miércoles, 20 de mayo de 2009

Influencias e influenzas

Era jueves lo recuerdo muy bien, ya que es el día en que unos amigos y yo, nos reunimos en un bar a jugar domino y tomarnos la copa o las cervezas, además nos agrada el lugar desde hace años atrás porque hay un pianista muy bueno que nos ameniza y calma los momentos de desesperación o de enojo cuando se equivoca el compañero. Dan buenas botanas, “tapas” dirían los españoles, o entremeses los ingleses, el caso es que la pasábamos de maravilla y por si fuera poco quien atiende las mesas, bueno no precisamente a las mesas, sino a los clientes que están sentados en sillas junto a ellas, las mesas; soy así de específico porque sino me comienzan a criticar. Eso de decir: Nos sentamos a la mesa, como que no suena lógico, ya que no se sienta uno sobre de ellas. Hay que llamar al pan, pan y al vino, vino, sobre todo cuando la profesión es periodista, me refiero a mí persona, por que los otros compañeros y cuates, tienen diversas actividades; Toño es publicista, Andrés, licenciado, y Elías, arquitecto.
Cuando falta alguno de ellos, sobra quien nos haga el “cuarto” ya que hay bastantes parroquianos que se sientan en la barra a tomar sus tragos y están atentos para hacer el quite. Por fortuna las apuestas son bajas, que si no acabaríamos a moquetes, ya que nos encanta discutir echándonos la culpa los unos a los otros. Para evitar esas situaciones incomodas, optamos de común acuerdo jugar en rondas, o sea que nos vamos cambiando de lugar y de compañero. Me dirigí a la cita un poco antes de tiempo para estar puntual; en cuanto salí del periódico se me vino encima un señor aguacero de esos de rompe y rasga, una señora tormenta que hasta quería perforar los techos de los autos, cuando menos el mío suena como si lo estuvieran taladrando y peor que estaba cayendo granizo del de bola grande, del que deja los techos aboyados. Lo sentía por el coche de Elías, el tiene un Mercedes del año, deportivo.
Me fui manejando con precaución ya que mis llantas no son de esas de “agarre al piso” sino que las condenadas son fabricadas en China, así que se han de imaginar; en cada bache que caía le rogaba a Diosito que no se me fuera a reventar alguna. ¿Qué por que compré chinas sabiendo que son malas? Por la sencilla razón de que eran las que me fiaban, además nunca salgo a carretera y nunca corro a más cuarenta sería un milagro, ya que en la ciudad la máxima velocidad a la que puedes correr es a cuarenta y no por las leyes de tránsito, sencillamente por el tráfico tan infernal que hay. Han de disculpar, menciono primero a Dios y luego al diablo, como si no tuviera más vocabulario para expresarme como un verdadero cristiano, apostólico y rumano, perdón, Romano.
Que casualidad tengo otro amigo que se llama Romano y no es gladiador, es laminero, es el que me arregla los golpes de mi auto, sobre todo las defensas que son las que más se me amuelan de mi bocho modelo 85. No lo he cambiado por la sencilla razón de que me ha salido muy bueno, pero para que les explico, más de uno de ustedes queridos lectores, han tenido bocho o me van a decir que puro Jaguar y Cadillac. Yo antes tenía una calcomanía que decía: Mi otro coche es un Porche, pero se la quité se me hacía medio sangrón; bueno a mí no a la que andaba conmigo unas semanas atrás, la muy ingrata ahora sí que me cambio por un mejor automóvil, como si el automóvil hiciera a la persona y no al contrario. Que pena me tocó una interesada de las muchas que por desgracia existen, pero ya viéndolo fríamente, es muy natural que ellas busquen su seguridad. Hay un dicho que dice que cuesta el mismo trabajo enamorarse de un pobre que de un rico. Ya ven ahora como se estila que la mujer trabaje y muchas llegan a ganar más que el marido, lo que con el tiempo viene ocasionando problemas conyugales, y decirle a una niña de esas que tenga hijos, es pedirle que renuncie a una vida cómoda y holgada y a los pesos que le deja su empleo. Habrá mucho amor pero no se arriesgará mientras al pobre esposo no le vaya bien, para este tipo de féminas el ganar bien es arriba de los cuarenta mil billetes al mes, está cañón.
