domingo, 11 de octubre de 2015

lA GARZA PRINCESA 

Era el tiempo de los faraones, Edip se concretaba a pasar su vida arando su campo de trigo 
y no tenía otras diversiones más que salir por las tardes a contemplar el Nilo. Veía las barcas que lo cruzaban y se le antojaba ser marino, Había escuchado comentarios de varios hombres de mar y se le antojaba ir a desembarcar a tierras desconocidas a la vez que extrañas, pero a la vez le tenía temor al río unas veces tranquilo otras furioso. Un día en que lo había ido a observar mirando el horizonte, se sentó a la sombra de una palmera y poco a poco se quedó dormido. De pronto vio que una garza iba a ser atacada por un cocodrilo y actuando rápido sacó de entre sus ropas su honda y disparó en contra del enorme lagarto. Eso dio tiempo a que la garza levantara el vuelo antes de que le trozara las débiles patas la terrible bestia. El cocodrilo de inmediato volvió a las profundidades del sagrado río. 
Edip prosiguió su sueño tranquilamente. En eso sintió que algo le rozaba el hombro con mucha insistencia, giro su mano para sacudirse al intruso pero está chocó con algo duro lastimándose la mano, de inmediato volteo a ver que le había golpeado, era la garza blanca y hermosa que deseaba recargar su largo pico en el hombro de Edip quien de inmediato se levanto de la sombra donde descansaba. El ave retrocedió unos cuantos pasos ya que temía que el muchacho la fuera atacar, pero no, le tendió la mano en señal amigable y esta dócilmente  se dejó acariciar doblando graciosamente su hermoso cuello el cual enredaba en el brazo de Edip. De pronto las plumas de la garza se irisaron  
viéndola con extrañeza Edip ya que había demostrado simpatía hacia él, y agitando furiosamente las alas arremetió hacia un costado del muchacho, el cual tuvo que hacerse a un lado ya que pensó que lo iría a lastimar. Más no fue así, la garza blanca había visto que un enorme escorpión estaba a punto de morder a Edip  matándolo a picotazos. El muchacho en agradecimiento la abrazó con ternura llegando a él al hacerlo un agradable aroma, un perfume que sacudió todo su ser, abrió los ojos y vio que lo que estaba abrazando no era una simple garza, sino una hermosa joven correspondiendo a su abrazo. -¿Pero como es ésto posible?  si tú eras una simple garza. -Ya vez, -le contestó la garza- Yo me encontraba encantada por un terrible brujo de mi secta el cual me dijo que solo un abrazo lleno de amor me iba a sacar de mi encanto. Gracias a Ra ha sido tú. 
(CONTINUARÁ)  

martes, 6 de octubre de 2015

LA TORMENTA

LA TORMENTA 

Se aproxima una tormenta, el cielo comienza a dibujar grandes nubarrones grises sobre su azul  añil, las aves vuelan a los árboles para encontrar refugio en sus nidos. Hasta los perros callejeros buscan asilo en los recovecos de las entradas. Los peatones aceleran el paso, los automovilistas comienzan a ponerse nerviosos deseando pronto llegar a sus casas, pero para su desgracia las largas filas de vehículos les impiden meter el acelerador a fondo, solo se escucha el rugir de los potentes motores y los bocinazos de los desesperados hombres del volante. Los semáforos dan la impresión de que se encuentran aletargados, los espacios que emiten de luz se hacen más largos. Todo es incertidumbre y desasosiego, todos se pregunta: Llegaré antes de la tormenta? Y si me agarra en el paso a desnivel la inundación? ¡Chin! Y ahora que no traje paraguas. ¿Como me hubiera gustado que volviera la moda de las gabardinas, pero no, están en desuso. (Se dice uno de ellos) Espero que no se me vayan a mojar los frenos y me vaya a estrellar contra un árbol o caiga en una atarjea destapada. O peor tantito, que me caiga un árbol encima por el fuerte viento. 

Cuando llueve apenas si puedo ver por que los limpiadores funcionan lentamente y  no les he cambiado los hules. El aire acondicionado no funciona y no puede arrojar vapor caliente al parabrisas para que despeje la bruma y pueda ver mejor. Ya estoy harto de este automóvil, ya es hora de cambiarlo, me me está haciendo viejo y al rato cuando lo quiera vender no me van a dar ni quinto por él. Pero dinero es lo que me está haciendo falta, si lo tuviera mandaría arreglar el auto de todo a todo, pero tendré que esperar a ahorrar. Con todo tan caro ya es difícil  apartar unos dineritos en el cochinito, todo se va en comida y pagar que la luz, el gas, el cable, la renta, etc. 
Pinche gobierno nos dice que todo se va a arreglar y al contrario todo sube. Si uno que es clase media se queja, que serán los pobres, ¿qué harán para comer?  Para hacerlo tiene que trabajar toda la familia y cada uno aportar su parte. Pero en mi caso es distinto, gracias a Dios solo quedamos en la casa mi esposa y yo, los hijos ya viven cada quien por su lado casados, con su propia familia, pero aún así hay que talonearle, no queda de otra. 

El hombre continuaba pensando en sus problemas cuando en eso le cierra un auto último modelo y le da un ligero golpe, en ese preciso momento se desata el diluvio; piensa en apearse pero no lo puede hacer ya que va en el segundo carril y varios autos le estorban, además quien lo golpeo encontró la oportunidad de escabullirse metiéndose a una lateral. El pobre hombre no sabía si llorar o reír, lo único que se le ocurrió hacer fue mentarle la madre con el claxon. Tardó en llegar a su casa pero llegó en medio del tormentón. Se  estacionó, por fortuna había lugar en donde siempre deja el auto, y esperó unos minutos a que se calmara el aguacero pero éste no tenía trizas de quitarse, y eso que ya había pasado el cordonazo de San Francisco. Pues ni modo, tomó el periódico que traía a un lado, el que le habían obsequiado, cubriéndose lo que pudo con él. No fue mucho lo que lo tapó, abrió la puerta de su departamento y notó que se encontraba a oscuras, iba a prender la luz cuando en eso alguien la hizo accionar comenzando a escuchar las Mañanitas, aplausos y risas. A la primera que vio fue a su esposa con un gorro y un espanta suegras quien se le fue a los brazos llenándolo de besos y luego a sus hijos quienes lo llenaron  de cariños y de regalos, ahí también estaban parte de sus hermanos y de su familia en general. 

