LA TORMENTA
Se aproxima una tormenta, el cielo comienza a dibujar grandes nubarrones grises sobre su azul añil, las aves vuelan a los árboles para encontrar refugio en sus nidos. Hasta los perros callejeros buscan asilo en los recovecos de las entradas. Los peatones aceleran el paso, los automovilistas comienzan a ponerse nerviosos deseando pronto llegar a sus casas, pero para su desgracia las largas filas de vehículos les impiden meter el acelerador a fondo, solo se escucha el rugir de los potentes motores y los bocinazos de los desesperados hombres del volante. Los semáforos dan la impresión de que se encuentran aletargados, los espacios que emiten de luz se hacen más largos. Todo es incertidumbre y desasosiego, todos se pregunta: Llegaré antes de la tormenta? Y si me agarra en el paso a desnivel la inundación? ¡Chin! Y ahora que no traje paraguas. ¿Como me hubiera gustado que volviera la moda de las gabardinas, pero no, están en desuso. (Se dice uno de ellos) Espero que no se me vayan a mojar los frenos y me vaya a estrellar contra un árbol o caiga en una atarjea destapada. O peor tantito, que me caiga un árbol encima por el fuerte viento.
Cuando llueve apenas si puedo ver por que los limpiadores funcionan lentamente y no les he cambiado los hules. El aire acondicionado no funciona y no puede arrojar vapor caliente al parabrisas para que despeje la bruma y pueda ver mejor. Ya estoy harto de este automóvil, ya es hora de cambiarlo, me me está haciendo viejo y al rato cuando lo quiera vender no me van a dar ni quinto por él. Pero dinero es lo que me está haciendo falta, si lo tuviera mandaría arreglar el auto de todo a todo, pero tendré que esperar a ahorrar. Con todo tan caro ya es difícil apartar unos dineritos en el cochinito, todo se va en comida y pagar que la luz, el gas, el cable, la renta, etc.
Pinche gobierno nos dice que todo se va a arreglar y al contrario todo sube. Si uno que es clase media se queja, que serán los pobres, ¿qué harán para comer? Para hacerlo tiene que trabajar toda la familia y cada uno aportar su parte. Pero en mi caso es distinto, gracias a Dios solo quedamos en la casa mi esposa y yo, los hijos ya viven cada quien por su lado casados, con su propia familia, pero aún así hay que talonearle, no queda de otra.
El hombre continuaba pensando en sus problemas cuando en eso le cierra un auto último modelo y le da un ligero golpe, en ese preciso momento se desata el diluvio; piensa en apearse pero no lo puede hacer ya que va en el segundo carril y varios autos le estorban, además quien lo golpeo encontró la oportunidad de escabullirse metiéndose a una lateral. El pobre hombre no sabía si llorar o reír, lo único que se le ocurrió hacer fue mentarle la madre con el claxon. Tardó en llegar a su casa pero llegó en medio del tormentón. Se estacionó, por fortuna había lugar en donde siempre deja el auto, y esperó unos minutos a que se calmara el aguacero pero éste no tenía trizas de quitarse, y eso que ya había pasado el cordonazo de San Francisco. Pues ni modo, tomó el periódico que traía a un lado, el que le habían obsequiado, cubriéndose lo que pudo con él. No fue mucho lo que lo tapó, abrió la puerta de su departamento y notó que se encontraba a oscuras, iba a prender la luz cuando en eso alguien la hizo accionar comenzando a escuchar las Mañanitas, aplausos y risas. A la primera que vio fue a su esposa con un gorro y un espanta suegras quien se le fue a los brazos llenándolo de besos y luego a sus hijos quienes lo llenaron de cariños y de regalos, ahí también estaban parte de sus hermanos y de su familia en general.
De inmediato aquella cara sombría y triste se le lleno de alegría al ver su fiesta sorpresa acordándose de que era su cumpleaños. Aceptó la copa que le tendió su sobrino brindando con todos los presentes. Al poco rato se escuchó el conocido estribillo de ¡Queremos pastel, pastel y no tuvo más remedio que ir a partirlo. Lo que le había sucedido esa tarde se quedó en donde se tenía que quedar, afuera de su casa. Cerrando la puerta se desconectó dejando atrás los problemas y pensando con alegría. -¿Y mañana? ¡Mañana será otro día!
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