Deje a mis ayudantes a cargo de la panga para ir a estirar las piernas por las viejas calles del pueblo de altas banquetas por aquello de las crecidas del río Lerma, y como otras muchas recubiertas de piedra bola. Me encamine a la plaza de armas muy cerca del embarcadero y del mercado rumbo a la cantina del Quemado, ahí me echaría unos tragos. Pase por una de las casas del Burro de Oro, el famoso general imperialista Francisco Velarde, que como siempre estaba cerrada a piedra y lodo. Por aquellos ayeres corrían rumores de que las tropas leales al partido Liberal, se habían llevado al general a Zamora para fusilarlo en el jardín llamado El Teco, por ser adepto a la causa del emperador Maximiliano.
Toda la gente de Santa Mónica de La Barca, sabía que el famoso burro organizaba unos saraos muy buenos, invitando a los rancheros pudientes, así como a sus jóvenes hijas, para ver cual pescaba, deslumbrándolas con sus banquetes y opulencias, mostrándoles los murales que le había ordenado a Gerardo Suárez, famoso pintor de aquella época, prometiéndoles que si ganaba sus favores, ellas aparecerían en sus pinturas. Los rostros de las mujeres ahí plasmadas eran sustituidos de continuo según las damas en turno, aunque la vestimenta continuaban siendo la misma.
Desde luego él era el personaje central apareciendo con sus mejores galas y hermosos caballos. También mandó pintar en su residencia de Buenavista otros murales con el mismo tema que no era otro más que él y sus concubinas. El general a pesar de su inmensa fortuna era un nombre analfabeta; teniendo extensas tierras y ranchos tanto en Jalisco como en Michoacán. Yo no llegue a conocerlo, ni había nacido, ya que todo esto sucedió por los años de 1867, ahora está corriendo 1918, ocho años después de la Revolución.
Por fortuna por acá en occidente no nos fue tan mal como en el norte, con aquellas matazones y gavillas de bandoleros, en donde los hacendados enviaban a sus hijas al extranjero o las escondían. Después de recordar estos pasajes de nuestra historia salpicadas de leyendas, llegue con el “Quemado” a su piquera, me tomé dos que tres tequilitas, platique un rato con él de varios chismes, me encamine a mi casa por la calle de Nicolás Bravo pasando por la de mi amigo Chito Gómez, varios años más joven que yo, cuyo portón tenía un moño negro en señal de luto. Alarmado toque la aldaba saliendo una de las sirvientas de doña Mariquita su mamá, ha quien pregunté alarmado el porqué del moño.
Con palabras y mirada triste me dijo que a Alfonso lo habían matado. ¿Cómo es posible? -Le contesté, si apenas hacía unos días lo había visto como siempre tan quitado de la pena, gozando sus años mozos. No lo puedo creer tan joven, tan lleno de vida. Le dije a Tránsito la sirvienta- ¿Quién fue el desgraciado que se atrevió hacer semejante pendejada? no tuvo madre, me dan ganas de matarlo.
-No se preocupe que ya se le adelantaron, quien hizo semejante canallada a las pocas horas lo balacearon. –Pero Tránsito dime como pasó. –A según dicen que el joven Chito murió por defender a uno de sus amigos, fue un pleito de cantina. La pobre señora esta desecha, es un mar de lágrimas al igual que sus hermanos y el resto de la familia, ya se ha de imaginar.
-Para mí era una terrible sorpresa, no salgo de mi asombro. ¿Está alguien en la casa? me gustaría darles el pésame.
-Nadie, la señora Mariquita junto con el resto de sus hijos fueron a la iglesia.
-Le dice que vine a darles el pésame; Dios la ayude en su congoja, voy a encontrarlos a la iglesia, ¿en cual están? –En la parroquia, ahí son las misas.
De la rabia que me dio conocer la funesta noticia ya ni fui al templo, regresé con El Quemado ha echarme otros farolazos y a reclamarle al desgraciado el porqué no me había comentado de la tragedia.
-Mira Ruperto yo no sé dar malas noticias y conociéndote como te conozco te hubieras emborrachado y aquí estarías todavía libando; yo sé que lo estimabas mucho, al igual que otros amigos en el pueblo y alrededores; era muy conocido y estimado por todos, era buena leña. Lo bueno que no la mataron en este negocio, aunque claro no sirve de consuelo, pero me lo hubieran clausurado, fue en el del Chino. Te compadezco mi cuate, pero así es la vida, que le vamos hacer.