De inmediato aquella cara sombría y triste se le lleno de alegría al ver su fiesta sorpresa acordándose de que era su cumpleaños. Aceptó la copa que le tendió su sobrino brindando con todos los presentes. Al poco rato se escuchó el conocido estribillo de ¡Queremos pastel, pastel  y no tuvo más remedio que ir a partirlo. Lo que le había sucedido esa tarde se quedó en donde se tenía que quedar, afuera de su casa. Cerrando la puerta se desconectó dejando atrás los problemas y pensando con alegría. -¿Y mañana?  ¡Mañana será otro día!

  

sábado, 19 de febrero de 2011

Y...

Y que voy hacer con esta pasión que confundo con amor
Y qué si me refundo en el infierno en donde todo arde
como mi corazón cuando te veo

Y qué podría hacer yo para apartarme de ti si me llamas
como las nubes al agua, como la lumbre al fuego, como
la rama al fruto, como al pez el agua, el pan al hambriento
la fe al cristiano y las penas al llanto

Y qué, si me hundo en tus abismos, o me elevo con el aroma
de tu perfume que me embriaga y enloquese de la noche a
la mañana si no te aspiro en las sabanas o en los pasos en que
te sigo como perrito faldero

Y qué, si mañana muero en mi negro porvenir sin que a nadie
le importe
Si mi incineran o entierran ¿puede ser lo mismo al querer
resucitar? O me iré por esos caminos torcidos en donde habitan
los lobos y no hay ni para comer

Y si soplo y te apago como círio quedandome en tinieblas y jamás
te pueda ver
Y qué, si nunca me abres la puerta falleciendo en el lumbral muy
lejos de la alcoba en donde das calor y abrigo a quien necesita de ti

Mejor me voy de tu vera, retomaré los senderos árduos aquellos
con los que me fatigué al hacerlos con mis manos, gritándote
desde la cumbre que prefiero estar solitario al que me asesinen los
celos esos que siento por ti

Y qué que te diga adiós, ahí te quedarás por siempre como el coral
en el mar

martes, 15 de septiembre de 2009

Que es la muerte, ¿es el final de la vida? ¿Y quien nos ha dicho que esto es vida? Quien ha llegado hasta nosotros para demostrarnos lo contrario. ¿No será al revés que la muerte es la verdadera vida? Porque cabe la pregunta del porque la buscó tanto el Señor encontrándola en la cruz bendita al tamaño de su cuerpo.

La vida es un transporte en el que vamos llegando a diferentes terminales, somos turistas del mundo sin necesidades de pasaportes o identificaciónes ni de huellas dactilares. Y aún sabiendo que vamos a llegar al final del camino, nos aterra y paraliza el saber que moriremos como todo ser humano, hasta ellos los que valían tanto, nuestros padres y parientes que nos dejaron dolientes.

¿No deberíamos estar feliz de desprendernos de esta coraza que nos cubre y convertirnos en espíritus de luz, volar por los amplios firmamentos en donde no hay miserias ni llantos, en donde solo paraíso para todos por igual? El temor nuestra propia conciencia nos lo ha infundado, otras gentes hablan de las muertes como si ya no hubiera más allá del arcoiris. Tanto sufrimiento, tanta penalidad, tanta sangre derramada, tanta lágrima vertida, ¿de que sirvio? ¿Acaso para hacernos tontos? Pero de que sirve que discutamos, de qué armémos tantos misterios si la muerte es una y simple, ya no te puedes quedar en este mundo de vivos nos vamos a trasladar a otro mundo mejor. Ten la seguridad que pronto allá nos veremos.

lunes, 27 de julio de 2009

Mea culpa

Hay veces que siento deseos de volar
dejar de pisar la tierra, desprenderme
del mundano cuerpo transformándome
en cuervo para aprender a guiñar
hurtando los objetos que más amas
para levantar con ellos un obelisco
a la amistad que perdure muchos años
por los siempre jamás

Volar y observarte desde las altas ramas
atrás del espeso follaje para que tú no me
veas atisbar por la ventana cuando te colocas
frente al espejo cepillando tu blonda cabellera
que brilla bajo la luna de luz
Marco precioso de tu rostro joya codiciada
para tenerla a mi lado guardándola bajo el ala
en mitad del corazón

Ya no se diga tu cuerpo sería una reverenda
locura me extasiaría solo viéndote como quitas
el vestido de tu muy hermosa y delicada piel
mostrando todos los encantos que tienes de
mujer

Es cuando gritaría maldiciendo mi destino
Lágrimas me brotarían plumas me arrancaría
el pico me cortaría por pedir convertirme
en un miserable cuervo

lunes, 20 de julio de 2009

La hermandad de los cuervos (Primera Parte)

Me encontraba leyendo un libro de misterio que son los que más me agradan, cuando me entró una sed inusitada, levantándome a servirme mi whisky acostumbrado. No sé las causas o la influencia que ejerce en mí esta legendaria bebida escocesa, que no puedo leer sin mi vaso con bastante hielo, agua natural y el delicioso sabor a madera de los añejos alambiques de esa tierra tan llena de leyendas. Sencillamente la lectura sin él no me sabe y ni tampoco sin mi querida pipa, regalo de mi padre cuando cumplí los veintiún años.

Recuerdo que me dijo: Si te empeñas en fumar más vale que lo hagas en una señora pipa, no de esas que venden hoy en día que son una verdadera porquería. Te voy a obsequiar esta de mi colección para que vayas formando la tuya. de la misma pipa, la dura madera con que está fabricada es de raíz de brezo, un arbusto de flores pequeñas y rojizas que solo se encuentra en cinco países, España, Italia, Francia, Marruecos y Yugoeslavia, y ha pasado de generación en generación en la familia, ha llegado el momento de que sea tuya. –Oye padre, -le dije- y como ha durado tanto tiempo sin echarse a perder, si es como dices ya estaría toda chamuscada amén de mordisqueada. –Examínala bien y veras que casi esta nueva, no vayas a pensar que era la única pipa que mis ancestros poseían, no, tenían verdaderas colecciones de ellas y todas muy finas.

