miércoles, 27 de mayo de 2009

De la serie El Barquero

Deje a mis ayudantes a cargo de la panga para ir a estirar las piernas un rato por las viejas calles del pueblo de altas banquetas, por aquello de la de las crecidas del río Lerma, y como otros muchos recubiertas de piedra bola. Me encamine a la plaza de armas, muy cerca del embarcadero y del mercado rumbo a la cantina del Quemado, ahí me echaría unos tragos. Pase por una de las casas del Burro de Oro, el famoso general Velarde, que como siempre estaba cerrada a piedra y lodo, no sabía si la habita alguien. Por aquellos ayeres corrían rumores de que las tropas leales al partido Liberal, se habían llevado al general imperialista a Zamora para fusilarlo en el jardín llamado El Teco, por ser adepto a la causa del emperador Maximiliano.

Toda la gente de Santa Mónica de La Barca, sabía que el famoso burro organizaba unos pachangones muy buenos, a los cuales invitaba a los rancheros pudientes de los pueblos vecinos así como a sus jóvenes hijas, para ver cual pescaba, deslumbrándolas con sus banquetes y opulencias y los murales que le había mandado hacer al famoso pintor Gerardo Suárez, en donde él aparecía con sus mejores galas y sus más hermosos caballos, así como con varias de sus concubinas. A pesar de su inmensa fortuna era un nombre analfabeta, tenía extensas tierras y ranchos tanto en Jalisco como en Michoacán. Yo no llegue a conocerlo, ni había nacido, ya que todo esto sucedió por los años de 1867, ahora está corriendo 1918, ocho años después de la Revolución.

Por fortuna por acá en occidente no nos fue tan mal como en el norte con aquellas matazones y gavillas de bandoleros, los hacendados tenían que enviar a sus hijas al extranjero o bien esconderlas hasta en bóvedas especiales. Esa tarde como en muchas otras, llegue con el Quemado, su cantina estaba sola, así que me tomé dos que tres tequilitas, platique un rato con él de varios chismes y me encamine a mi casa, por la calle de Nicolás Bravo pasando por la de mi amigo Chito, varios años más joven que yo, cuyo portón tenía un moño negro en señal de luto. Extrañado toque la aldaba saliendo una de las sirvientas de doña Mariquita, su mamá, a quien pregunté el porqué del luto. Con palabras y mirada triste me dijo que a Alfonso lo habían matado. ¿Cómo es posible? le contesté, si apenas hacía una semana que yo me había ido a Guadalajara a arreglar unos negocios y lo había visto como siempre tan quitado de la pena, gozando sus años mozos.

-No lo puedo creer tan joven, tan lleno de vida. ¿Quién fue el desgraciado que se atrevió hacer semejante cosa? no tiene madre.
-No lo sabemos, fue un pleito de cantina.
-Pero Transito ¿como de que no lo saben? si aquí en el pueblo todo se sabe enseguidita. ¡Dígamelo!
-Pa que quiere saberlo que se ganaría, ya lo hecho, hecho está. La pobre señora esta desecha, es un mar de lágrimas al igual que sus hermanos y el resto de la familia, ya se ha de imaginar usted.
-Pues me lo imagino, para mí todo esto es una sorpresa muy grande y desagradable, no salgo de mi asombro. Dios castigue a ese infeliz que le quitó la vida. ¿Está doña Mariquita? me gustaría darle el pésame.
-Ella junto con el resto de sus hijos fueron a la iglesia.
-Le dice que vine a darles el pésame; Dios la ayude en su penar, después vendré ya que esté más calmada.


De la rabia que me dio conocer la funesta noticia regresé con el Quemado ha echarme otros farolazos y a reclamarle al desgraciado el porqué no me había dicho nada.
-Mira Ruperto yo no sé dar malas noticias y conociéndote como te conozco te hubieras emborrachado y aquí estarías todavía bebiendo; yo sé que lo estimabas mucho, al igual que otros en el pueblo, era muy buena leña. Lo bueno que no la mataron en este negocio ya me lo hubieran clausurado, fue en el del Chino. Te compadezco mi cuate, pero así es la vida, que le vamos hacer.
-Pues sí, así es la pinche vida, a unos nos carga la chingada más pronto que a otros, haber dame una pinche botella pa’ que se me quite la pena.
-Ya ves Ruperto, apenas te lo dije y ya te quieres empedar y luego te da por el escándalo, mejor llévatela pianpianito; además no lo uses como pretexto, sino era nada tuyo, pa’ que te haces. Me imagino como te pondrías con un familiar muerto.