-Pues sí, así es la pinche vida; así que a ti solo te importó que no haya sido aquí, ¡eres un cabrón! –Oye, oye, mide tus palabras, desde cuando nos llevamos. –Pues si no te gusta jamás me volveré a parar en tu pinche negocio, aunque no te lo hayan clausurado, es lo único que te preocupa cabrón.
–No lo tomes así Ruperto, yo solo cuido mi negocio. –Sí ya sé que solo te interesa la lana y que muy poco te importan los cuates. Haber dame una pinche botella de tequila pa’ que se me quite la pena y ahora de puro coraje me la fías, ¿Oh qué? –Al ver tan disgustado a Ruperto, El Quemado accedió y le puso la botella sobre el mostrador.
-Ya ves Ruperto, apenas te lo dije y ya te quieres empedar y luego te da por el pleito, mejor llévatela piampianito; además no lo uses como pretexto él no era nada tuyo, pa’ que te haces que la virgen te habla si ni siquiera te parpadea. Me imagino como te pondrías tú con un familiar muerto.
-Óyeme cabrón tú que sabes la estimación que le tenía a Chito, conmigo era muy jalador, un día hasta me presto una lana que necesitaba. Muchas veces lo llevaba en mi panga navegando de ribera en ribera. Además para que te explico, si tú ni amigos llegas; cuando te mueras por méndigo nadie va a ir a tu entierro.
-Tú siempre muestras el cobre por delante Ruperto, para ti solo son amigos aquellos que te prestan y se emborrachan contigo, los que se van de farra, los demás valemos madre.
-Pinche Quemado si no te estimara no vendría a echarme los tragos contigo, nos conocemos desde chiquillos. A ti te dio por manejar el negocio de tu padre para emborrachar y a mí por ser marinero y a mucho orgullo. –Suelta la carcajada la cual al instante se convierte en un rictus de dolor al recordar al amigo asesinado, y volteando a ver al Quemado le dice
-Dile al pinche mariachi que comiencen a tocar las canciones que le gustaban al Chito.
-Adalberto (El Quemado) les hace una seña y el del violín se acerca comentándole- -Escuche que el barquero quiere unas canciones de las que le gustaban al Chito, también a nosotros nos duele el que lo hayan matado, así que van por nuestra cuenta, no faltaba más. Dios lo tenga en su gloria, no así al hijo de la chingada que lo asesino. –Ruperto deja la barra yéndose a sentar a una de las mesas del rincón más apartado llevándose la botella y su copa, los mariachis lo siguen rodeándolo y cantándole; sus lágrimas se confunden con los tragos del tequila-
-El barquero no se puede quitar de la mente la ausencia de Chito y se dice para sus adentros- Así que en su familia nomás quedan dos mujeres Carmen y Eloísa y dos hombres, Alfredo y Toño; esa casa se va a quedar muy triste sin las risas del buen Chito era el alma de la casa, era el único que tenía buen humor, los demás serios, serios. - Aunque de vez en cuando con sus hermanos tomamos la copa y sacaban a flote su buen humor. Tan bonita casa la de doña Mariquita a la cual también le mataron al marido, o sea al papá de Chito. Yo llegue a conocer a don Antonio todo un señorón, joven por cierto, los muchachos sus hijos apenas eran unos escuincles. No me explico como a una familia tan linda y tan apegada a Dios les pasen estas terribles tragedias. –El barquero lleva la copa a sus labios se la toma de un jalón y enciende un cigarrillo quedándose con la vista fija en el techo. En eso se acerca compasivo El Quemado y se sienta a su lado-
-Por sí no sabes Adalberto todos nacemos con nuestro destino marcado, nadie cruza la raya a todos nos toca tarde o temprano, a ricos, o jodidos, a todos; máxime cuando le buscas ruido al chicharrón. Estamos apuntados en la lista negra de la pinche calaca. –Tienes razón Ruperto nadie sabe cuando nos va a tomar por sorpresa. ¡Que chingaos! Ya le dije a los muchachos que se encarguen de la barra, tengo ganas de brindar a la salud del Chito, ¡qué carajos! Al fin y al cabo yo soy el dueño y puedo hacer lo que me de mi chingada gana. –Gracias Adalberto después de todo eres buena leña, no me dejas tomar solo.