A ésta por ejemplo le pones el mejor tabaco que encuentres en el mercado y lista, a fumar, ya no tendrás que curarla como suelen hacerlo y además ya ni se curan igual, antes sí se sabía curarlas era todo un secreto, nunca las debes quemar ni con alcohol, ni con coñac, eso es un grave error. Cuando compres una nueva te diré como curarla.
-¿Padre no estarás exagerando? -Desde cuando le faltas al respeto a tu querido padre, apenas ya se sientes hombrecitos y ya lo quieren a uno ningunear. Yo nunca exagero en lo que digo, así que más respeto. –Esta bien padre no pensé que te ofendieras. ¿Cuántos años tendrá mi querida pipa? No quiero ni deseo contarlos, basta y sobra con lo que me dijo mi señor padre, además el fuego todo purifica y no creo que en mi familia alguien haya estado tuberculoso o con alguna enfermedad crónica de los pulmones, entonces lo más seguro es que no hayan fumado ni cigarrillos. A mí me gusta la pipa por el aroma de su tabaco, que es tabaco puro. A la muerte de mi señor padre me heredó varias, así que nunca tuve necesidad de comprar. Claro que he estrenado dos o tres pipas pero han sido obsequios de mis amigos que saben mi afición. Esta que me estoy fumando es de mis favoritas, cada vez que la enciendo me acuerdo mucho del y de su palabra “exagerar” aún resuena en mis oídos como tras muchas, como aquella otra “Siempre obra con rectitud”

Era lindo mi señor padre, un hombre cabal en toda la extensión de la palabra, siempre impecablemente vestido, con su imprescindible chaleco y su leontina, que aún conservo entre otras cosas, entre ellas esta casa que me heredó, ya no se diga mi señora madre todo un encanto que siempre me trató con mimos y con amor, yo era su rey. Sería porque no tuve más hermanos. En cuanto papá falleció a los dos meses mi madre no aguanto el dolor y lo siguió. Recién fallecidos a pedimento de mi tía Luvi deje esta casa y me fui a vivir con ella; se llama Luviana pero le digo Luvi de cariño. a pedimento de ella. Luvi había quedado viuda tiempo atrás. Serviría vivir en su compañía no estaríamos solos, además no aguantaba estar en la casa solo, extrañaba horriblemente a mis padres y de continuo escuchaba sus voces. Oía que me llamaban por mi nombre y en las noches me despertaba sudando copiosamente; para calmarme le estaba entrando duro al whisky y eso no era nada bueno.

–Mira sobrino que flaco estás, eres los puros huesos, hasta tu ropa te queda grande, eso no es correcto, te me vienes a vivir conmigo. – Encantado de venirme contigo tía, ¿pero que hago con la casa? -La puedes rentar o vender. –Eso sí que no tía, no voy a permitir que nadie la desmantele o que la destruya, ahí nacieron mis tatarabuelos, es una casa que tiene más del siglo y mira como se ha mantenido en pie, ya no hacen las casas como antes, fuertes, vigorosas. En donde voy a conseguir otra igual cuando, cuando… –Dilo no te de pena, cuando me muera, dilo que es muy natural que a mis años me vaya de este mundo como se fue mi hermana y tu padre, ya estoy vieja y no creo durarte mucho y ni que decir que esta vieja casa también será tuya, ya que no tuve hijos, el Señor no me dio ese don. Lastima que tú no hiciste a tus padres abuelos, les hubiera encantado conocer a tus niños. -Tía querida el casarme va para largo, además estoy joven ¿para que quieres que me ate a una mujer que después me corte las alas de mi preciosa libertad. Y eso de que tú te vas a morir pronto, va para largo, estás fuerte, esa sangre escocesa que te corre por las venas lo hace aún con mucho ímpetu, tu corazón camina mejor que mi reloj de bolsillo.

–Mira. Mira, te agradezco los alientos que me das, pero eso sí, para atenderte y cuidarte me pinto sola y cuidadito que empieces a llegarme a deshoras de la madrugada como acostumbras; ya sé que te encanta andar con los amigotes de bar en bar. -¿Quién te ha dicho semejante mentira Luvi, rara vez salgo, me la paso leyendo en casa o reparando muebles o esculturas dañadas, ya sabes que me encanta la restauración, para eso estudié. Y a propósito déjame meterle mano a tus cuadros que se encuentran un poco maltratados por el tiempo, te prometo que te quedaran nuevos.
Ni loca que estuviera, el tiempo es el que le da valor, si le metes mano, como tú dices, no valdrían ni un céntimo. Déjalos, déjalos, así como están los quiero. –Tía querida se me hace que no me tienen confianza soy muy buen restaurador; ¿te acuerdas de las enormes lunas que están en la sala de la casa? Pues sus marcos todos marchitos por el paso del tiempo ahora brillan como nuevos. –¿Y porqué dices marchitos si no son plantas? – Por sus hojas, por las hojas de oro con que estaban recubiertos, le puse nuevas y quedaron increíbles. Acuérdate hasta tú un día me dijiste que si eran nuevas las lunas. –No sé porque te encanta decirles lunas, para mí son espejos y ni creas que los quiero ver ya que vería lo acabada que estoy. Volviendo a la invitación de vivir juntos ¿que me contestas?

-Para serte sincero sí me gustaría para que no estés sola, así nos cuidaríamos mutuamente, pero déjame pensarlo unos días. Creo que con esta estupenda cocinera que tienes me vendré mucho antes de lo que te imaginas, esta comida que hizo fue de reyes, sobre todo el postre de moras, delicioso. ¿Me puedo llevar un trozo a casa?
Ya han pasado quince días y no me animaba a cambiarme a su casa, pensaba que me iba a tratar como niño chiquito, bien vigilado, sin poder dar un paso sin preguntarme ¿que hiciste, en donde andabas? parecería detective interrogando a un pillo. Le di otro trago a mi vaso cuando en eso escuche un ruido en la ventana del estudio, no le hice caso y continué leyendo a este estupendo autor que me mantenía en suspenso. No habían pasado ni cinco minutos cuando otra vez el golpe en el vidrio de la ventana pero ahora más fuerte. Pensé que si no me levantaba alguien lo iba a romper, me acerqué con cautela, caía nieve y el viento arreciaba, recorrí las cortinas y que veo a un enorme pajarraco que con su largo pico volvía golpear el vidrio con tanta fuerza que casi lo fractura. Disgustado por tal osadía muy a pesar de que estaba nevando, abrí la ventana y un viento frío por poco me congela orejas y nariz, cogí el libro que sostenía en mis manos y con él lo trate de espantar; pájaro loco este cuervo, quien con desfachatez me retaba queriéndome picar una mano; yo mantenía el libro como escudo, pero en una de esas se me escapó y fue a caer del segundo piso sobre la nieve del jardín. Aprovechando un descuido del pajarraco cerré las ventanas, corrí las cortinas, fui a secarme el rostro, eché más leños en la chimenea ya que la estancia se había enfriado. Pensé, si el cuervo vuelve a dar guerra voy por la escopeta y lo lleno de postas. Por fortuna no continuó escandalizando ni picando los vidrios.