-Óyeme cabrón tú que sabes la estimación que le tenía, conmigo era muy jalador, un día hasta me presto una lana que necesitaba. Muchas veces lo traía y lo llevaba navegando de ribera en ribera. Además para que te explico, si tú ni amigos llegas; cuando te mueras por méndigo nadie va a ir a tu entierro. Ya ves, nunca
me has querido ni fiar.
-Tú siempre muestras el interés por delante Ruperto, para ti solo son amigos aquellos que te prestan y se emborrachan contigo, los que se van de farra, los demás valemos madre.
-Pinche Quemado si no te estimara no vendría a echarme los tragos contigo, nos conocemos desde chiquillos, a ti te dio abrir un negocio para emborrachar a las gentes y a mí por ser marinero. –Suelta la carcajada- Oye Quemado, dile al pinche cilindrero que toque unas piezas en honor de Chito. -Adalberto (El Quemado) le hace una seña al cilindrero, quien se acerca y comienza a darle vueltas a la manivela del viejo aparato-

-Así que en su familia –prosigue Ruperto- nomás quedan dos mujeres Carmen y Eloisa y dos hombres, Alfredo y Toño, esa casa se va a quedar muy triste sin las risas del buen Chito era el alma de la casa, era el único que tenía buen humor, los demás serios, serios. - Aunque te diré que de vez en cuando vienen a tomar la copa que también les gusta, solamente que se las dan de muy, muy. -Tan bonita casa que tienen Quemado, pero con mala suerte, ya ves que a doña Mariquita también le mataron al marido, yo lo llegue a conocer, no me explico como una familia tan linda y tan cristiana acabe en tragedia.
-Por sí no sabes Ruperto, todos nacemos con nuestro destino marcado, nadie cruza la raya a todos nos toca, a los ricos y pobres. Todos estamos apuntados en la lista de la calaca.
-Bonita casa de las mejores del pueblo, siempre me gustó, su fachada con seis balcones con barrotes de hierro forjado, con un pretil muy ancho en su interior para sentarse y saludar a los que pasaban por enfrente. Sus ventanales de madera con pistillos y cristales tallados con figuras de flores, enmarcados por elegantes cortinas, le daban un toque francés. Bueno según dicen, ya que yo no sé nada de eso, solo lo repito de oídas. Chito en una ocasión me invitó a pasar, ya no recuerdo ni a qué, dándome cuenta de lo bonito y amplio de la casa.

Un elegante y pesado portón de madera, siempre abierto de par en par, daba la bienvenida; a escasos tres metros se alzaba el cancel color plata con la enorme chapa y la llave pegada por dentro; pinches llaves no sé por qué las hacen tan grandotas no caben en la bolsa del pantalón. ¿Tú no llegaste a conocer la casa?
-No nunca fui requerido, tú porque hay andabas de metiche, con eso de que te sientes joven andas con la palomilla de muchachos.
-Estas pendejo, ellos son los que me buscan, hasta van a la barca para decirme que cuando nos vamos a echar un pegue. Pero déjame seguirte contando de la casa ya que no la conoces. Alrededor del corredor están los cuartos, y en medio un pozo rodeado de un chingo de macetas y plantas de las más diversas. Entre esos cuartos esta la sala; muebles tapizados en terciopelo color tinto, una media alfombra, y uno que otro cuadro adornando sus paredes. –El cantinero lo escucha mientras limpia varios vasos-

Techo muy altos lucen su consabida manta encalada cubriendo las pesadas vigas, con orificios abiertos en cada una de sus esquinas con anillos latonados, para que respiren y la humedad no les afecte. –Sí así esta una casa que conozco de un cliente bien tomador. Por cierto se andaba cogiendo a una de las gatas. –Cabrón Quemado como te enteras de tantas pinches cosas. –Mi cabrón las paredes oyen y más aquí. –Bueno dejame seguir contándote; sobre el corredor se ubica el comedor y junto la espaciosa cocina que luce su enorme pretil y anafre y la indispensable campana por donde escapan los más deliciosos aromas que se mezclan con los que despiden las flores de los limoneros y naranjos, dispuestos en medio del patio. –Así que te metiste hasta la cocina mi buen. –¡Oh no interrumpas que se me va la onda! De los muros cuelgan jaulas con diversidad de aves canoras. Al fondo se encuentra la huerta y los baños; ese tiene una banquetota de medio metro de alto, con una tabla ancha encima, con tres aberturas para que te sientes y arrojes la mierda, la de mi casa solo tiene una.

-Presumido a mí se me hace que te cagas en el corral. –Ganas tienes Quemado. -¿De cagar? No gracias lo hago por las mañanas. –Buey, de tener un baño como el mío. Ah pues te decía, la huerta, que da hasta el río tiene hasta troje; así como un chingo de árboles frutales, entre los que hay, naranjas, limones, toronjas, guamúchiles, guayabas y otras variedades. En la puerta de entrada a la huerta hay una regadera al aire libre que en tiempos de calor, Chito me contaba, era una delicia. (El Quemado bosteza pero Ruperto no se da por aludido y continúa)

Te diré aquí entre nos que a mí nunca me hizo falta esa dichosa regadera, ya que cuando el calor sube, me echo un clavado desde la panga al río, refrescándome de lo lindo sin necesidá de la presumida regadera, así que no lo envidio. En la casa me baño a jicarazos, que chingaos con agua fresca que saco del pozo.
-Oye mi buen Ruper, me he quedado apantallado con la detallada de la casa,
nunca te imaginé tan metiche y curioso, bueno me lo imaginaba, por eso nunca te voy a invitar a la mía, eres muy fijado, debieras dedicarte a escritor.

