El mundo es un baile de disfraces
de bailes y dramas, de pasiones
desefrenadas, de coitos repetitivos
hasta que la música se acaba y nos
vamos a dormir sobre las cuatro
paredes que terminarán
guardándonos
Cada quien escogerá la máscara que
más le atraiga, las hay de santos
de diablos, de caras duras y blandas
De cínicos desvergonzados, de hombres
y mujeres cultos, de doncellas ultrajadas
de bandoleros atentos, a los que se ponen
la de tontos
Las hay de voraces judíos, de metalizados
gringos, de administradores chinos y de
caníbales africanos. De políticos influyentes
De curas que guardan las apariencias y de
suegras irritadas por el mal comportamiento
de sus yernos calaveras
Las hay la de abuelos dulces, de plácidos y
ardientes enamorados, de sirvientes malcriados
y de niñas color fresa con sabor a caramelo
De amantes insatisfechos, de Caín y de Abél
De chicas con cara de ángel y otras de
charamusca porque se derriten a la primera
sonrisa
Total que es un desfile interminable sobre la
escena del teatro de la existencia
Cuando se sube el telón, todos nos ponemos
la mejor de las máscaras, pero poco a poco se
desgastan, mostrando lo que en realidad se es
y no lo que queremos aparentar para engañar
a la gente, aquella en la que no hay que confiar
Máscaras amarillas, negras, blancas, de pelo
chino y ensortijado. De cabezas calvas, de
blondas cabelleras, de ojos maquillados con
lágrimas pintadas.
También hay las que no se desean usar, la
de idiotas, la agonía y muerte
Esas no se seleccionan, más bien se reparten
a fuerzas entre todos los actores de estos
teatros, de este mundo, de esta tierra
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