En eso que me acuerdo de mi pobre libro, ya hasta había olvidado en la página que iba, me puse mi saco de lana para ir por é,l cuando en eso veo que el desgraciado cuervo revoloteaba por todo el estudio emitiendo unos tremendos graznidos. –Me la vas a pagar condenado esta vez te saco aunque sea muerto. –No me explicaba por donde se había introducido. Abrí el armario y saque una de las escopetas, por fortuna el pajarraco se había ido a parar a un sillón de cuero y lo tenía en el blanco, ya le iba a disparar cuando pensé el boquete que iba yo hacer en la pared, dispararle hubiera sido una locura. Bajé el arma colocándola de nuevo en su lugar mientras ideaba un nuevo plan para capturarlo. Se me ocurrió ir por una frazada para echársela encima, o echarle sal en las alas, dicen que así ya no pueden volar, pero el desgraciado ya no estaba, me acerque al sillón y vi como con sus poderosas garras le había hecho varios tajos, me puse furioso buscándolo por todas partes pero nada. De pronto vi moverse una sombra tras la lámpara de pie, me armé de valor y de un cojín del sofá y fui a buscarle, cuando en eso escuche una voz tenebrosa y grave que me dijo. –Yo soy el que buscas, aquí estoy. –Volteé rápidamente y ante mí apareció un anciano de luengas barbas blancas con una larga túnica negra que lo cubría de pies a cabeza, me quedé de una pieza sin creer lo que estaba frente a mis azorados ojos, y volvío a repetirme-

–Yo soy el que estaba fuera buscando que me abrieras, soy Sumo Sacerdote de la Hermandad del Cuervo y he venido a que nos salves de nuestros enemigos nombrándote nuestro representante aquí en Inglaterra tu país. Tú eres el único que lo puede hacer, te hemos estado estudiando y eres el hombre ideal, tienes las cualidades que requerimos.
-¿Cualidades yo? Si tiemblo ante una insignificante mariposa negra, creo que se equivocó de persona, además como es que entró en mí casa. –Para mí no hay imposibles Paul, puedo aparecer y desaparecer a mi antojo, tú podrás hacer lo mismo y muchísimas cosas más si aceptas nuestra proposición, defender nuestra causa en este país. –Pero ni siquiera sé cual es su causa, ni contra quienes los defenderé. –Nuestra causa es la justicia, el honor, la lucha contra el mal, para ello te dotaremos de armas muy poderosas. -¿Armas? Ni siquiera se usar una escopeta, ni matar a un cuervo. –De hoy en adelante respetarás a esas aves que son nuestra insignia, son parte de nosotros mismos, somos la Hermandad del Cuervo. -El anciano abrió su ropaje diciéndole a Paul- ¿Este libro es tuyo? -Sí se me cayó cuando el maldi… digo, el bendito Cuervo picaba la ventana. Creo que me rompió el vidrio. –Porqué no lo vas a ver, sí es así te lo repondré. –Paul se acerca a la ventana y no nota ningún vidrio roto- Juraría que había quebrado uno de los vidrios. –Le dice al viejo- Y además con sus garras cortó como si fuera queso el lomo de mi sillón de piel. –¿Por que no vasa examinarlo? -No se lo dijo dos veces y acercándose al sillón vio que las cortadas habían desaparecido como por encanto.

-Esto es brujería no lo puedo creer. –Yo le llamaría poderes, nosotros los de la hermandad no congeniamos con los brujos, ellos son completamente aparte, desde luego los respetamos. –Como curiosidad que es lo que pretenden que haga, cual sería mi primera tarea dentro de esa hermandad ¿me sometería a algunas pruebas? –No a ninguna, ya que como te dije reúnes las cualidades que requerimos, no hace falta ninguna prueba. –Paul se pasea de un lado a otro del estudio, prende su pipa, se sirve un trago y volteando le dice al sacerdote- ¿Gusta un trago? Yo estoy demasiado nervioso con todo esto que me está sucediendo. –Pero el anciano ya no está, en su lugar ha quedado una intensa y brillante luz que paulatinamente fue desapareciendo. De pronto comencé a sudar frío y a temblar, y tomando el vaso le serví más whisky y puro me lo empiné, eso me tranquilizo un poco, prendí la pipa, me fui al sillón, y me puse a pensar en lo ocurrido.

¿No estaría soñando? ¿Acaso la casa estaría embrujada? Recuerdo que papá llegó a pensarlo en varias ocasiones, decía que a él se le había aparecido un niño vestido de marinero en la escalera y que en otra ocasión mamá escuchó mucho ruido en la cocina y fue a investigar encontrando todo revuelto y que el pastel de carne que había preparado para la cena tenía una buena mordida. Fue cuando llevó al padre Smith a que fuera a orar por las almas de los difuntos; papá pensó que eran sus propios ancestros quienes más., o sea que los sustos quedaban en familia, que gran alivio. Pero este Sacerdote de larga y blanca barba no parecía ser mí pariente, me hubiera dicho., además está demasiado narigón para serlo. Ya un poco más tranquilo y examinando de nueva cuenta mi libro recuperado, que volteo hacia mí escritorio y que veo encima del otro libro pero ahora bastante grueso, voluminoso, me quedé intrigado y fui a verlo de cerca, vaya que pesaba y mucho, notando que su cubierta era de piel color negro teniendo incrustada la efigie de un cuervo que brillaba extrañamente; lo examine y me di cuenta que era de oro puro, ya que lo comparé con mi anillo de mayoría de edad, el cual desde luego tenía el escudo de la familia. ¡El escudo de la familia!