-Pos es lo que quiero hacer, una novela de la vida de Chito, se la merece. Fíjate, hasta he notado que la calle de Chito hace cerrada con la iglesia de San Nicolás; iglesia, que construyeron por el 1660 y exactamente del ancho de la propia calle, que chistoso. De seguro para que los fieles se metan derechito al templo, pa’ que no anden con rodeos. Pos exactamente a un lado del templo tienes tu humilde casa, no es tan grande como la de Chito, pero pa’ mis dos viejas y yo con eso tengo. Yo en lugar de huerta tengo corral con mis animalitos. –Ujule, ahora hasta me saliste historiador, después de todo no eres tan pendejo para ser barquero.

-Que te sucede si los barqueros estamos graduados en la marina, no somos cualquier buey, sabemos lo de las mareas, lo de las tormentas, aguas turbulentas, las brújulas. –Sí como no, ahora a cualquier pinche remero le dice hombre de mar, en tu vida has visto una playa más que en fotografía. Mejor Ruperto ya no tomes que estás delirando, las veces que me he subido a tu barca eres tan mal marinero que me mareo. –Tú te mareas hasta con los caballitos de la feria, y cuando te tomas tus changirongos y cuando ves a una mujer guapa, pero eres re mariquita ya que le sacateas. –Pónteme mi cabrón y vas haber como te va. ¿Ya en serio porque no te has casado Adalberto? –Es que no he encontrado a la vieja de mis sueños, siempre tengo pesadillas; ya ves tú como te quejas de tu pobre suegra, siempre estas renegando de ella. Por hay supe que tienes otra vieja… -No seas mal pensado, una es mi mujer y la otra la metiche de mi suegra. ¡Ya no aguanto a la cabrona! Entre ella y su hijita no me dejan en paz, no me puedo tomar mis tequilitas en casa porque ya me empiezan a joder de que soy un borracho, eso sí, cuando llevo la lana, hasta me quieren besar las patas.

-Te digo que andas mal de la cabeza, te da por platicar cosas que ya me has contado como ochenta mil veces, he estado en tu casa varias veces, Tienes que ir al doctor para que te revise esa cabezota. Mira que contarme de la iglesia, ni que fuera yo un turista, hasta risa me da. Y sabes porqué no te acuerdas de cosas, porque el alcohol se está chupando tu celebro, poco a poco te lo va quemando. En fin tú sabes lo que haces, te digo todo esto porque te estimo. Yo si fuera tu vieja haría igual, ¿quien aguanta a un pinche borracho?
-Mira mira, tú dándotelas de santo si eres más pedo que yo.
-Cabrón cuando me has visto tomar en el negocio.
-Pero que tal afuera del, eso sí aquí muy seco y allá muy mojado de alcohol.
-Siquiera que respeto mi trabajo no que tú andas siempre pedo en la barca, no me explico porque no te has hundido.
-Critican mi desempeño, dicen que eso no es trabajar, que eso de pasear de una orilla a otra a la gente es de huevones. ¡A poco quieren que los carguen mis cabrones! –Le grita a los presentes que van llegando- Sí como no, sobre todo cuando llevan sus bultos. ¿Así que como la ves? No les gusto como capitán, les gustaría verme de mondrigo cargando costales y sudando como burro. ¡Pues no!

Bueno amigo Quemado, ya ves hasta así te dicen por lo quemado que estás, eres un cartucho muy quemado.- El barquero suelta otra carcajada misma que hace enojar a Adalberto diciéndole-
-Por que no te largas de una buena vez, así será menos la chinga que te meta tu suegra.
-Creo que tienes razón, los tequilas que me tomé me han hecho acordarme del Chito, así que entraré al templo a rezar por él, antes de llegar con las brujas.
–Pos haber si te dejan entrar ya que con tu pinche aliento vas a emborrachar a todos. –Ahora el que ríe es él- Ruperto antes de entrar a la iglesia se quita el sombrero, se persigna y se va a arrodillar cerca del altar en donde se pone a orar como todo buen cristiano. Varias lágrimas corren sus mejillas y sacando su paliacate se las limpia y se suena tan fuerte que una pareja de señoras ratonas de Iglesia se le quedan viendo feo. Las mira y les sonríe apenado y de una buena vez se limpia el sudor que le corre por el cuello. Después de varios minutos se levanta, se santigua y se dirige a la salida cuando en eso se topa con el señor cura quien le dice-