¿Te he contado Adalberto que siempre me gustó la casa del Chito? Siempre soñé con una así de bonita, de las mejores del pueblo. Su fachada con seis balcones con barrotes de hierro forjado, con un pretil muy ancho en su interior para sentarse y saludar a los que pasaban. Sus ventanales de madera con pistillos y cristales tallados con figuras de flores, enmarcados por elegantes cortinas, le daban un toque francés. –¿Y tú? desde cuando acá te la das de conocedor si nunca has salido de tu pinche barca, de tu pinche río. –Pero he leído mi cabrón, entre viaje y viaje me agarro mis libros no soy tan burro como tú. Chito en una ocasión me invitó a pasar a su casa, dándome cuenta de lo bonita y grande. –A mí nuca se me hizo conocerla, no son mis rumbos. –El barquero continúa con la plática- -Un elegante y pesado portón de madera siempre abierto de par en par, da la bienvenida; a escasos tres metros se alza el cancel de hierro forjado color plata, y a los lados del recibidor hay una pintura con un lago y cisnes.
Alrededor del patio de ingreso están los cuartos, y en medio un pozo rodeado de un chingo de macetas y plantas de las más diversas. Entre esos cuartos esta la sala; muebles tapizados en terciopelo color tinto, una media alfombra, y uno que otro cuadro adornando sus paredes. Me llamó la atención un cocodrilo que tienen disecado, dizque lo cazó Toño el hermano.
Techo muy altos lucen su consabida manta encalada tapando las pesadas vigas, con orificios abiertos en cada una de sus esquinas con anillos latonados, para que respiren y la humedad no les afecte. –El Quemado se exprime en la boca una mitad de limón dándole un trago a su tequila y otro a su cerveza, Ruperto El Barquero hace lo mismo, mientras el mariachi continúa tocando. El Quemado se limpia la boca con la manga de la camisa, hablando- Sí, así es una casa que conozco de un cliente que vive exactamente en la plaza principal, son unas señoras casonas. –Bueno déjame seguir contándote Quemado; el corredor desemboca en donde esta el comedor y junto la espaciosa cocina que luce su enorme pretil y anafre y la indispensable campana por donde escapan los más deliciosos aromas que se mezclan con los que despiden las flores de los limoneros y naranjos, dispuestos en medio del patio. –¿Ah poco te invito a comer? –No, pero si a almorzar unas ricas corundas.
–Así que te metiste hasta la cocina mi buen. –¡Oh no interrumpas que se me va la onda! De los muros cuelgan jaulas con chingos de aves trinadoras. Al fondo se encuentra la huerta y el baño que tiene una banquetota de medio metro de alto, con una tabla ancha con tres aberturas para que te sientes y arrojes la mierda, en mi casa solo tengo un solo agujero. –El Quemado suelta la risa y le dice- -¡Si tuvieras más hoyos serías fenómeno! –Pendejo hablo de la tabla del baño, del hoyo que va a la fosa séptica. –¡Uh no aguantas una broma! Presumido, a mí se me hace que te cagas en el corral.
–Ganas tienes Quemado. -¿De cagar? No gracias lo hago por las mañanas. –Buey, de tener un baño como el mío. Ah pues te decía, la huerta da hasta el río, tiene hasta troje; así como un chingo de árboles frutales, entre los que hay, naranjas, limones, granados, guamúchiles, guayabas y otras variedades de árboles. En la puerta de entrada a la huerta hay una regadera al aire libre que en tiempos de calor, Chito me contaba, ahí se bañaba. (El Quemado bosteza pero Ruperto no se da por aludido y continúa)
Te diré aquí entre nos a mí nunca me ha echo falta regadera, ya que cuando el calor sube, me echo un clavado desde la panga al río, refrescándome de lo lindo sin necesidá de la presumida regadera, así que no la envidio. En la casa me baño a jicarazos, que chingaos con agua fresca del pozo.
-Oye mi buen Ruper, me he quedado apantallado con la detallada de la casa, nunca te imaginé tan metiche y curioso, bueno me lo imaginaba, por eso nunca te voy a invitar a la mía, eres muy fijado, debieras dedicarte a escritor.