Estoy un poco disgustado ya que cuando llegué al bar no estaba ninguno de mis cuates, pensé que también se les había hecho tarde por la lluvia, o pensarían que ninguno de nosotros iba a presentarse por la tormenta que se abatía y todo batía de fango y mugre, alcantarillas abiertas, postes caídos, lo mismo que árboles, anuncios y muchos negocios sin luz, como sucedió con éste que se iluminaba a base de lámparas de gas, que mucho le favorecía porque se veía muy romántico, sobre todo por la música en vivo del pianista, pero cosa rara el lugar estaba medio vacío, se escuchaban zumbar las moscas cuando el maestro no tocaba, hasta se me hizo raro ya que siempre los jueves esta a reventar.
También culpé de la situación a la tormenta. Pensé esperarlos media hora, era lo único que podía hacer, de perdida tener esa cortesía; en caso de no completarnos, echar mano de algún substituto, dije “substituto” para que no hayan malos entendidos. La barra estaba también solitaria, así que me fui a platicar con Federico, el barman cuate mío. Lo malo que en la barra no atendían nuestras amigas las meseras, que eran tan jaladoras, en el buen sentido de la palabra; que muchas de las veces no nos cobraban varias rondas, motivo de que les diéramos sus buenas propinas.
-Oye Federico debido a la lluvia no llegan los clientes y tampoco mis amigos, creo que ya me dejaron planchado, esto esta más solo que el panteón. –Se me quedó viendo riéndose y me contesto- Que yo sepa los panteones están siempre llenos, ya no cabe ni un alma. –Tienes razón, tan es así que ya los ponen en gavetas en diferentes pisos como si fueran archiveros. -Ambos soltamos la carcajada- Federico pues ni hablar mis cuates no vinieron tampoco, son una bola de semillones. –Creo que hacen bien, -Me dijo Federico- con esta agua y luego la famosa influenza esta para no salir, todo mundo le teme a la gripe porcina, yo estaría en casa pero tengo necesidad de talachar. –Voy hacer sincero contigo Frederic, ni por aquí me pasó la pinche peste, he andado tan ocupado entrevistando a los políticos con motivo de sus próximas campañas que lo único que quería era llegar y echarme una dominada y unas copas con los amigos. Además no soy de esos culerillos que le tienen miedo a todo, hasta dicen que el gobierno instrumentó esta movida para desviar la atención de cosas más importantes. Qué casualidad que apenas se fue el presidente negrito y nos llegó la influenza. –A lo mejor Arturo, ya no sabe uno en que creer, como que el pueblo ya perdió la fe en sus políticos, son puros ladrones con unos sueldazos como si de verdad trabajaran. Ganan más que un industrial bajita la mano, con la ventaja que no tienen que pagar obreros y otras cosas. Para colmo de males nos llegó una orden de las autoridades de que desde mañana ya no vamos a abrir hasta nuevo aviso, que chinga nos van a poner. ¿De donde voy a para el chivo? Mi mujer tendrá que apoquinar, ahora le toca a ella de sus guardaditos.
En cambio estos sinvergüenzas que les apura, viven mejor que reyes rodeados de guaruras y de casas y departamentos de lujo. Ese que se dice “presidente” ¿de donde saca tanta lana para sus viajes por toda la república? Todos son iguales, además para que te lo digo si tú bien sabes como se manejan, es gente sin valores y si los tienen, los tienen en las casas de bolsa.