-Hola Ruperto, que milagro que se te ve en la casa de Dios. ¡Ni por ser su vecino!
-Vengo seguido padre, lo que sucede es que usted nunca se deja ver.
-Que se me hace que me estas diciendo mentiras, ¿tú te estas creyendo que no doy misas? ¿A propósito, hace cuanto tiempo que no te confiesas?
-Uh padre, ya ni me acuerdo, pero hace poco creo.
-A mi se me hace que desde que hiciste tu primera comunión no lo haces. –En eso el señor cura se lleva las manos a la nariz diciéndole- Este tufo que me llega no es vino de consagrar, ¡como te atreves venir a ver a nuestro señor Jesús con aliento alcohólico!
-Padre pero si no vengo borracho, si apenas me tome tres caballitos, apenitas para no sentirme tan triste.
-¿Qué es lo que te sucede, se puede saber?
-Vengase padre le invito unas pa’ platicarle lo que traigo dentro.
-Mira Ruperto mejor otro día nos las echamos, por ahora yo soy el que te va a invitar a que me platiques lo que traes, se te ve abatido. Acompáñame a que te tomes un café en mi casa, te tranquilices, para que no llegues así a la tuya, sígueme.

-Ay señor Cura pero si he llegado pior y no pasa nada. –La iglesia se comunicaba a la casa del señor cura, por medio de una pequeña puerta, una vez en la sala invita a Ruperto a tomar asiento, mientras le dice a su sirvienta que prepare dos cafés-
-Se nota que vive muy a gusto, sobre todo no tiene que correr para dar misas. –Le dice Ruperto observando todos los rincones-
-Así es hijo mío, me gusta la comodidad, pero también la austeridad, el lujo no va conmigo.
-Pos está raro padre porque la mayoría de sacerdotes que yo conozco les encanta presumir lo que tienen.
-Existe de todo hijo, de todo, hay unos que no hacen votos de pobreza. Pero dejemos eso a un lado y dime, ¿que es lo que te aflige? Platícame como se lo platicarías a un amigo.

-¡Ejele! Lo que quiere usted es que me confiese.
-Nada de eso, ni siquiera traigo mi hábito, además no puedo obligar a nadie en contra de su voluntad, yo sería el que estaría pecando. Anda dale un trago al café y platícame lo que te sucede.
-¿Pero de qué padre Prado? Si ni siquiera nos vemos seguido. Usted va más seguido a la panga que yo a la iglesia.
-Por desgracia nos vemos rara vez, tienes razón. Tú eres el que me debes muchas visitas, se las debes al Señor, quien es quien te cuida en tus travesías y travesuras.
-Ni que fuera tan difícil padre, rara vez vienen corrientes fuertes, el río siempre esta en calma chicha y no tengo tiempo como antes de hacer travesuras. Ya no estoy pa’ esos trotes.
-Yo no te considero ningún viejo, te veo como de cuarenta y tantos. Recuerda hijo que hagamos lo que hagamos el Señor siempre nos acompaña. Para él no hay tareas difíciles ni fáciles. No hay pecadores chicos y pecadores grandes, todos somos iguales. ¿Ahora dime, que te hizo venir a la iglesia si nunca te paras por aquí? Disculpa que peque de curioso.

-Se murió un amigo, del sentimiento me dan ganas de tomar y de no hacer nada.
-¿Lo querías mucho?
-Pos sí padre, pa’ que decirle que no, pero en buena lid no piense mal, a mí no me da por comer lentejas con popotes.
-¿Hijo que dichos son esos?
-Me hacía la ilusión de un día llegar a tener un hijo como él. Era muy jovial y alegre, nos llevábamos bien a pesar de que podía ser su padre. ¡Me hubiera gustado serlo, si viera! ¿Eso es pecado?
-Querer a alguien como a un hijo no es nada de pecado, no lo es porque no existen las malas intenciones. Pero dime habiendo tantos muchachos por que él te gustaba para ser tu hijo.
-Ya le dije padre que me atraía su forma de ser conmigo, de vez en cuando me pedía consejos, sobre todo desde que mataron a su padre. Lloraba su recuerdo en mi hombro y yo me sentía muy importante, siendo un barquero insignificante.
–Ruperto se enjuga las lágrimas, mientras el padre se lleva a la boca su tasa de café- Mí mujer nunca me pudo dar un hijo, así que lo idealice en su persona. El día que me lo dio, nació muerto, más o menos tendría la edad de este muchacho.
-¿Y dices que lo mataron?
-Si padre en plena juventud, por una cosa sin importancia, pleito de muchachos, afigúrece… ¡Pleitos de cantina!
-Que barbaridad es una cosa muy lamentable el que los muchachos no teniendo en que entretenerse se metan a las cantinas solo a envilecerse con el alcohol, y también la gente grande, ¿verdad? Pero dime cuando aconteció el crimen, por que lo que sé es que al que mataron fue a Chito el hijo de doña Mariquita.