-Pos es lo que quiero hacer, una novela de la vida de Chito, se la merece. Fíjate, hasta he notado que la calle de Chito hace cerrada con la iglesia de San Nicolás que construyeron por el 1660 y es exactamente del ancho de la propia calle, que chistoso. De seguro para que los fieles se metan derechito al templo, pa’ que no anden con rodeos. Pos exactamente a tres cuadras tienes tu humilde casa, no es tan grande como la de Chito, pero pa’ mis dos viejas y yo con eso tengo. Yo en lugar de huerta tengo corral con mis animalitos. –¡Ujule! Ahora hasta padrote me saliste con dos viejas. –Sí buey, mi suegra y mi mujer, la Chole. Imagínate tener dos viejas viviendo juntas, me traen por la calle de la amargura, por eso hay veces que duermo en la panga ahí nadie me friega. Duermo muy agusto ya que el vaivén de las olas me arrulla, en cambio en la casa estoy a dos fuegos, las dos viejas roncan de lo lindo. –Ambos hacen una pausa y luego dicen, ¡Salud pues! –Oye Luis, -Le dice Ruperto al del violín- Échate aquella que dice rayando el sol.
-Ya había caído la tarde cuando El Barquero salió de la cantina bien alumbrado, dirigía sus pasos a su casa cuando de pronto hasta la borrachera se le quitó cuando se topa con el padre Prado- -Y ahora tú Ruperto, ¡mira nada más como bienes! Háblame de lado por que me vas a emborrachar. –Es que estoy muy triste porque se murió un amigo. -¿De que amigo hablas? –Pues de Chito, aquel simpático muchacho, al que lo vi crecer, que muchas veces hizo viajes en mi panga rumbo a Bellavista llevando costales de semillas para su tío Nacho Gómez, en donde conoció a su esposa Mercedes en uno de esos viajes, una muy linda joven que ha quedado viuda casi siendo una niña.
-Que me vas a contar a mí si yo oficié la misa por su descanso eterno, fue una gran pérdida, sobre todo que deja a la pobre chica con un hijo de brazos, casi recién nacido. Que le vamos hacer son los designios de nuestro Señor. Y tú que mal haces en rendirle tributo a su memoria emborrachándote, usándolo de disculpa, eso no está nada bien. Deberías, si tanto lo estimabas como dices, guardarle respeto no tomando y menos usándolo como pretexto.
-De verdad me dolió mucho su muerte padre. –Lo comprendo como a todos, pero no por eso ves a todo el pueblo tomado. Ven vamos platicando, sirve que me encaminas a mi casa para no irme solo y se te baje con el sereno el cohete que traes.
-Disculpe padre el estado en que me encuentro, la borrachera que traigo atravesada es de sentimiento. Me hacía la ilusión de un día llegar a tener un hijo como Chito, tan jovial y alegre, nos llevábamos bien a pesar de que podía ser su padre. ¡Me hubiera gustado serlo, si viera! ¿Eso es pecado?
-Querer a alguien como a un hijo no es nada de pecado, no lo es porque no existen las malas intenciones. Pero dime, habiendo tantos muchachos por que te gustaba para ser tu hijo.
-Ya le dije padre que me atraía su forma de ser conmigo, de vez en cuando me pedía consejos, sobre todo desde que mataron a su padre. Lloraba su recuerdo en mi hombro y yo me sentía muy importante, siendo un barquero insignificante. También me conto que andaba apurado por que se había llevado a la Meche, que qué le aconsejaba. Pos le dije lo que todo hombre debe hacer, casarse con ella, y mire que le cumplió cabalmente y ahora por desgracia esto.
–Ya a las puertas de la casa del padre invita a pasar al Barquero quien después de hacerse del rogar acepta-
-Déjame invitarte un café te va a caer de maravilla. –Se lo agradezco padre, sirve que me sereno. –Ruperto se enjuga las lágrimas, mientras ambos toman su tasa de café.
-Déjeme contarle padre, mí mujer nunca me pudo dar un hijo, el día en que me lo dio fue el día más doloroso para mi mujer y yo, ya que nos nació muerto: así que lo idealice en la persona de Chito, más o menos mi hijo tendría la edad de este muchacho.
-No pensaba que lo estimaras tanto, fue una verdadera tragedia, a mi también me dolió. He estado todos estos días con su familia a quien quiero; doña María siempre se ha portado muy linda conmigo desde que me vine al pueblo, y es lo menos que podría yo hacer. Admiro la entereza de esta mujer y lo apegada que siempre ha sido a Dios, es una verdadera santa, todos los días a misa de siete de la mañana. Tú, te lo repito Ruperto, por más cariño que le hayas tenido a Chito, no es motivo para que te metas a la cantina; además puedes adoptar un hijo, aún estas fuerte.
-Es lo que le digo a mi vieja, pero ella dice que esta tranquila así como vive, que yo ya no piense en hijos, que porque la hiero, le remuevo los recuerdos.