¿Haber porque ustedes los periodistas no nos dicen la verdad? –Por la sencilla razón que también a nosotros nos la ocultan. A poco van hacer tan pendejos de decirnos como sacan su lana y les tienen casas a sus queridas. Pero dime Federico que le vamos hacer, somos un pueblo sumiso y amante de la paz. -Sí paz, paz, acostumbrados a que nos den de palos, somos unos agachados.
–¿Y que propones Federico que armemos una revolución? Que nos ganamos con la que hubo, nada, hacemos de los bandoleros héroes. Voltea los ojos a otros países socialistas, ve a sus presidentes como son los dueños de donde viven; cómo son de poderosos y los bienes que poseen. Para no ir tan lejos, aquellos isleños que cuando tienen para sopa se les llena de barbas. Sus gentes son sus esclavos, ellos rigen sus destinos. Volviendo a nuestro país con todo lo que gastan en sus cochinas campañas a cuanta gente no vestirían y les darían de comer, cuidarían de su salud, y no hubiera peste que se introdujera por nuestras fronteras. Pero así semos Federico, échame otro trago para el coraje. -¿Por la política? –No hombre esos cabrones ni me interesan, por mis pinches amigos que me dejaron plantado y ni siquiera una pinche llamadita. –En eso se acerca Tanya una de las meseras, la más joven y guapa y le dice a Arturo-
-No este triste mi rey que yo lo voy a consolar. -¿Se puede saber como? –La mujer se acerca a Arturo diciéndole al oído varias palabras a lo que Arturo le contesta- -¿Y ahora ese cambio tan repentino? Siempre te roge a que salieras conmigo y ni siquiera me pelabas; ¿será que ahora no hay moscas alrededor del pastel? – No, no era eso, lo que sucedía que tenía novio y ya termine con él, me apenaba ponerle los cuernos, pero ahora ya no me importa, además siempre me has gustado y mucho. –Pues en mal momento me lo sueltas preciosa, ahora que dicen las autoridades sanitarias que no hay ni que saludar de beso, ni abrazos, ni mucho menos encamarse, por que te lo lleva patas de cabra. Creo que por ahorita nadie se acerca a la mujer amada ni al hombre.
Ve como anda la cochina influenza por todos lados. –Va, dicen que el alcohol cura todo, hay tu veras si saliendo de aquí nos llevamos una botellita de las buenas. -¿Querrás una de coñac? Me sales muy cara. -No hombre de esas no, de esas más baratas y también de las otras, las que tanto anuncian para lavarnos las manos y otras cosas, dizque desinfectan todo.
–Discúlpame amiga pero ya me siento medio resfriado y no vaya hacer la de malas y te la pegue.
–Arturo estornuda y tanto Federico y la muchacha se apartan de él como de rayo, saca su pañuelo y se suena y le dice a Federico- ¿Cuánto te debo mi cuais? -No te preocupes Arturo, ahora que pase la influenza me pagas y vámonos rápido por que aquí espantan. -¿Y el pianista? -Le pregunta Arturo, volteando hacia el piano- Creo que fue el primero que corrió al escuchar que estornudaste.
-Bueno pues me iré, ¿cuando vas a abrir? –En cuanto pase el pánico me tendrás otra vez por acá, haber que dice el patrón. –Arturo le extiende la mano para despedirse y Federico no se la da-
-Disculpa amigo pero acuérdate que no hay que dar la mano, más vale prevenir que lamentar.- Tiene razón –Le dice Arturo y volteando a ver a Tanya le dice- Mira mi amor lo menos que puedo hacer por ti es llevarte a tu casa, así brindaremos, claro si me invitas una copa por que pase todo este desmadre. –¿Qué, las compañas políticas? -No preciosa, la influenza esta que nos esta jodiendo y encima de todo esto, la pinche economía y todo lo que trae aparejado. –Mira mi amor, -le dice Tanya- ya mejor ni platiquemos de cosas tristes, mejor vámonos haber que cosas se nos ocurre untarnos.

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