-Ese mismo es del que le estoy hablando padre, del mismo.-Una verdadera tragedia, a mi también me dolió mucho, el día de ayer estuve con su familia están sumamente abatidos, lo bueno que la señora Mariquita es muy fervorosa, ella siempre esta junto a Dios y toma las cosas con más calma que los hijos.
Por más cariño que le hayas tenido a Chito, no es motivo para que te metas a la cantina, ya ves, yo también lo estimaba y mucho. Además puedes adoptar un hijo, aún estas fuerte.
-Es lo que le digo a mi vieja, pero ella dice que esta tranquila así como vive, que ya no piense en hijos, que porque la hiero, le remuevo viejos recuerdos.
-Le voy a pedir a Dios que los ayude sobre todo a ti por haber perdido a tu amigo, más no te desesperes y cuéntame lo que aconteció. Es bueno echar las penas para afuera y no quedarte con ellas martirizándote el alma.
-Ruperto suspira sacando sus cigarros del bolsillo de la camisa- ¿Puedo fumar padre?

-Claro si lo deseas, a mí no me molesta el humo para nada. –Ruperto lo enciende y comienza a contarle al padre sobre la pena que le embarga- Pos mire padre Prado, desde luego lo primero es por lo de mi hijo de mis entrañas, lo segundo que ya no aguanto a mi suegra viviendo en la casa solo siembra la cizaña entre mi vieja y yo, la tercera pos la muerte de este muchacho Chito. –Creo que estas tomando muy apecho todo lo que te sucede, no vcreo que tu señora suegra no te quiera a ti, solo que le ha de disgustar como a muchos, como a tu esposa por ejemplo, que te estén emborrachando muy seguido eso te va a llevar a la muerte.
Lo de tu amigo a mi también me duele pero no es para agarrar la jarra y olvidarme de todo lo demás. Chito ya esta en mejor vida, Dios lo tiene ensu gloria, de eso estoy seguro, era muy buen muchacho a pesar también que le gustaba el alcohol.
Lo siento mucho por su esposa toda una niña y su pequeño hijo. Por ahí he escuchado que se quiere ir a la capital en donde están sus padres que también son de por aquí, solo que se fueron como muchos otros a buscar fortunas. Es natural que la muchacha desee estar con ellos, es una desgracian haberse quedado viuda tan joven.

¿Me imagino que la conoces verdad? –De lejos padre, de lejos, no me le he querido ni acercar. –Deberías ir a darle el pésame si es que dices que eras tan amigo de Chito. –Es que me da no se que padre, siento muy feo. -Yo que tú llevaría a mi esposa y suegra a que me acompañaran a dar el pésame, pero eso sí, sobrio. ¿Qué te cuesta dejar el vino? Ese vino que por momentos te hace ser el mejor hombre de la tierra y al rato el más infeliz; eso no esta nada bien. Acuérdate que el negocio de la barca, de tu panga, se puede ir a pique, nadie te lo cuida mejor que tú, al ojo del amo engorda el caballo. Ahora no no te digo que te quites el vino de sopetón, llévatela tranquilo, comienza por tomar menos y poco apoco lo irás dejando, pero tienes que tener voluntad, mucha fuerza de voluntad. También servirá para que te vayas quitando la fama de borracho que tienes. –Ruperto saca su paliacate y se suena- Tiene usted la razón padre, le agradezco mucho sus palabras, quizás el maldito vicio es el que me hace infeliz y malo ante los ojos de los demás.

Hora lo verá, le voy a pedir mucho a nuestro señor y la virgencita que se apiaden de mí, también usted ruegue por esta alma tan corrupta padre. –Tú eres muy buen hombre Ruperto continúa por la senda del bien, deja el vicio, a las malas amistades y dedícate a trabajar con ahincó. –Ah carajos ¿Qué es ahínco padre?
-El padre ríe- Ahínco es meterle ganas a las cosas que haces, meterle cariño, amor, y no gastarte tu dinero en las cantinas. –Tiene razón padre ya estoy harto de esta vida que llevo; sabe le voy a dedicar a mi amigo Chito dejar el vicio, lo voy hacer por él, en su honor. –Me da mucho gusto escucharte decir esto Ruperto, él desde el cielo te lo agradecerá, vas a ver. Así que sácate al demonio de dentro y vuelve a la vida y se feliz con los tuyos. Lleva a tu mujer con un doctor, con un siquiatra, para que la cure del trauma que le aqueja y pronto vuelvan a tener no uno, sino más hijos. Y al rato vas a contar con más pangas, una para cada hijo que Dios te de, y todos a cruzar el río a lo largo y a lo ancho.