-Le voy a pedir a Dios que los ayude sobre todo a ti por haber perdido a tu amigo y porque el Señor les envíe un hijo. ¿Ya te sientes mejor con el café? –Si padre muchas gracias y también por sus consejos. Hora lo verá, insistiré con mi mujer en adoptar a un bebe, eso nos cambiará la vida estoy seguro, ya tendremos para quien vivir, porque al paso que vamos la suegra se nos va, ya esta anciana y sería bueno que mi vieja se entretuviera con un chavito pa’ no llorarle mucho a su madre.
-Sí Ruperto un hijo llena toda la vida, lo amargo lo convierte en dulce, se olvidan las penas y endereza caminos. Yo sé que ustedes serían buenos padres, así que adelante que la vida continúa. Hablando de hijos, el de Chito, parece ser que su mamá se lo quiere llevar a la capital en donde radican sus padres y hermanos y tiene mucha razón quiere estar junto a ellos. Es tan niña que apenas hará bien. Doña Mariquita le ha suplicado que se quede a vivir con ella pero es muy natural que ella busque refugio en sus padres, la sangre llama. Por otra parte a que se queda aquí, hasta le haría daño estar recordando a Chito y ya ves como son en el pueblo la señalarían constantemente: ¡Mira hay va la viuda, a la que le mataron al marido! mejor que se vaya hacer una vida nueva.
-Ora lo verá, le voy a pedir mucho a nuestro señor y la virgencita que se apiaden de ellos, de esta joven madre y su pequeño hijo. Si yo siento dolor, ella lo siente más que yo.
Iré con mi mujer a darle el pésame sirve que conozco al hijo de Chito, lo haré antes de que se vayan, no me quedaré con las ganas. –Tú eres muy buen hombre Ruperto continúa por la senda del bien, deja el vicio, a las malas amistades y dedícate a trabajar con ahincó. –Ah carajos –Le dice rascándose la cabeza- ¿Qué es ahínco padre? -El padre ríe-
-Ahínco es meterle ganas a las cosas que haces, meterle cariño, amor, y no gastarte tu dinero en las cantinas. –Tiene razón padre ya estoy harto de esta vida que llevo. Sabe, le voy a dedicar a mi amigo Chito dejar el vicio, lo voy hacer por él, en su honor.
–Me da mucho gusto escucharte decir esto Ruperto, él desde el cielo te lo agradecerá, vas a ver. Así que sácate al demonio de dentro y vuelve a lo tuyo, no compres penas ajenas, se feliz con los tuyos. Lleva a tu mujer con un doctor para que la cure del trauma que le aqueja y pronto vuelvan a tener no uno, sino muchos hijos. Veras que al rato vas a tener que comprar más pangas, una para cada hijo que Dios te de, y todos a cruzar el río a lo largo y a lo ancho. Ese río que fluye como la vida misma, en donde unos se embarcan para el viaje eterno y otros nos quedamos remando mientras llega nuestro momento, ya que cada uno tiene su propia orilla, su propio desembarcadero.
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Calma
Calma corazón, ¿Cuál es la prisa?
¿Por qué de repente te ha entrado el desazón?
¿Esa inquietud, esa zozobra?
Si en el fondo bien sabes que nunca será tuya
que solo fue un pequeño juego, que tu tiempo
ya paso.
Acaso tu ego salio lastimado por haberte creído
¿Todo un don Juan?
No me hagas reír, por favor yo te lo pido
Pensaste que en pocos días la flor ibas a cortar?
Pobre iluso ya no eres la sombra de lo que fuiste,
Toda la fogosidad se te invirtió
Solo hay espejos opacos, luciérnagas sin luz
Caminos muy oscuros por los que tienes que
pasar.
Los huesos se han vuelto viejos, el cerebro se ha
oprimido, las ideas ya han volado a confines muy
lejanos, difíciles de encontrar.
Ya no estas para soñar, viejo corazón de miel,
Ya no estas para atraer a las doncellas al panal
Es hora de que sientes cabeza, que no te hagan
Divagar, Tú ya tienes lo tuyo, ¿para qué más
Anhelar?
¿Acaso solo para lastimar y sentirte contento de
tu falsedad?
Ya no voltees para atrás, viejo corazón de miel
Las puertas se van cerrando, los caminos se van
Llenando de nostalgias y altivez.
El miedo recorre por tu cuerpo sin que nada puedas
Ya hacer. Más que apoyar tu cabeza y dejar ya de soñar
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