Sí, el blasón de la familia tenía en sus extremos dos cuervos, uno arriba y otro abajo separados por una flor de lis. ¡Que torpe! hasta ahora voy ligando eso de los cuervos, sí yo siempre los he llevado. ¿No sería esa la causa de que el anciano sacerdote me haya seleccionado a mí para defender sus ideales? Comencé a hojear el pesado libro cuyas páginas trate de leer pero estaban llenas de muchas letras desconocidas para mí y de jeroglíficos, yo que iba a saber de esos signos, solo los había visto en revistas y en otros lados, revistas, fotografías de Egipto, o de sus tesoros, ya que siempre me ha llamado la atención el arte de esa civilización milenaria. Así que lo cerré y me puse a acariciar el bajo relieve del cuervo y comencé a girar mi mano en su entorno, de pronto comencé a sentir una fuerza interior extraña, se me quitó la pesadez que traía del whisky sintiéndome de maravilla, hasta podía respirar mejor. Como sentía la camisa toda sucia y llena de sudor opté por ponerme una limpia, ya lo iba hacer cuando de pronto la casa comenzó a llenarse de un denso humo blanco y yo desde luego a toser, rápidamente abrí las ventanas para no ahogarme, por fortuna la tormenta de nieve ya había pasado y fui a investigar de donde provenía el molesto humo, pensé que se estaba quemando la casa y subía y bajaba con una agilidad inaudita sin ningún cansancio; y miren que mi escalera contiene muchos escalones, mi pobre madre con mucho esfuerzo la podía subir, hasta que se pensó en que mis padres habitaran en la parte baja de la casa. Continué tratando de descubrir de donde provenía la humareda; era la maldita chimenea que se había tapado, algo le impedía al humo salir con libertad. Tenía que mandarla destapar de inmediato y yo salirme sino perecería ahumado como los jamones.

Busque a Elmer mí auxiliar por todas partes para que se encargara del asunto y nada de él, lo más seguro es que se haya ido a las cuadras a cuidar los caballos, a taparlos y mantenerlos calientes, bastante caro me han costado, tengo cuatro y son los que jalan mi coche, no vayan a creer que son de pura sangre, son fuertes y a la vez ágiles para el trabajo a que los tengo destinados. Así que de aquí a que lo fuera a buscar podría hasta incendiarse la casa; unas chispas y adiós todo mi patrimonio. Me arme de valor subiendo al tejado con un enorme escobillón de esos que usan los limpia chimeneas llegando hasta la boca del tiro en donde descubrí que unas ramas derribadas por la tormenta la había tapado, menos mal que no la derribaron, así que las comencé a jalar, una de ellas se había atorado y por más que la jalaba no se desenganchaba, así que trate de cargarla y ¡oh maravilla! lo hice sin ningún esfuerzo y eso que estaban llenas de sus hojas, hasta pensé que estaba podrida por dentro. De dos en dos o de tres en tres las fui arrojando por una de las laderas del tejado, rodando y cayendo al otrora bello jardín lleno de flores y plantas y ahora cubierto de este maldito manto blanco que me hace trabajar doble cuando quiero sacar el coche y enganchar los caballos. Sabía que ellos estaban muy a gusto y calientitos en su caballeriza, bajo el esmerado cuidado de Elmer.

Total que di por terminada la faena y el humo comenzó a salir con libertad, pero en eso pise mal una de las tejas y dando una voltereta en el aire me precipite al vacío, me dije “de esta no me salvo” y me encomendé a Dios. Ya iba a pegar en el suelo cuando sentí que me elevaba por los aires, vi que delante de mí aparecía un enorme pico, mire a los lados y vi unas plumas; no lo podía creer me había convertido en un cuervo.

domingo, 19 de julio de 2009

El Barquero

Deje a mis ayudantes a cargo de la panga para ir a estirar las piernas por las viejas calles del pueblo de altas banquetas por aquello de las crecidas del río Lerma, y como otras muchas recubiertas de piedra bola. Me encamine a la plaza de armas muy cerca del embarcadero y del mercado rumbo a la cantina del Quemado, ahí me echaría unos tragos. Pase por una de las casas del Burro de Oro, el famoso general imperialista Francisco Velarde, que como siempre estaba cerrada a piedra y lodo. Por aquellos ayeres corrían rumores de que las tropas leales al partido Liberal, se habían llevado al general a Zamora para fusilarlo en el jardín llamado El Teco, por ser adepto a la causa del emperador Maximiliano.

Toda la gente de Santa Mónica de La Barca, sabía que el famoso burro organizaba unos saraos muy buenos, invitando a los rancheros pudientes, así como a sus jóvenes hijas, para ver cual pescaba, deslumbrándolas con sus banquetes y opulencias, mostrándoles los murales que le había ordenado a Gerardo Suárez, famoso pintor de aquella época, prometiéndoles que si ganaba sus favores, ellas aparecerían en sus pinturas. Los rostros de las mujeres ahí plasmadas eran sustituidos de continuo según las damas en turno, aunque la vestimenta continuaban siendo la misma.

Desde luego él era el personaje central apareciendo con sus mejores galas y hermosos caballos. También mandó pintar en su residencia de Buenavista otros murales con el mismo tema que no era otro más que él y sus concubinas. El general a pesar de su inmensa fortuna era un nombre analfabeta; teniendo extensas tierras y ranchos tanto en Jalisco como en Michoacán. Yo no llegue a conocerlo, ni había nacido, ya que todo esto sucedió por los años de 1867, ahora está corriendo 1918, ocho años después de la Revolución.

Por fortuna por acá en occidente no nos fue tan mal como en el norte, con aquellas matazones y gavillas de bandoleros, en donde los hacendados enviaban a sus hijas al extranjero o las escondían. Después de recordar estos pasajes de nuestra historia salpicadas de leyendas, llegue con el “Quemado” a su piquera, me tomé dos que tres tequilitas, platique un rato con él de varios chismes, me encamine a mi casa por la calle de Nicolás Bravo pasando por la de mi amigo Chito Gómez, varios años más joven que yo, cuyo portón tenía un moño negro en señal de luto. Alarmado toque la aldaba saliendo una de las sirvientas de doña Mariquita su mamá, ha quien pregunté alarmado el porqué del moño.

Con palabras y mirada triste me dijo que a Alfonso lo habían matado. ¿Cómo es posible? -Le contesté, si apenas hacía unos días lo había visto como siempre tan quitado de la pena, gozando sus años mozos. No lo puedo creer tan joven, tan lleno de vida. Le dije a Tránsito la sirvienta- ¿Quién fue el desgraciado que se atrevió hacer semejante pendejada? no tuvo madre, me dan ganas de matarlo.
-No se preocupe que ya se le adelantaron, quien hizo semejante canallada a las pocas horas lo balacearon. –Pero Tránsito dime como pasó. –A según dicen que el joven Chito murió por defender a uno de sus amigos, fue un pleito de cantina. La pobre señora esta desecha, es un mar de lágrimas al igual que sus hermanos y el resto de la familia, ya se ha de imaginar.