-Ruperto poco a poco fue cambiando, se retiro del vicio, tuvo hijos y siempre caminaba con la frente en alto. Iba muy seguido con su familia a visitar al panteón a Chito, a aquel joven de nombre Alfonso que fue tan buen amigo con él. Supo que Mercedes su viuda se había ido a la capital con todo y su hijo, ya que la abuela Mariquita deseaba que se lo dejara, y que con el tiempo ella se había casado con un buen hombre y que tuvo varios hijos más-










Calma corazón

Calma corazón, ¿Cuál es la prisa?
¿Por qué de repente te ha entrado el desazón?
¿Esa inquietud, esa zozobra?
Si en el fondo bien sabes que nunca será tuya
que solo fue un pequeño juego, que tu tiempo
ya paso.

Acaso tu ego salio lastimado por haberte creído
todo un don Juan
no me hagas reír, por favor yo te lo pido
Pensaste que en pocos días la flor ibas a cortar
Pobre iluso ya no eres la sombra de lo que fuiste,

Toda la fogosidad se te invirtió
solo hay espejos opacos, luciérnagas sin luz
caminos oscuros por los que tienes que
pasar.

Los huesos se han vuelto viejos, el cerebro se ha
oprimido, las ideas ya han volado a confines muy
lejanos, difíciles de encontrar.

Ya no estas para soñar, viejo corazón de miel,
Ya no estas para atraer a las doncellas al panal
Es hora de que sientes cabeza, que no te hagan
divagar, Tú ya tienes lo tuyo, ¿para qué más
anhelar?

¿Acaso solo para lastimar y sentirte contento de
tu falsedad?

Ya no voltees para atrás, viejo corazón de miel
Las puertas se van cerrando, los caminos se van
llenando de nostalgias y altivez.
El miedo recorre por tu cuerpo sin que nada puedas
ya hacer

Más que apoyar la cabeza en la almohada y dejar
ya de soñar

sábado, 23 de mayo de 2009

La fama

La fama

La fama te llega cuando no la esperas y no
resulta un milagro sino más bien suerte que te
dan tus relaciones y la proyección que ya tienes
cobijada entre el talento y tus brazos

La fama que te espera con sus ramas de laurel
para tañer el laúd, para tocar las fanfarrias para
que te sientas héroe no solo de una batalla sino
de miles de ellas

En ocasiones resultas efímera, tu nombre se borra
pronto de las páginas de la historia, es cuando
toda la estructura de tu obra resulta hueca sin
cimientos, ni alma y tu comportamiento no ha sido
ejemplo que digamos para el resto de la humanidad

¡Oh triste y alegre fama a donde nos llevarás!
Quizás nunca te conozcamos, nunca pisemos el dintel de
su gloria porque no te merecemos como otros grandes
granujas que sin saber el como ni el qué, se han quedado
contigo, con todo y tu talismán

¡Que envidia, que envidia nos dan, quizás sí te merecieron!

