientos de puños y brazos para hacer una señal ofensiva a quien esto escribe y opina Y lo hago por que en el transcurso de mí vida ha visto muchos ejemplos y también los he leído y vivido, para que hacerme el inocente, soy tan pecador como el que más)

Y con eso de que el hombre nunca aprende en cabeza ajena ahí va también a meter su cucharón, según dicen para haber que se siente; ah eso sí, el hombre “digno y honrado” nunca se mete con casadas, solo con solteras, procurando que no sean señoritas y si son divorciadas mejor. Jamás obligarlas por que entonces sería violación. Al enamorado le gustan los retos y el terreno llano y plano para no entrar en detalles de duelos a muerte. El que sí exagero la nota en cuestiones de amoríos fue Don Juan; y que me dicen de Casanova y de otros más que no les importaban los peligros ya que les gustaba que la adrenalina corriera fuerte por sus venas aparte de otras cosas.

Dicen también las malas lenguas que el que también era una cosita muy especial era el gran poeta y escritor de “Las flores del mal” Charles Baudelaire, el que quizás no tuvo madre porque nunca se puso su segundo apellido. ¡Ah como fue criticado en su época! En aquel romántico, recatado y soñador Paris de los mil ochocientos y tantos, antes del sesenta y siete, ya que él fallece en ese año, en 1867. Sus poemas no me parecen tan escandalosos como los pintaban, tiene hermosas frases como esta en donde hace homenaje a la juventud:

¡A la santa juventud, al aire simple, a la dulce frente
A la mirada límpida y clara como agua corriente
Y que va derramando sobre todo, indiferente
Como el azul de cielo, los pájaros y las flores,
Sus perfumes, sus cánticos y sus dulces colores!

Se me hacen hasta infantiles, escritos por una jovencita primaveral. Que los tiempos cambian, ¡claro que sí! Ahora su obra es caramelo comparado con otras verdaderamente fuertes que no viene al caso mencionar. Pero el pobre de Charly se gano el mote del “Poeta Maldito” y nunca pudo quitárselo. Dios lo tenga a fuego lento.

Y ya que escribo sobre todo esto, han de perdonar mi osadía, voy a contarles algunos hechos de la vida real que les han sucedido a algunos varones por andar de “picos pardos” no se escandalicen que son parte de este cuento. Resulta que
nuestro héroe en turno se la pasaba muy tranquilo en el seno del hogar mientras su linda mujercita trabajaba y trabajaba. Dizque él hacía sus negocios por teléfono y hasta eso le iba bien, no gastaba en gasolina, no se asoleaba, ni se mojaba cuando llovía, ni hacía berrinches con los demás automovilistas, eso sí cumplía fielmente con la mesada.

Ella le había prometido que en cuanto tuvieran un hijo dejaba el trabajo para dedicarse íntegramente a las labores del hogar. Y así pasaron dos años en plena luna de miel. Pero un buen día para la mala fortuna de este joven, jugando tenis se rompe una pierna y fue a dar al hospital.

Desde luego le aviso de su accidente a su querida esposa a su trabajo y ella apurada y pensando que le había pasado algo más serio se dirigió a verlo. Llegó hasta la recepción preguntando por el señor X y una de las encargadas se le ocurre preguntarle que quien lo buscaba, ella dijo que su esposa. -Pues que raro –le contesto la fulana- porque su esposa se acaba de ir con su pequeño hijo en brazos. Nuestra heroína sintió que las piernas le flaqueaban y se iba a desmayar, más tomando de nuevo aliento le dijo- ¿De casualidad no estará confundiendo a mi esposo con otra persona? No señora, esta en el cuarto 22, usted lo puede checar. –La señora muy prudente no hizo ninguna escena en el hospital y se fue derechita a la habitación a visitar al infiel marido para que le diera una explicación ya que aún pensaba que era una equivocación y así se lo hizo saber él-

–Mi amor debe ser un error, ¡como crees que te voy a engañar si a ti te adoro con toda el alma, nunca te sería infiel!

La señora le creyó, pero cuando llegó a su departamento, -El marido se quedó hospitalizado, se encontró con la vecina una jovencita muy atractiva, más joven que ella, y le dijo que quería hablarle que era urgente. –¿De que se trata Marichuy sucede algo en tu casa, tus padres están enfermos, o tú? ¡Te noto pálida! -Es que no aguanto más y tengo que decirte la verdad. ¿-Pero que verdad? ¿De que tengo yo que enterarme?

-Que tu marido me enjaretó un hijo, -Rosalinda no daba crédito a lo que escuchaba- hoy lo fui a ver al hospital por que temí por él y para que arreglara esta situación, pero por lo visto no te dijo nada, a mí me dijo que se iba a divorciar de ti que porque tú no le podías dar un hijo. –Así que el infeliz mientras yo me iba a trabajar se entretenía contigo, y tú te prestaste a este juego sucio sabiendo que era casado ¿y hasta tus padres te solaparon? No puedo creer en tan semejante vulgaridad.

¿Sabes qué? Ambos me dan pena, a él lo creía un hombre de bien y a ti una persona decente pero veo que eres una mujerzuela. Confiaba en ti en que eras buena vecina y mira lo que resultaste. –Es que lo amo Rosalinda, lo amo con toda el alma y él también a mí y más ahora que tengo un hijo del. –Quítate, quítate de mi vista me das asco y no te golpeo por que no merezco mancharme las manos. No tiene objeto hablar con tus padres puesto que están en tu mismo nivel y sería rebajar mi dignidad.

-Al poco tiempo las amistades de Rosalinda supimos que se había divorciado, todos nos extrañamos de su actitud, puesto que es una mujer de hogar, enamorado de su marido, y aparte con mucha dignidad. Ella no deseo ser una burla para la amante y menos para él. El infiel la procuraba pidiéndole perdón, ella lo perdonó pero jamás lo volvió a ver en su vida.

Rosalinda jamás se volvió a casar, más sin embargo vive su vida como si nada hubiera pasado, sigue siendo la gentil y amable con todos, siempre con la sonrisa a flor de labios, en su trabajo todo mundo la adora al igual que sus hermanos con los cuales vive en armonía y siempre velando por ellos como si fuera su segunda madre a pesar de que no es la mayor.

Rosalinda, todo un ejemplo de mujer de gran entereza que aceptó con valentía y coraje su destino pero sin vivir amargada ni con la sombra del rencor. El hombre, aquel que no supo nunca lo que ella valía, murió años atrás. Jamás lo menciona y ni le gusta hablar del tema.