-Para mí era una terrible sorpresa, no salgo de mi asombro. ¿Está alguien en la casa? me gustaría darles el pésame.
-Nadie, la señora Mariquita junto con el resto de sus hijos fueron a la iglesia.
-Le dice que vine a darles el pésame; Dios la ayude en su congoja, voy a encontrarlos a la iglesia, ¿en cual están? –En la parroquia, ahí son las misas.

De la rabia que me dio conocer la funesta noticia ya ni fui al templo, regresé con El Quemado ha echarme otros farolazos y a reclamarle al desgraciado el porqué no me había comentado de la tragedia.
-Mira Ruperto yo no sé dar malas noticias y conociéndote como te conozco te hubieras emborrachado y aquí estarías todavía libando; yo sé que lo estimabas mucho, al igual que otros amigos en el pueblo y alrededores; era muy conocido y estimado por todos, era buena leña. Lo bueno que no la mataron en este negocio, aunque claro no sirve de consuelo, pero me lo hubieran clausurado, fue en el del Chino. Te compadezco mi cuate, pero así es la vida, que le vamos hacer.

-Pues sí, así es la pinche vida; así que a ti solo te importó que no haya sido aquí, ¡eres un cabrón! –Oye, oye, mide tus palabras, desde cuando nos llevamos. –Pues si no te gusta jamás me volveré a parar en tu pinche negocio, aunque no te lo hayan clausurado, es lo único que te preocupa cabrón.
–No lo tomes así Ruperto, yo solo cuido mi negocio. –Sí ya sé que solo te interesa la lana y que muy poco te importan los cuates. Haber dame una pinche botella de tequila pa’ que se me quite la pena y ahora de puro coraje me la fías, ¿Oh qué? –Al ver tan disgustado a Ruperto, El Quemado accedió y le puso la botella sobre el mostrador.

-Ya ves Ruperto, apenas te lo dije y ya te quieres empedar y luego te da por el pleito, mejor llévatela piampianito; además no lo uses como pretexto él no era nada tuyo, pa’ que te haces que la virgen te habla si ni siquiera te parpadea. Me imagino como te pondrías tú con un familiar muerto.

-Óyeme cabrón tú que sabes la estimación que le tenía a Chito, conmigo era muy jalador, un día hasta me presto una lana que necesitaba. Muchas veces lo llevaba en mi panga navegando de ribera en ribera. Además para que te explico, si tú ni amigos llegas; cuando te mueras por méndigo nadie va a ir a tu entierro.
-Tú siempre muestras el cobre por delante Ruperto, para ti solo son amigos aquellos que te prestan y se emborrachan contigo, los que se van de farra, los demás valemos madre.

-Pinche Quemado si no te estimara no vendría a echarme los tragos contigo, nos conocemos desde chiquillos. A ti te dio por manejar el negocio de tu padre para emborrachar y a mí por ser marinero y a mucho orgullo. –Suelta la carcajada la cual al instante se convierte en un rictus de dolor al recordar al amigo asesinado, y volteando a ver al Quemado le dice
-Dile al pinche mariachi que comiencen a tocar las canciones que le gustaban al Chito.
-Adalberto (El Quemado) les hace una seña y el del violín se acerca comentándole- -Escuche que el barquero quiere unas canciones de las que le gustaban al Chito, también a nosotros nos duele el que lo hayan matado, así que van por nuestra cuenta, no faltaba más. Dios lo tenga en su gloria, no así al hijo de la chingada que lo asesino. –Ruperto deja la barra yéndose a sentar a una de las mesas del rincón más apartado llevándose la botella y su copa, los mariachis lo siguen rodeándolo y cantándole; sus lágrimas se confunden con los tragos del tequila-

-El barquero no se puede quitar de la mente la ausencia de Chito y se dice para sus adentros- Así que en su familia nomás quedan dos mujeres Carmen y Eloísa y dos hombres, Alfredo y Toño; esa casa se va a quedar muy triste sin las risas del buen Chito era el alma de la casa, era el único que tenía buen humor, los demás serios, serios. - Aunque de vez en cuando con sus hermanos tomamos la copa y sacaban a flote su buen humor. Tan bonita casa la de doña Mariquita a la cual también le mataron al marido, o sea al papá de Chito. Yo llegue a conocer a don Antonio todo un señorón, joven por cierto, los muchachos sus hijos apenas eran unos escuincles. No me explico como a una familia tan linda y tan apegada a Dios les pasen estas terribles tragedias. –El barquero lleva la copa a sus labios se la toma de un jalón y enciende un cigarrillo quedándose con la vista fija en el techo. En eso se acerca compasivo El Quemado y se sienta a su lado-

-Por sí no sabes Adalberto todos nacemos con nuestro destino marcado, nadie cruza la raya a todos nos toca tarde o temprano, a ricos, o jodidos, a todos; máxime cuando le buscas ruido al chicharrón. Estamos apuntados en la lista negra de la pinche calaca. –Tienes razón Ruperto nadie sabe cuando nos va a tomar por sorpresa. ¡Que chingaos! Ya le dije a los muchachos que se encarguen de la barra, tengo ganas de brindar a la salud del Chito, ¡qué carajos! Al fin y al cabo yo soy el dueño y puedo hacer lo que me de mi chingada gana. –Gracias Adalberto después de todo eres buena leña, no me dejas tomar solo.