miércoles, 20 de mayo de 2009

Influencias e influenzas

Era jueves lo recuerdo muy bien, ya que es el día en que unos amigos y yo, nos reunimos en un bar a jugar domino y tomarnos la copa o las cervezas, además nos agrada el lugar desde hace años atrás porque hay un pianista muy bueno que nos ameniza y calma los momentos de desesperación o de enojo cuando se equivoca el compañero. Dan buenas botanas, “tapas” dirían los españoles, o entremeses los ingleses, el caso es que la pasábamos de maravilla y por si fuera poco quien atiende las mesas, bueno no precisamente a las mesas, sino a los clientes que están sentados en sillas junto a ellas, las mesas; soy así de específico porque sino me comienzan a criticar. Eso de decir: Nos sentamos a la mesa, como que no suena lógico, ya que no se sienta uno sobre de ellas. Hay que llamar al pan, pan y al vino, vino, sobre todo cuando la profesión es periodista, me refiero a mí persona, por que los otros compañeros y cuates, tienen diversas actividades; Toño es publicista, Andrés, licenciado, y Elías, arquitecto.
Cuando falta alguno de ellos, sobra quien nos haga el “cuarto” ya que hay bastantes parroquianos que se sientan en la barra a tomar sus tragos y están atentos para hacer el quite. Por fortuna las apuestas son bajas, que si no acabaríamos a moquetes, ya que nos encanta discutir echándonos la culpa los unos a los otros. Para evitar esas situaciones incomodas, optamos de común acuerdo jugar en rondas, o sea que nos vamos cambiando de lugar y de compañero. Me dirigí a la cita un poco antes de tiempo para estar puntual; en cuanto salí del periódico se me vino encima un señor aguacero de esos de rompe y rasga, una señora tormenta que hasta quería perforar los techos de los autos, cuando menos el mío suena como si lo estuvieran taladrando y peor que estaba cayendo granizo del de bola grande, del que deja los techos aboyados. Lo sentía por el coche de Elías, el tiene un Mercedes del año, deportivo.
Me fui manejando con precaución ya que mis llantas no son de esas de “agarre al piso” sino que las condenadas son fabricadas en China, así que se han de imaginar; en cada bache que caía le rogaba a Diosito que no se me fuera a reventar alguna. ¿Qué por que compré chinas sabiendo que son malas? Por la sencilla razón de que eran las que me fiaban, además nunca salgo a carretera y nunca corro a más cuarenta sería un milagro, ya que en la ciudad la máxima velocidad a la que puedes correr es a cuarenta y no por las leyes de tránsito, sencillamente por el tráfico tan infernal que hay. Han de disculpar, menciono primero a Dios y luego al diablo, como si no tuviera más vocabulario para expresarme como un verdadero cristiano, apostólico y rumano, perdón, Romano.
Que casualidad tengo otro amigo que se llama Romano y no es gladiador, es laminero, es el que me arregla los golpes de mi auto, sobre todo las defensas que son las que más se me amuelan de mi bocho modelo 85. No lo he cambiado por la sencilla razón de que me ha salido muy bueno, pero para que les explico, más de uno de ustedes queridos lectores, han tenido bocho o me van a decir que puro Jaguar y Cadillac. Yo antes tenía una calcomanía que decía: Mi otro coche es un Porche, pero se la quité se me hacía medio sangrón; bueno a mí no a la que andaba conmigo unas semanas atrás, la muy ingrata ahora sí que me cambio por un mejor automóvil, como si el automóvil hiciera a la persona y no al contrario. Que pena me tocó una interesada de las muchas que por desgracia existen, pero ya viéndolo fríamente, es muy natural que ellas busquen su seguridad. Hay un dicho que dice que cuesta el mismo trabajo enamorarse de un pobre que de un rico. Ya ven ahora como se estila que la mujer trabaje y muchas llegan a ganar más que el marido, lo que con el tiempo viene ocasionando problemas conyugales, y decirle a una niña de esas que tenga hijos, es pedirle que renuncie a una vida cómoda y holgada y a los pesos que le deja su empleo. Habrá mucho amor pero no se arriesgará mientras al pobre esposo no le vaya bien, para este tipo de féminas el ganar bien es arriba de los cuarenta mil billetes al mes, está cañón.
Estoy un poco disgustado ya que cuando llegué al bar no estaba ninguno de mis cuates, pensé que también se les había hecho tarde por la lluvia, o pensarían que ninguno de nosotros iba a presentarse por la tormenta que se abatía y todo batía de fango y mugre, alcantarillas abiertas, postes caídos, lo mismo que árboles, anuncios y muchos negocios sin luz, como sucedió con éste que se iluminaba a base de lámparas de gas, que mucho le favorecía porque se veía muy romántico, sobre todo por la música en vivo del pianista, pero cosa rara el lugar estaba medio vacío, se escuchaban zumbar las moscas cuando el maestro no tocaba, hasta se me hizo raro ya que siempre los jueves esta a reventar.
También culpé de la situación a la tormenta. Pensé esperarlos media hora, era lo único que podía hacer, de perdida tener esa cortesía; en caso de no completarnos, echar mano de algún substituto, dije “substituto” para que no hayan malos entendidos. La barra estaba también solitaria, así que me fui a platicar con Federico, el barman cuate mío. Lo malo que en la barra no atendían nuestras amigas las meseras, que eran tan jaladoras, en el buen sentido de la palabra; que muchas de las veces no nos cobraban varias rondas, motivo de que les diéramos sus buenas propinas.
