domingo, 25 de enero de 2009

LA PALABRA AMOR

Nadie me ama, nadie me quiere, como dijo el poeta: Mi vida es un erial, flor que toco se deshoja Como que alguien va sembrando el mal para que yo lo recoja. Me pongo a pensar si realmente existe el tan comentado amor. Si cada uno de nosotros en verdad queremos, amamos, como nos enseñaron nuestros padres y la santa iglesia a través de las palabras de Cristo, “Amaos los unos a los otros” ¿Cuántas veces hemos amado? ¿Cuantas apenas sí nos hemos enamorado, tenido enamoramientos y ya creemos que estamos profundamente enamorados. Sin embargo seguido nos preguntamos que es el amor, el verdadero amor. De que está formado.

Saben, nunca nos pondremos de acuerdo; ni lo enamorados, ni los grandes amores que han existido a través de la historia, saben si realmente han estado enamorados. Nos hemos dejado influenciar por el cine, por la televisión, por las revistas rosas que venden en los quioscos y que pasan de mano en mano y nos hacen soñar con el amor platónico, con el amor ideal. Que lejos de conocer al verdadero amor, aquel que todo lo da sin recibir nada a cambio, aquel que se sacrifica hasta perder su vida con tal de salvar la del otro, aquel que cruza pantanos y desiertos con tal de estar junto a la persona amada.

Amor, amor, palabra mágica que conjugan los poetas desde principios de la historia y nos lleva en alas de la fantasía a mundos que creemos que están hechos de delicias y de caramelos. Que lejos estamos de ello, que lejos. El amor es sacrificio, soledad, ansias plenas de llenar el corazón, el alma, el espíritu. No es la aventura de un flirteo y la entrega de cuerpos para saciar los apetitos carnales. No, el amor es más que una cara bonita, un cuerpo sensual, unas manos de seda, unos ojos verdes o azules, una nariz respingada, o un perfume francés. Amor pleno es sacrificio, es pasar las noches en vela, es fidelidad, entrega absoluta a la compañera, al compañero.

Es correr tras un ideal y hacerlo realidad, es desposar a la amada bajo todas las reglas de la sociedad. Es la castidad de un beso, el toque de una mirada tímida y discreta. Es convertirse en lo que al otro le gusta, ser como él o ella desean que sea, siempre que las exigencias sean correspondidas de igual forma. Sin ventajas, sin prejuicios, sin burlas, sin herir sentimientos, sin insultar caracteres, sin pedir ni solicitar cosas malas que perjudiquen a la otra persona en su integridad y honor.

El amor es más que unas lindas flores, un anillo de brillantes, un automóvil último modelo, una cena a la luz de las velas, una cama mullida rodeada de lujos. El pedimento de la entrega de tu virginidad para comprobar si de verdad lo amas. En el verdadero amor no hay el descaro en el desnudo, no hay lujuria, tiene que respetarse el pudor y la decencia. ¿Cuántas cosas no se han perdido en estos tiempos por la palabra amor? Amor no es placer, es entrega absoluta, es la comunión de dos seres, de dos almas que se unen para siempre, para toda la eternidad. Lo demás, son amoríos, son revolcadas en el fango y huidas rápidas, lágrimas marchitas, que dejan huellas amargas, difíciles de borrar.

El amor va más allá de las serenatas, de las promesas, de la sensualidad, de solo disfrutar uno de ellos, la persona egoísta. El amor no es de un minuto, ni de siete, es por siempre. El amor no se pronuncia con palabras, se pronuncia con los ojos, con el alma, con la sangre, con el corazón.
Las ofensas, el descaro, los celos, las liviandades, los juegos sexuales impropios, no van con el buen amor. Con el amor puro y sincero, con el amor que significa unión, abrazo eterno, no buscar solo el placer y después olvidar. Ama como quieres que a ti te amen, ama con la entrega de todo tu ser, sin atavismos, sin condiciones, sin intereses mezquinos y ciegos. Ama como una madre al hijo, como un hijo a los padres, al hogar, a la familia, al respeto mutuo.

Comienza por amarte a ti mismo, a respetar tu cuerpo, tus principios, tus ideas, tu moral. Por respetar a los que te rodean, a amarlos, a quererlos a estimarlos. Sin ofensas, sin palabras soeces, sin menoscabo. Sin rebajar a la persona, sin pedir que se humille ante ti. El amor es dulce, no amargo, es floreciente no marchita, no acaba, no aniquila, antepone. Se sacrifica siempre por el otro. No es amor aquel que engaña, cela, aturde, disgusta, hiere.

La infidelidad es el enemigo terrible del amor, es el que lo asesina, lo pierde, lo amaga, es la desconfianza, es la perdición. Ama como ama el niño a sus juguetes, las niñas a sus muñecas, como aman los paseos, las diversiones, escuela, a sus compañeros y compañeras. Como aman al cielo, las estrellas, la tierra, al mundo, a los animales. Cuando tu hombre o mujer, sepas amar a tu enemigo, entonces aprenderás a amar como se debe amar, no antes. Cuando aceptes al prójimo con sus defectos, con sus vicios, con sus problemas, con sus enfermedades, sin ningún interés, sin ninguna maldad, entonces estarás aprendiendo a amar.

El amor es fuente de vida, de renacimiento, de esplendor, de alegría y de risa, de salud y de baile. De castañuelas y panderos, de liras, de lunas y de soles, de bosques y de primaveras. El verdadero amor, rejuvenece, conserva, da vitalidad, contagia, perdona, comprende, aconseja, aparta, defiende, y siempre, siempre se entrega poniendo el ejemplo.
El verdadero amor habita en los cielos, comparte con los ángeles, se despoja de sus vestiduras para darlas a otro. El amor es buen consejero, buen padre, buena madre, buen pan, buen vino.

El amor es Dios; imítalo, practícalo, contágialo, cántalo, inclínate ante él que te traerá buenaventura. ¡Nunca la muerte, siempre la vida!

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