¿Te he contado Adalberto que siempre me gustó la casa del Chito? Siempre soñé con una así de bonita, de las mejores del pueblo. Su fachada con seis balcones con barrotes de hierro forjado, con un pretil muy ancho en su interior para sentarse y saludar a los que pasaban. Sus ventanales de madera con pistillos y cristales tallados con figuras de flores, enmarcados por elegantes cortinas, le daban un toque francés. –¿Y tú? desde cuando acá te la das de conocedor si nunca has salido de tu pinche barca, de tu pinche río. –Pero he leído mi cabrón, entre viaje y viaje me agarro mis libros no soy tan burro como tú. Chito en una ocasión me invitó a pasar a su casa, dándome cuenta de lo bonita y grande. –A mí nuca se me hizo conocerla, no son mis rumbos. –El barquero continúa con la plática- -Un elegante y pesado portón de madera siempre abierto de par en par, da la bienvenida; a escasos tres metros se alza el cancel de hierro forjado color plata, y a los lados del recibidor hay una pintura con un lago y cisnes.
Alrededor del patio de ingreso están los cuartos, y en medio un pozo rodeado de un chingo de macetas y plantas de las más diversas. Entre esos cuartos esta la sala; muebles tapizados en terciopelo color tinto, una media alfombra, y uno que otro cuadro adornando sus paredes. Me llamó la atención un cocodrilo que tienen disecado, dizque lo cazó Toño el hermano.

Techo muy altos lucen su consabida manta encalada tapando las pesadas vigas, con orificios abiertos en cada una de sus esquinas con anillos latonados, para que respiren y la humedad no les afecte. –El Quemado se exprime en la boca una mitad de limón dándole un trago a su tequila y otro a su cerveza, Ruperto El Barquero hace lo mismo, mientras el mariachi continúa tocando. El Quemado se limpia la boca con la manga de la camisa, hablando- Sí, así es una casa que conozco de un cliente que vive exactamente en la plaza principal, son unas señoras casonas. –Bueno déjame seguir contándote Quemado; el corredor desemboca en donde esta el comedor y junto la espaciosa cocina que luce su enorme pretil y anafre y la indispensable campana por donde escapan los más deliciosos aromas que se mezclan con los que despiden las flores de los limoneros y naranjos, dispuestos en medio del patio. –¿Ah poco te invito a comer? –No, pero si a almorzar unas ricas corundas.

–Así que te metiste hasta la cocina mi buen. –¡Oh no interrumpas que se me va la onda! De los muros cuelgan jaulas con chingos de aves trinadoras. Al fondo se encuentra la huerta y el baño que tiene una banquetota de medio metro de alto, con una tabla ancha con tres aberturas para que te sientes y arrojes la mierda, en mi casa solo tengo un solo agujero. –El Quemado suelta la risa y le dice- -¡Si tuvieras más hoyos serías fenómeno! –Pendejo hablo de la tabla del baño, del hoyo que va a la fosa séptica. –¡Uh no aguantas una broma! Presumido, a mí se me hace que te cagas en el corral.
–Ganas tienes Quemado. -¿De cagar? No gracias lo hago por las mañanas. –Buey, de tener un baño como el mío. Ah pues te decía, la huerta da hasta el río, tiene hasta troje; así como un chingo de árboles frutales, entre los que hay, naranjas, limones, granados, guamúchiles, guayabas y otras variedades de árboles. En la puerta de entrada a la huerta hay una regadera al aire libre que en tiempos de calor, Chito me contaba, ahí se bañaba. (El Quemado bosteza pero Ruperto no se da por aludido y continúa)

Te diré aquí entre nos a mí nunca me ha echo falta regadera, ya que cuando el calor sube, me echo un clavado desde la panga al río, refrescándome de lo lindo sin necesidá de la presumida regadera, así que no la envidio. En la casa me baño a jicarazos, que chingaos con agua fresca del pozo.
-Oye mi buen Ruper, me he quedado apantallado con la detallada de la casa, nunca te imaginé tan metiche y curioso, bueno me lo imaginaba, por eso nunca te voy a invitar a la mía, eres muy fijado, debieras dedicarte a escritor.

-Pos es lo que quiero hacer, una novela de la vida de Chito, se la merece. Fíjate, hasta he notado que la calle de Chito hace cerrada con la iglesia de San Nicolás que construyeron por el 1660 y es exactamente del ancho de la propia calle, que chistoso. De seguro para que los fieles se metan derechito al templo, pa’ que no anden con rodeos. Pos exactamente a tres cuadras tienes tu humilde casa, no es tan grande como la de Chito, pero pa’ mis dos viejas y yo con eso tengo. Yo en lugar de huerta tengo corral con mis animalitos. –¡Ujule! Ahora hasta padrote me saliste con dos viejas. –Sí buey, mi suegra y mi mujer, la Chole. Imagínate tener dos viejas viviendo juntas, me traen por la calle de la amargura, por eso hay veces que duermo en la panga ahí nadie me friega. Duermo muy agusto ya que el vaivén de las olas me arrulla, en cambio en la casa estoy a dos fuegos, las dos viejas roncan de lo lindo. –Ambos hacen una pausa y luego dicen, ¡Salud pues! –Oye Luis, -Le dice Ruperto al del violín- Échate aquella que dice rayando el sol.

-Ya había caído la tarde cuando El Barquero salió de la cantina bien alumbrado, dirigía sus pasos a su casa cuando de pronto hasta la borrachera se le quitó cuando se topa con el padre Prado- -Y ahora tú Ruperto, ¡mira nada más como bienes! Háblame de lado por que me vas a emborrachar. –Es que estoy muy triste porque se murió un amigo. -¿De que amigo hablas? –Pues de Chito, aquel simpático muchacho, al que lo vi crecer, que muchas veces hizo viajes en mi panga rumbo a Bellavista llevando costales de semillas para su tío Nacho Gómez, en donde conoció a su esposa Mercedes en uno de esos viajes, una muy linda joven que ha quedado viuda casi siendo una niña.

-Que me vas a contar a mí si yo oficié la misa por su descanso eterno, fue una gran pérdida, sobre todo que deja a la pobre chica con un hijo de brazos, casi recién nacido. Que le vamos hacer son los designios de nuestro Señor. Y tú que mal haces en rendirle tributo a su memoria emborrachándote, usándolo de disculpa, eso no está nada bien. Deberías, si tanto lo estimabas como dices, guardarle respeto no tomando y menos usándolo como pretexto.

-De verdad me dolió mucho su muerte padre. –Lo comprendo como a todos, pero no por eso ves a todo el pueblo tomado. Ven vamos platicando, sirve que me encaminas a mi casa para no irme solo y se te baje con el sereno el cohete que traes.
-Disculpe padre el estado en que me encuentro, la borrachera que traigo atravesada es de sentimiento. Me hacía la ilusión de un día llegar a tener un hijo como Chito, tan jovial y alegre, nos llevábamos bien a pesar de que podía ser su padre. ¡Me hubiera gustado serlo, si viera! ¿Eso es pecado?
-Querer a alguien como a un hijo no es nada de pecado, no lo es porque no existen las malas intenciones. Pero dime, habiendo tantos muchachos por que te gustaba para ser tu hijo.