-Oye Federico debido a la lluvia no llegan los clientes y tampoco mis amigos, creo que ya me dejaron planchado, esto esta más solo que el panteón. –Se me quedó viendo riéndose y me contesto- Que yo sepa los panteones están siempre llenos, ya no cabe ni un alma. –Tienes razón, tan es así que ya los ponen en gavetas en diferentes pisos como si fueran archiveros. -Ambos soltamos la carcajada- Federico pues ni hablar mis cuates no vinieron tampoco, son una bola de semillones. –Creo que hacen bien, -Me dijo Federico- con esta agua y luego la famosa influenza esta para no salir, todo mundo le teme a la gripe porcina, yo estaría en casa pero tengo necesidad de talachar. –Voy hacer sincero contigo Frederic, ni por aquí me pasó la pinche peste, he andado tan ocupado entrevistando a los políticos con motivo de sus próximas campañas que lo único que quería era llegar y echarme una dominada y unas copas con los amigos. Además no soy de esos culerillos que le tienen miedo a todo, hasta dicen que el gobierno instrumentó esta movida para desviar la atención de cosas más importantes. Qué casualidad que apenas se fue el presidente negrito y nos llegó la influenza. –A lo mejor Arturo, ya no sabe uno en que creer, como que el pueblo ya perdió la fe en sus políticos, son puros ladrones con unos sueldazos como si de verdad trabajaran. Ganan más que un industrial bajita la mano, con la ventaja que no tienen que pagar obreros y otras cosas. Para colmo de males nos llegó una orden de las autoridades de que desde mañana ya no vamos a abrir hasta nuevo aviso, que chinga nos van a poner. ¿De donde voy a para el chivo? Mi mujer tendrá que apoquinar, ahora le toca a ella de sus guardaditos.
En cambio estos sinvergüenzas que les apura, viven mejor que reyes rodeados de guaruras y de casas y departamentos de lujo. Ese que se dice “presidente” ¿de donde saca tanta lana para sus viajes por toda la república? Todos son iguales, además para que te lo digo si tú bien sabes como se manejan, es gente sin valores y si los tienen, los tienen en las casas de bolsa.
¿Haber porque ustedes los periodistas no nos dicen la verdad? –Por la sencilla razón que también a nosotros nos la ocultan. A poco van hacer tan pendejos de decirnos como sacan su lana y les tienen casas a sus queridas. Pero dime Federico que le vamos hacer, somos un pueblo sumiso y amante de la paz. -Sí paz, paz, acostumbrados a que nos den de palos, somos unos agachados.
–¿Y que propones Federico que armemos una revolución? Que nos ganamos con la que hubo, nada, hacemos de los bandoleros héroes. Voltea los ojos a otros países socialistas, ve a sus presidentes como son los dueños de donde viven; cómo son de poderosos y los bienes que poseen. Para no ir tan lejos, aquellos isleños que cuando tienen para sopa se les llena de barbas. Sus gentes son sus esclavos, ellos rigen sus destinos. Volviendo a nuestro país con todo lo que gastan en sus cochinas campañas a cuanta gente no vestirían y les darían de comer, cuidarían de su salud, y no hubiera peste que se introdujera por nuestras fronteras. Pero así semos Federico, échame otro trago para el coraje. -¿Por la política? –No hombre esos cabrones ni me interesan, por mis pinches amigos que me dejaron plantado y ni siquiera una pinche llamadita. –En eso se acerca Tanya una de las meseras, la más joven y guapa y le dice a Arturo-
-No este triste mi rey que yo lo voy a consolar. -¿Se puede saber como? –La mujer se acerca a Arturo diciéndole al oído varias palabras a lo que Arturo le contesta- -¿Y ahora ese cambio tan repentino? Siempre te roge a que salieras conmigo y ni siquiera me pelabas; ¿será que ahora no hay moscas alrededor del pastel? – No, no era eso, lo que sucedía que tenía novio y ya termine con él, me apenaba ponerle los cuernos, pero ahora ya no me importa, además siempre me has gustado y mucho. –Pues en mal momento me lo sueltas preciosa, ahora que dicen las autoridades sanitarias que no hay ni que saludar de beso, ni abrazos, ni mucho menos encamarse, por que te lo lleva patas de cabra. Creo que por ahorita nadie se acerca a la mujer amada ni al hombre.
Ve como anda la cochina influenza por todos lados. –Va, dicen que el alcohol cura todo, hay tu veras si saliendo de aquí nos llevamos una botellita de las buenas. -¿Querrás una de coñac? Me sales muy cara. -No hombre de esas no, de esas más baratas y también de las otras, las que tanto anuncian para lavarnos las manos y otras cosas, dizque desinfectan todo.
–Discúlpame amiga pero ya me siento medio resfriado y no vaya hacer la de malas y te la pegue.
–Arturo estornuda y tanto Federico y la muchacha se apartan de él como de rayo, saca su pañuelo y se suena y le dice a Federico- ¿Cuánto te debo mi cuais? -No te preocupes Arturo, ahora que pase la influenza me pagas y vámonos rápido por que aquí espantan. -¿Y el pianista? -Le pregunta Arturo, volteando hacia el piano- Creo que fue el primero que corrió al escuchar que estornudaste.
-Bueno pues me iré, ¿cuando vas a abrir? –En cuanto pase el pánico me tendrás otra vez por acá, haber que dice el patrón. –Arturo le extiende la mano para despedirse y Federico no se la da-
-Disculpa amigo pero acuérdate que no hay que dar la mano, más vale prevenir que lamentar.- Tiene razón –Le dice Arturo y volteando a ver a Tanya le dice- Mira mi amor lo menos que puedo hacer por ti es llevarte a tu casa, así brindaremos, claro si me invitas una copa por que pase todo este desmadre. –¿Qué, las compañas políticas? -No preciosa, la influenza esta que nos esta jodiendo y encima de todo esto, la pinche economía y todo lo que trae aparejado. –Mira mi amor, -le dice Tanya- ya mejor ni platiquemos de cosas tristes, mejor vámonos haber que cosas se nos ocurre untarnos.

Tú y yo

Tú y yo

Tú eres la luna
Yo una nube
Tú eres el sol
Yo un planeta
Tú la mar
Yo la cascada

Tú la laguna
Yo el estanque
Tú la luz
Yo en crepúsculo

Tú la tormenta
Yo la tempestad
Tú la flor
Yo los cardos

Tú eres mi todo
Yo la mitad