-Ya le dije padre que me atraía su forma de ser conmigo, de vez en cuando me pedía consejos, sobre todo desde que mataron a su padre. Lloraba su recuerdo en mi hombro y yo me sentía muy importante, siendo un barquero insignificante. También me conto que andaba apurado por que se había llevado a la Meche, que qué le aconsejaba. Pos le dije lo que todo hombre debe hacer, casarse con ella, y mire que le cumplió cabalmente y ahora por desgracia esto.
–Ya a las puertas de la casa del padre invita a pasar al Barquero quien después de hacerse del rogar acepta-
-Déjame invitarte un café te va a caer de maravilla. –Se lo agradezco padre, sirve que me sereno. –Ruperto se enjuga las lágrimas, mientras ambos toman su tasa de café.

-Déjeme contarle padre, mí mujer nunca me pudo dar un hijo, el día en que me lo dio fue el día más doloroso para mi mujer y yo, ya que nos nació muerto: así que lo idealice en la persona de Chito, más o menos mi hijo tendría la edad de este muchacho.

-No pensaba que lo estimaras tanto, fue una verdadera tragedia, a mi también me dolió. He estado todos estos días con su familia a quien quiero; doña María siempre se ha portado muy linda conmigo desde que me vine al pueblo, y es lo menos que podría yo hacer. Admiro la entereza de esta mujer y lo apegada que siempre ha sido a Dios, es una verdadera santa, todos los días a misa de siete de la mañana. Tú, te lo repito Ruperto, por más cariño que le hayas tenido a Chito, no es motivo para que te metas a la cantina; además puedes adoptar un hijo, aún estas fuerte.
-Es lo que le digo a mi vieja, pero ella dice que esta tranquila así como vive, que yo ya no piense en hijos, que porque la hiero, le remuevo los recuerdos.

-Le voy a pedir a Dios que los ayude sobre todo a ti por haber perdido a tu amigo y porque el Señor les envíe un hijo. ¿Ya te sientes mejor con el café? –Si padre muchas gracias y también por sus consejos. Hora lo verá, insistiré con mi mujer en adoptar a un bebe, eso nos cambiará la vida estoy seguro, ya tendremos para quien vivir, porque al paso que vamos la suegra se nos va, ya esta anciana y sería bueno que mi vieja se entretuviera con un chavito pa’ no llorarle mucho a su madre.

-Sí Ruperto un hijo llena toda la vida, lo amargo lo convierte en dulce, se olvidan las penas y endereza caminos. Yo sé que ustedes serían buenos padres, así que adelante que la vida continúa. Hablando de hijos, el de Chito, parece ser que su mamá se lo quiere llevar a la capital en donde radican sus padres y hermanos y tiene mucha razón quiere estar junto a ellos. Es tan niña que apenas hará bien. Doña Mariquita le ha suplicado que se quede a vivir con ella pero es muy natural que ella busque refugio en sus padres, la sangre llama. Por otra parte a que se queda aquí, hasta le haría daño estar recordando a Chito y ya ves como son en el pueblo la señalarían constantemente: ¡Mira hay va la viuda, a la que le mataron al marido! mejor que se vaya hacer una vida nueva.

-Ora lo verá, le voy a pedir mucho a nuestro señor y la virgencita que se apiaden de ellos, de esta joven madre y su pequeño hijo. Si yo siento dolor, ella lo siente más que yo.
Iré con mi mujer a darle el pésame sirve que conozco al hijo de Chito, lo haré antes de que se vayan, no me quedaré con las ganas. –Tú eres muy buen hombre Ruperto continúa por la senda del bien, deja el vicio, a las malas amistades y dedícate a trabajar con ahincó. –Ah carajos –Le dice rascándose la cabeza- ¿Qué es ahínco padre? -El padre ríe-
-Ahínco es meterle ganas a las cosas que haces, meterle cariño, amor, y no gastarte tu dinero en las cantinas. –Tiene razón padre ya estoy harto de esta vida que llevo. Sabe, le voy a dedicar a mi amigo Chito dejar el vicio, lo voy hacer por él, en su honor.

–Me da mucho gusto escucharte decir esto Ruperto, él desde el cielo te lo agradecerá, vas a ver. Así que sácate al demonio de dentro y vuelve a lo tuyo, no compres penas ajenas, se feliz con los tuyos. Lleva a tu mujer con un doctor para que la cure del trauma que le aqueja y pronto vuelvan a tener no uno, sino muchos hijos. Veras que al rato vas a tener que comprar más pangas, una para cada hijo que Dios te de, y todos a cruzar el río a lo largo y a lo ancho. Ese río que fluye como la vida misma, en donde unos se embarcan para el viaje eterno y otros nos quedamos remando mientras llega nuestro momento, ya que cada uno tiene su propia orilla, su propio desembarcadero.


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Calma

Calma corazón, ¿Cuál es la prisa?
¿Por qué de repente te ha entrado el desazón?
¿Esa inquietud, esa zozobra?
Si en el fondo bien sabes que nunca será tuya
que solo fue un pequeño juego, que tu tiempo
ya paso.

Acaso tu ego salio lastimado por haberte creído
¿Todo un don Juan?
No me hagas reír, por favor yo te lo pido
Pensaste que en pocos días la flor ibas a cortar?
Pobre iluso ya no eres la sombra de lo que fuiste,
Toda la fogosidad se te invirtió
Solo hay espejos opacos, luciérnagas sin luz
Caminos muy oscuros por los que tienes que
pasar.

Los huesos se han vuelto viejos, el cerebro se ha
oprimido, las ideas ya han volado a confines muy
lejanos, difíciles de encontrar.
Ya no estas para soñar, viejo corazón de miel,
Ya no estas para atraer a las doncellas al panal
Es hora de que sientes cabeza, que no te hagan
Divagar, Tú ya tienes lo tuyo, ¿para qué más
Anhelar?
¿Acaso solo para lastimar y sentirte contento de
tu falsedad?

Ya no voltees para atrás, viejo corazón de miel
Las puertas se van cerrando, los caminos se van
Llenando de nostalgias y altivez.
El miedo recorre por tu cuerpo sin que nada puedas
Ya hacer. Más que apoyar tu cabeza y dejar ya de soñar